29 de mayo de 2019
29.05.2019

Vuelve el bipartidismo

29.05.2019 | 05:09
Daniel Capó

Los resultados de las elecciones en Baleares nos ofrecen dos triunfadores. El primero, indiscutible, es el PSIB-PSOE, que ha sabido capitalizar los cuatros años de pacto progresista. El segundo, ya más relativo y un punto paradójico, es un Partido Popular que ha obtenido los peores números de su historia. Gana la izquierda -es cierto-, pero vuelve algo parecido a un bipartidismo matizado que tiene más de reivindicación del 78 que lo que podía hacer prever el surgimiento de los nuevos partidos. Gana la izquierda de Francina Armengol y no la de sus satélites -Podem y Més-, a pesar de la visibilidad nacional de los morados y del poder político que han tenido en sus manos los ecosoberanistas con la Presidencia del Consell y la Alcaldía de Palma. Los resultados socialistas eran en cierto modo predecibles, si pensamos en la indudable habilidad de Armengol a la hora de ofrecer estabilidad a un pacto de gobierno que experiencias anteriores había demostrado más bien problemático. Jugaban a su favor las divisiones internas en Podemos y la desmovilización nacionalista tras el TIL. Jugaba también a su favor la decidida recuperación económica del Archipiélago gracias al impulso del turismo y, por supuesto, la sombra de Pedro Sánchez en Madrid auspiciando el retorno -diríamos- del socialismo clásico frente a la atomización de la izquierda. Para el PP, en cambio, era una cuestión de expectativas y un temor: la puesta en duda de su liderazgo sobre la derecha, ya sea desde Cs, el Pi, Vox o la suma de todos ellos. Y eso no se ha confirmado. Al contrario, los populares pueden vender que sus resultados son superiores a lo que pronosticaban las encuestas y que ninguno de los satélites que lo rodean dejan de ser esto, satélites, y no partidos que ocupen el centro. Y aquí una vez más se ha demostrado que la estructura territorial cuenta y que no se improvisa de un día para otro. Con cuatro años por delante, el conservadurismo en las Islas deberá replantear sus estrategias y recomponer sus filas; pero hoy, al contrario de lo que sugería la creciente italianización de la política, el bipartidismo enriquecido vuelve a ser una posibilidad real en la derecha y la izquierda.

El futuro de las Islas pasa ahora, sobre todo, por las manos del PSIB y de Francina Armengol. La lógica indica que, con estos resultados, controlarán las tres grandes instituciones de Mallorca: el Govern, el Consell y Cort. El instinto político de Sánchez parece apuntar hacia el centro -España es, en definitiva, un país mucho más moderado de lo que sostienen sus adversarios- y resulta previsible pensar que la línea del PSOE en Baleares sea la misma: mayor inversión en política social, energética y medioambiental. La auténtica prioridad en toda Europa es reducir la brecha de desigualdad y cuya solución pasa necesariamente por más y mejor empleo, pero también por políticas del bienestar más efectivas. Sin vivienda de alquiler asequible, por ejemplo, no hay desigualdad que se pueda atenuar. Sin programas más potentes de ayuda a las familias -a través de cheques fiscales, libros escolares gratuitos, escoletes 0-3, centros de día y residencias para mayores- tampoco hay forma de disminuir la desigualdad. El reto al que se enfrentará Armengol los próximos cuatro años es quizás mayor que el de la legislatura anterior. Cuatro años son insuficientes para un proyecto de gobierno; con ocho ya es distinto. En este caso, la experiencia adquirida debería servir para impulsar auténticas políticas de Estado.

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