Era un momento histórico. Una entelequia que se hizo posible en Canarias reuniendo a un grupo de ciudadanos comprometidos a debatir sobre los verdaderos problemas del Archipiélago en un envite a cinco. El ejemplo para toda España a través de un ejercicio participativo en formato televisivo que aglutinaba a las principales corrientes ideológicas. Las ciudades se hacían más grandes y las plazas se ensanchaban de forma inmensa para vivir la fiesta de la democracia más pura. Quién le iba a decir al empresario, al tendero o al estudiante que el foco mediático lo tendría a su servicio sin necesidad de afiliarse a la exigencia del partido. Tal y como empezó el debate (I), M.Z. explica los bloques y la duración. Con el objetivo de buscar la mayor naturalidad posible no existirá un reparto matemáticamente exacto del tiempo sino que habrá una ruleta que distribuirá las intervenciones de un modo flexible y equilibrado. Al finalizar, cada candidato dispondrá de 60 segundos de exposición. Abre el debate el empresario Rosauro: "Estoy harto de las críticas a la RIC por parte de los podemitas; les molesta trabajar y ser gente de éxito. Se fastidian, porque de la emisión de deuda pública de las administraciones insulares nos beneficiamos los empresarios, ya que podemos amortizar fondos con cargo a la RIC". Joaquín saca una infografía con los datos del paro de los últimos meses y se dirige al público a la espera de obtener un aplauso por respuesta. No surte efecto. Transcurre más de una hora de debate y el respetable comienza a impacientarse: no era lo que esperaban, ni el moderador M.Z., ni tampoco los temas superfluos e irreales. Una fotocopia de los políticos con el y tú más por bandera, sin aportar propuestas ni alternativas. Paquita y María no daban abasto contando las fake news en esa cartilla que usaban para apuntar lo que faltaba en su despensa. La plaza reflejaba el descontento de la ciudadanía en una decadente metáfora de la praxis pública. Mientras seguían con sus soflamas y cantinelas, algo sorprendente iba a ocurrir. Abriéndose paso entre la gente, con educación, pero jaleados por parte del público, entran en escena varias personas que piden a M.Z. que se vaya a pagar sus deudas con los tinerfeños y deje hablar a los legítimos protagonistas de nuestra sociedad. Mauricio, estudiante de periodismo, muestra su indignación por un debate que no aborda la objetividad patria: "Somos la comunidad española con niveles más bajos de equidad educativa y la última en titulados universitarios con trabajo; nos tenemos que ir de nuestra casa mientras ustedes hacen marketing político". Silencio absoluto en un foro donde los que se fueron regresan. Las cámaras de la televisión pública rompen la emisión de la película del oeste para centrar su directo en el debate. Una mujer marcada por la desigualdad de género irrumpe en el simulado plató: "Más de dos horas de debate y el tema de la mujer sigue fuera de sus intereses. Mientras hacemos minutos de silencio, el terrorismo machista sigue haciendo estragos y el techo de cristal es cada vez más significativo. Díganme donde están las mujeres en las estructuras de poder de Canarias". Los aplausos rebaten el sonrojo de los candidatos. "Esto que ven es la radiografía de mi columna, la que lleva sufriendo 25 de trabajo esclavista en los hoteles a la espera de que el Plan Director por un Trabajo Digno 2018-2020 acabe como prometieron con los fraudes laborales en sectores especialmente precarizados como el nuestro, el de las camareras de piso; seguimos esperando a la vez que hacen presentaciones en los hoteles del sur", interviene Gabriela. Un señor desaliñado, pero con dignidad incorruptible, se dirige a los presentes: "Somos más de 300.000 canarios en riesgo de exclusión social, con niños que pasan hambre; sí, aunque les duela, pero los datos están ahí aunque los quieran ocultar. Si no es por el tercer sector y la economía sumergida, no sé qué sería de nosotros". La retórica, la oratoria y la narrativa dieron paso a las certezas. Bernardo coloca la azada al lado del atril y muestra sus manos curtidas por el duro trabajo de la tierra. "Somos los que nunca estamos presentes en los debates; somos los que llevamos la comida a su mesa y sufrimos la progresiva desagrarización del Archipiélago. Perdimos ocho millones para riego agrícola y aquí no pasa nada porque somos los pobres de Europa". Los periódicos abrieron sus ediciones al día siguiente con el mismo titular, que hacía referencia al largo camino que queda por recorrer para hacer creíble el debate de verdad donde se atajen y expongan las auténticas miserias de Canarias. Las crónicas hacían referencia a la intervención de los olvidados y al papel de los anónimos que argumentaron con dureza sus historias en una tierra en la que el sol no brilla igual y la playa no baña con sus aguas cristalinas los sinsabores de un importante sector de la población. El debate final se saldó con una dosis de veracidad que invita al optimismo.

@luisfeblesc