18 de mayo de 2019
18.05.2019
GENTES Y ASUNTOS ESPACIO JURÍDICO

El amigo Luis Pérez

18.05.2019 | 06:25
Luis Ortega

Cuando por varias y distintas vías afectivas conocí su enfermedad, volví al Instituto de la calle Real, un edificio suntuoso que, como tantos otros, fue víctima de la especulación y la piqueta; recuperé los salones convertidos en aulas para cursos de medio centenar de alumnos de distintas edades, la escalera de doble tramo, forja y tea y el fresco patio del recreo. Con su muerte perdí un retazo de niñez y adolescencia y de episódicos encuentros en Santa Cruz, donde residió Luis Pérez Martín (1946-2019), palmero cardinal y hombre bueno y solidario, viudo y padre de cuatro hijos que guardan sus raíces y valores.

Como cualquier párvulo de posguerra aprovechó todas las oportunidades y opuso a las carencias entusiasmo y vocación. En el magisterio del inolvidable Felipe López -la Banda Santa Cecilia y la Academia- desplegó su vocación y fue un clarinetista notable que pagó sus estudios universitarios con los dineros de las tocatas; se graduó en el Conservatorio al tiempo de su licenciatura en La Laguna; luego ejerció la docencia en la que dejó una huella de eficacia y bonhomía que, en la hora del adiós, recordaron sus agradecidos alumnos; en la inspección, que ejerció con pulcritud y bondad, pasó su último tramo laboral.

En la pauta de nuestro Pérez Vidal, investigó sobre la literatura lustral -singularidad española interrumpida por repeticiones ad libitum- y publicó un magro resumen que puso especial énfasis en los carros alegóricos y que, por las miserias locales, no alcanzó la difusión que su esfuerzo merecía.

De profundas inquietudes espirituales, profundizó en la filosofía y la ética de las sociedades secretas y contribuyó -junto a Luis Monterrey y Jerónimo Saavedra- a la restauración de la Logia Abora 87 en Santa Cruz de La Palma, donde se había fundado en el lejano 1874 y donde, tras curiosas vicisitudes, reapareció en 1982, entonces como única organización masónica en Canarias. Falleció como Venerable Maestro, con la estela de un hombre de fe y principios.

Con Hermógenes Martín, que ofició el funeral, compartí la anécdota y su emblemática despedida a los asistentes: "Estando claro el sentimiento, les acompaño en la esperanza", nos dijo.

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