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Reajuste

El 'streaming' enfila su largo invierno: recortes de plantilla y producciones canceladas

Las plataformas afrontan la crisis tras el derroche durante la pandemia | "Los días que el marinero borracho gastaba ya han acabado", afirman desde el sector

Netflix obligará a pagar un extra si se quiere compartir la cuenta con otra persona.

Dicen que cuanto más alto subes, más dura será la caída. El 'streaming' lo está viviendo en primera persona. Ejecutivos e inversores se frotaron las manos los últimos dos años ante el crecimiento espectacular de suscriptores que impulsó la pandemia. Pero ahora las tornas están cambiando. Las subidas, efecto directo del confinamiento, han demostrado ser efímeras. Una vez recuperada la normalidad la gente ha buscado otros planes fuera de casa. La delicada situación económica ha hecho el resto, convirtiendo lo que tendría que haber sido un simple reajuste en un problema serio.

Servicios que antes el consumidor percibía como imprescindibles están en el punto de mira de los hogares, que buscan recortar gastos innecesarios para capear una realidad marcada por la inflación descontrolada, la crisis energética y la guerra en Ucrania. Esta misma semana Netflix declaraba su segunda caída en suscriptores en lo que lleva de año (970.000, casi cinco veces más de los que perdió el primer trimestre). Este dato deja claro que la fidelidad del cliente ya no es incondicional. Y sin ella los cimientos de las plataformas se tambalean.

Netflix ha efectuado 500 despidos, muchos de ellos de los departamentos de 'marketing'

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En medio año ha quedado expuesta una de las principales debilidades del modelo de negocio del 'streaming', basado en compensar unos márgenes escasos con un gran crecimiento: es poco sostenible. Las ventajas del 'bajo demanda' frente a la televisión calaron en un cliente cansado de pagar facturas astronómicas y de tolerar publicidad, impulsando una enorme fuga de espectadores al nuevo medio digital.

Ahora son los clientes los que comienzan a abandonar el barco del 'streaming' y su sustento está comprometido. Wall Street tiene mucho que ver en esta situación. Durante años premió con buenas cotizaciones bursátiles las cifras de suscriptores, ignorando incluso que muchas plataformas gastaban más de lo que ingresaban. Las inversiones multimillonarias en contenido original, la expansión mundial y las contrataciones de personal a precios astronómicos han creado un problema de tesorería. Con menos clientes pagando mes a mes la pregunta parece inevitable: ¿quién va a pagar esta fiesta?

El 'streaming' se ha visto obligado a moderar su optimismo de antaño. Mantener suscrita a una persona los 12 meses del año es harto difícil, expandirse a otros países es cada vez menos rentable dada la saturación de servicios y ni un presupuesto con muchos ceros o una propiedad intelectual de renombre son garantía de nada. 

Las primeras medidas para ponerle remedio no destacan especialmente por su popularidad. Netflix es la primera plataforma que obligará a pagar un extra si se quiere compartir la cuenta con otra persona. También prepara un servicio complementario al actual, que costará menos, pero obligará a "tolerar" algo de publicidad.

HBO paraliza su inversión en Europa

En paralelo a estas iniciativas, dirigidas a aumentar beneficios, las plataformas han comenzado a apretarse el cinturón para frenar el ritmo del gasto. La reducción de plantilla, una de las primeras medidas cuando planea el fantasma de la desaceleración, ya se ha cobrado casi 500 puestos de trabajo en Netflix, muchos de ellos de los departamentos de marketing. Y no se descarta que los recortes lleguen a otras empresas del sector. La austeridad también ha llegado a la inversión en producción de contenido original. La compañía de Los Gatos ha anunciado que mantendrá el gasto anual previsto para 2022 (17.000 millones de euros) durante los próximos dos años, un frenazo tras siete años con incrementos considerables.

Un director cobra un 80% menos. Según Bloomberg, quienes antes se embolsaban 4 millones al año, ahora se quedan en 750.000

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Otros han optado por decisiones más drásticas. Es el caso de HBO Max, que hace poco anunciaba que suspenderá gran parte de sus planes de producción original para Europa. España, de momento, no se verá afectada por la medida, aunque no se descarta que a medio plazo acabe teniendo una política de inversión más conservadora. 

Los analistas del sector son bastante pesimistas y piden a las compañías que reflexionen sobre cuánto están dispuestas a invertir a costa de ganar cuota de mercado perdiendo dinero. Sobre todo, teniendo en cuenta que el usuario ha dejado claro que no le va a temblar la mano a la hora de crear el grifo.

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