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Planes

De la pulguita al brunch: así se desayuna en Santa Cruz de Tenerife

Bares de barra, obradores artesanales, cafés de especialidad y hoteles que abren sus desayunos al público local dibujan la nueva oferta de la capital tinerfeña

Surtido de 100% Hojaldre.

Surtido de 100% Hojaldre. / E.D.

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Paula Vera

Paula Vera

Santa Cruz de Tenerife

En Santa Cruz de Tenerife, el desayuno ya no responde a una sola escena. Puede girar en torno a una pulguita rápida antes de entrar a trabajar, un bocadillo de pollo en una barra con años de oficio, una tostada de pan de masa madre o un desayuno de domingo en la terraza de un hotel. La capital mantiene intacta esa cultura de café y barra que forma parte de la vida diaria, pero a su alrededor han ido creciendo otras maneras de empezar la mañana, más artesanales, más cuidadas y convertidas ya en plan gastronómico.

No se trata de sustituir unas cosas por otras. La pulguita no ha perdido su sitio frente al brunch, ni el barraquito frente al café de especialidad. Más bien conviven. Y en esa mezcla se puede leer una ciudad que sigue desayunando con prisa muchas mañanas, pero que también ha encontrado nuevas formas de sentarse a la mesa cuando el día lo permite.

La barra

Antes de hablar de nuevas tendencias, conviene mirar a la barra. En Tenerife, la pulguita sigue siendo una institución cotidiana. Pequeña, directa y capaz de resolver una mañana con muy poco. De pollo, de pata, de tortilla, de lomo, de queso o de lo que mande la vitrina, forma parte de ese desayuno que se pide casi por inercia, muchas veces sin necesidad de consultar la carta. A su lado, el café, el cortado o el barraquito completan una escena que pertenece tanto a la rutina como a la memoria.

Sándwich del Viva María.

Sándwich del Viva María. / E.D.

En esa cultura entran Bar Imperial, uno de esos nombres reconocibles de Las Ramblas, y Viva María, la zumería de toda la vida de la calle Suárez Guerra. El valor de estos locales está en representar una forma de desayunar que todavía funciona. Mostrador, movimiento, clientela fiel y ese ritmo de bar de los de siempre. Aquí el desayuno se entiende desde lo directo: café, barraquito, jugo natural, pulguita o bocadillo, sin más artificio que servir bien lo que se lleva años haciendo.

Desde otro lugar, más de barrio y fuera del centro, Bar Cuatro Caminos, en El Tablero, permite ampliar la mirada. Aquí el desayuno responde a una lógica más popular, donde siguen destacando el barraquito de toda la vida, los bocadillos, el trato cercano y esa frontera natural entre el desayuno, el tentempié y la comida casera. Porque no todo ocurre en el centro ni en locales diseñados para ser fotografiados. También ahí, en los bares de barrio, se sostiene buena parte de la cultura gastronómica diaria.

El pan

En paralelo, el pan ha recuperado importancia. Durante años fue un acompañamiento casi invisible. Hoy, en cambio, hay quienes se desplazan solo para comprar una hogaza concreta o probar una bollería de un obrador específico. 

Ese cambio se entiende bien en Rustiko, obrador artesanal de Santa Cruz que ha construido su identidad alrededor de la masa madre, las fermentaciones largas y una forma de hacer pan sin atajos. Su propuesta conecta con una tendencia cada vez más asentada: mirar el pan como producto con valor propio. En sus panes y bollerías hay una defensa clara del oficio, de los procesos bien hechos y de los ingredientes escogidos con criterio.

Pan de Rústiko.

Pan de Rústiko. / E.D.

También Obrador MM, junto al entorno del Mercado de África, suma otra forma de entender este movimiento. Pan de masa madre, bollería artesana, harinas ecológicas molidas a piedra y café de especialidad se cruzan en una zona de la ciudad marcada por la vida de mercado, los recados de primera hora y el tránsito constante. Su ubicación encaja con ese ritmo urbano de parar, tomar algo rápido y seguir.

En esa misma línea, aunque con peso propio en la bollería, aparece 100% Hojaldre. Aquí el hojaldre es el motivo de la visita. Ya no se trata solo de acompañar el café con algo dulce, sino de buscar ese cruasán, una pieza salada o una elaboración concreta. El desayuno se acerca al oficio pastelero y al valor de una masa bien trabajada, de esas que justifican la parada por sí solas.

El café

Otra transformación evidente está en la manera de mirar el café. Santa Cruz sigue siendo ciudad de cortado, café con leche y barraquito, pero el café de especialidad ha abierto una conversación distinta marcada por el origen, el tueste y el método.

Finde Café representa bien esa escena. Su propuesta se mueve entre el café cuidado, los desayunos más largos, las tostadas y los platos salados. Es uno de esos lugares donde el desayuno empieza a acercarse al terreno del brunch y donde la experiencia del local importa tanto como lo que llega al plato.

Variedad de Finde Café.

Variedad de Finde Café. / E.D.

En esta misma línea seguimos con Auyama Café y su propuesta vinculada al real food, con opciones veganas y sin gluten, bowls, tortitas, bebidas vegetales y desayunos pensados desde otros hábitos de consumo.

La presencia de estos locales habla de una demanda cada vez más diversa. Hay quienes siguen buscando una pulguita y un barraquito, y hay quienes prefieren unos huevos, un smoothie, bebidas vegetales o cafés de origen. El desayuno deja de ser una oferta única y empieza a parecerse más a quien lo pide.

Los hoteles

La última parte de este recorrido está en los hoteles. Durante mucho tiempo, el desayuno de hotel parecía reservado casi exclusivamente al huésped. Ahora, cada vez más, se abre al residente y se convierte en plan de fin de semana.

Un ejemplo reciente lo dio Free Heart, propietarias de la histórica Princesa, en La Laguna, con su desayuno en altura en la terraza del Hotel Plaza, con motivo de la celebración de su 15.º aniversario. Fue su primer desayuno de este tipo, cocinando en directo para todos los asistentes. Lo plantearon como un menú de domingo para brindar y pasarlo bien. Además, la idea no parece quedarse como una cita aislada, ya que han trasladado la intención de seguir repitiendo este formato próximamente.

También el Barceló Santa Cruz Contemporáneo ha trabajado esta línea con su Jazz Brunch, una propuesta dominical que une buffet dulce y salado, música en directo y ambiente urbano. El hotel se convierte así en algo más que un lugar de paso para visitantes y empieza a funcionar también como espacio abierto a la ciudad.

Desayuno en el Mencey.

Desayuno en el Mencey. / E.D.

En una clave más vinculada al bienestar, el Iberostar Heritage Grand Mencey propone una fórmula que combina brunch y spa, acercando el desayuno a la idea de escapada sin salir de Santa Cruz. Una mañana pensada para desconectar, comer bien y disfrutar del hotel.

Al final, Santa Cruz de Tenerife desayuna de muchas maneras, porque también la ciudad se vive de muchas formas. En sus barras, obradores, cafeterías y hoteles se cruzan las costumbres, el oficio y las nuevas tendencias. Y quizá ahí esté lo interesante: en todas esas mesas se dibuja una capital que conserva su ritmo cotidiano, pero que también ha encontrado nuevas razones para sentarse y empezar el día con algo rico delante.

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