16 de mayo de 2019
16.05.2019
MANUAL DE OBJECIONES

El debate

16.05.2019 | 05:51
Jorge Bethencourt

Ayer hubo un interesantísimo debate político entre los candidatos a la presidencia de la Macarronesia guanche. Conclusiones: Canarias se hunde. Canarias es lo peor de lo peor. Nos ahogamos en el paro y la crisis. Los viejitos están abandonados, los enfermos se mueren en los pasillos de los hospitales, llueven ranas y el mar se ha vuelto rojo sangre. Chacho qué mal va esto, según los candidatos. Aquí solo viven bien cinco familias que tienen miles y miles de millones debajo del colchón -eso dijo alguien- hasta que les asaltemos los chalés para repartirnos la pasta y la cubertería de oro.

El debate me hizo recordar al bastante olvidado Joaquín Garrigues Walker, cuando dijo que si la gente supiera de lo que se habla en los consejos de ministros, ministras y ministres, saldría por patas hacia el aeropuerto más cercano. Escuchando a nuestros hombres y mujeres públicas me dio la impresión de que tenían perfectamente claro que la culpa siempre la tiene el otro y que sabían cómo solucionar los problemas de esta tierra. Excepto, claro, en los sitios en donde gobiernan sus partidos o ellos mismos.

El desentendimiento de nuestros brillantes líderes nos puede parecer dolorosamente nuevo y una consecuencia de estos tiempos que vivimos, con el cambio climático y los chorros de sangre y fuego de Juego de Tronos. Pero no es así. Es tan viejo como España. Tenemos una larga tradición en ese oficio de detestarnos mutuamente desde una isla a la otra, de una región a la otra, de un bando al otro e incluso de un piso al de al lado. Homo hómini lupus, que decían los clásicos heteropatriarcales.

El problema no es que no se entiendan. Es que no se enteran. Manuel Azaña lo clavó, hace casi un siglo, cuando dijo que si en España se callaran todos aquellos que hablan de lo que no saben, se produciría un gran silencio. Ayer nos enteramos de que los que gobiernan lo han hecho fatal. Lo dice la oposición, que donde gobierna también ha sido un desastre para su propia oposición. Pero no nos enteramos de cómo se pueden arreglar las cosas.

Un manía contemporánea es buscar un ganador de los debates, como si fuera un partido de fútbol. Una tarea inútil, porque los fervorosos militantes siempre opinan que su líder político ha estado divino de la muerte aunque la cámara le haya captado sacándose un moco.

Hacer predicciones políticas es un negocio de riesgo. Pero voy a compartir con ustedes un indicio razonable: el próximo Parlamento de Canarias puede ser un desastre de magnitudes estratosféricas. Si Ciudadanos no pacta con nadie -como van anunciando por ahí- existen bastantes posibilidades de que los números para un pacto de gobierno no salgan ni a martillazos. No habrá posibilidad de investidura excepto que se pongan de acuerdo los dos grandes pejeverdes del charco: socialistas y nacionalistas. Pero como no se pueden ni ver, es difícil que se echen el aliento. El verdadero espectáculo no es ahora, va a ser después.

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