11 de junio de 2019
11.06.2019

Derribar en vez de construir

11.06.2019 | 06:11
Joaquín Rábago

No somos los españoles, catalanes, independentistas incluidos -¿y por qué iban a ser diferentes como parecen creerse?-, proclives a los pactos: nos ha gustado siempre más derribar que construir.

Lo estamos viendo por desgracia una vez más estos días con las difíciles negociaciones para la formación de los distintos gobiernos autonómicos y municipales.

Para la triple derecha, la única consigna es echar del poder a los socialistas donde quiera que hayan estado gobernando o impedir que puedan gobernar aunque hayan obtenido en los recientes comicios la mayoría de los votos.

En ese juego participa un partido como Ciudadanos, que se dice de centro y cuyo líder, obsesionado hasta la sinrazón con Cataluña, que ha convertido en monotema de su campaña, no parece hacer ascos ni siquiera a la ultraderecha con tal de tocar poder.

¿Dónde quedaron las promesas iniciales de Albert Rivera de ser implacable con la corrupción e insuflar aire fresco en la viciada política española?

No sólo parece ahora dispuesto a pactar con el partido de todas las corrupciones sino también, allí donde haga falta, con la ultraderecha posfranquista de para impedir que puedan gobernar los socialistas.

¿Cuáles son las propuestas de la triple derecha para resolver el enconado conflicto catalán más allá de aplicar el artículo 155 y meter de una vez en cintura a los independentistas?

Un conflicto cuya descarada explotación política les ayudó a sacar votos en el resto de España a costa de aumentar en todas partes la crispación y los desencuentros.

¿Qué programas tienen los tres partidos para el futuro de Madrid fuera de echar a una alcaldesa que consiguió reducir a la mitad, incluso con los inevitables costes sociales, la multimillonaria deuda que dejaron sus predecesores del PP y haber convertido el centro de la capital en un lugar más vivible?

Un PP que con Alberto Gallardón hizo de Madrid la capital más endeudada de Europa y que, con su correligionaria Ana Botella al frente también de la Alcaldía, incrementó esa deuda en el frustrado intento de organizar los JJOO y se dedicó luego a privatizar y a malvender viviendas protegidas a fondos buitre en un intento de recortar el endeudamiento.

Madrid es sin duda el trofeo más codiciado por esa triple derecha, y para conseguirlo, para impedir que repita la alcaldesa en el ayuntamiento o gobierne en la comunidad el partido del detestado presidente en funciones, todo vale.

¿No es el PP de Madrid, junto al de Valencia, el que más casos de corrupción tiene entre sus ex dirigentes? ¿Qué ha sido de aquellas promesas de Ciudadanos de ser implacable con tan indignos comportamientos?

¿No está contribuyendo el partido de Rivera con el rápido olvido de aquello que prometió a sus electores al desprestigio de la propia política, a reforzar la injusta sensación que tienen muchos ciudadanos de que "todos mienten y todos son iguales"?

Y si hablamos de los otros gobiernos municipales o regionales, ¿dónde ha quedado la autonomía de decisión de los partidos para llegar a acuerdos de futuro si al final todo depende de lo que resuelvan sus direcciones en Madrid?

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