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Juegos Olímpicos

Reconocimiento olímpico a Javier Hernández Cebrián en sus quintos y últimos Juegos

Thomas Bach, presidente del COI, sorprende al deportista isleño en la marina de Marsella

«Le dije que soy de Tenerife y le felicité por la organización», confiesa

Encuentro entre Javier Hernández y Thomas Bach, en Marsella.

Encuentro entre Javier Hernández y Thomas Bach, en Marsella. / M. D.

Manoj Daswani

Manoj Daswani

Marsella

Javier Hernández Cebrián (Santa Cruz de Tenerife, 1983) se llevará para siempre en el recuerdo la escena que vivió ayer en la Marina de Marsella, sede de las competiciones de vela, donde por sorpresa se le acercó Thomas Bach, presidente del COI, con la intención de saludarlo y conocerle personalmente al cierre de sus quintos Juegos. Dos veces clasificado como regatista (Pekín 2008 y Londres 2012)y en tres ocasiones inscrito como entrenador, uno de los isleños más olímpicos ya ha anunciado –lo hizo en una entrevista reciente en EL DÍA– que «estos son los últimos», así que se propone exprimirlos al máximo y hasta el último día de regatas.

El saludo y encuentro con Bach se irá directamente a su particular museo de los recuerdos. «Estaba ya recogiendo después de una jornada muy intensa, observando a los chicos que entreno por si necesitaban algo de ayuda con sus barcos;y al lado nuestro, de repente, un grupo de diez o doce personas, muy numeroso, con mucha seguridad», relata. «Había un montón de gente, abro la vista y de frente me veo al señor Bach, que se para enfrente de mí. No sabía bien lo que ocurría», prosigue Javier.

Me saludó en español: «¡Hola!». Primero se interesó por su presencia en estos Juegos y su extraordinario ejemplo de olimpismo y deportividad, pues Hernández colabora hasta con tres nacionalidades diferentes. «Me dijo que tenía pendiente visitar El Salvador, que nunca había estado», reseñó. «Le respondí entre risas que yo tampoco, que lo tengo pendiente».

La conversación se prolongó por varios minutos en reconocimiento a una trayectoria deportiva brillante y que ahora toca a su fin. «Me cogió un poco de sorpresa hasta que vi que estaba junto a él también el presidente de World Sailing, que sí me conoce. Le dije al señor Bach que yo soy de Tenerife, que soy de Canarias, que de allí había salido y me había hecho deportista. También aproveché para felicitarle por la organización de los Juegos, especialmente por las pruebas de vela; y me respondió que todo el mérito ahí era de los federativos de mi deporte, que habían hecho una gran obra en Marsella», apostilló.

Entonces llegó el momento del detalle para Javier, la insignia del Comité Olímpico Internacional que solo unos pocos tienen; y la felicitación por un trayecto deportivo pluscuamperfecto, que está a punto de tocar a su fin.«Me deseó suerte en el futuro, me dio las gracias y fue una anécdota bonita. Los valores olímpicos a mí me tienen enamorado y fue un colofón emotivo», dice Hernández Cebrián, quien ha decidido guardar sus librillos de vela –ahora ejerce como entrenador– y dedicarse plenamente a la familia. «Cuando ya eres padre, la situación es otra;tienes la necesidad y el deseo de dedicar más tiempo a los tuyos, no estar tanto tiempo fuera», sugiere.

Entrenador y colaborador de tres federaciones de vela en estos Juegos (Montenegro, El Salvador y Santa Lucía), su última experiencia podría redondearse con un premio grande;y es que algunos de sus regatistas están compitiendo en las posiciones de cabeza. «¿Por qué no soñar?», se pregunta en voz alta. Entretanto, asegura que los caprichos del destino le van a permitir cerrar su estadía en Marsella por todo lo alto.

«Teníamos la pena de que España en fútbol acabase segunda de grupo y que se tuviese que ir a Lyon [donde jugó su partido de cuartos] pero ahora lo bueno es que los tendremos aquí el lunes en las semifinales», celebra Bull, como así le conocen; y anuncia que no piensa perdérselo. Buen desempeño de sus atletas, extraordinaria convivencia en la Villa de Marsella, felicidad por sus amigos Botín y Trittel –a los que pudo acompañar en la ceremonia de entrega de medallas– y ahora, un encuentro con Thomas Bach que podrá llevarse como el mejor último recuerdo posible de una trayectoria ejemplar. De amor a los Juegos Olímpicos.

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