El Enófilo
The Wine Edition: así se vivió desde dentro
Caminar por los pabellones de Ifema durante Madrid Fusión es asumir, desde el primer minuto, que la gastronomía ya no se entiende como un hecho aislado

Presentación de The Wine Edition, Wines from Spain. Madrid Fusión. / Madrid Fusión

Es un sistema vivo, interconectado, donde cocina, producto, técnica, relato y experiencia se cruzan constantemente. Este año, tras recorrer Madrid Fusión 2026, tuve la clara sensación de que el vino ha dejado definitivamente de ocupar un segundo plano. No acompaña: dialoga, provoca y lidera. Y buena parte de esa transformación se percibió con nitidez en The Wine Edition, Wines from Spain.
Madrid Fusión volvió a demostrar por qué es mucho más que un congreso. Es un termómetro del momento que vive la gastronomía global y, al mismo tiempo, una brújula que señala hacia dónde se dirige. Entre cocinas abiertas, auditorios llenos y conversaciones improvisadas entre profesionales de todo el mundo, el vino se integró como una herramienta cultural, sensorial y económica de primer orden. Ya no se habla solo de variedades o añadas: se habla de territorio, sostenibilidad, tecnología, identidad y emoción.
Una experiencia, no un escaparate
Entrar en The Wine Edition fue hacerlo en un espacio pensado para detenerse. Aquí el ritmo cambia. Las copas no se levantan con prisa y las conversaciones se alargan. No se trata de acumular referencias, sino de entenderlas. El vino se presenta como una experiencia completa, en diálogo constante con la cocina y con quien lo prueba.

Vinos de Tenerife en la Sala de Catas de The Wine Edition. / Madrid Fusión
Uno de los grandes aciertos de esta edición fue su carácter abierto. Las sesiones, lejos de ser herméticas, invitaron a escuchar, preguntar y participar. Se respiraba una voluntad clara de acercar el vino sin simplificarlo, de hacerlo comprensible sin perder profundidad. Un equilibrio complejo, pero necesario si el sector quiere seguir creciendo y conectando con nuevas generaciones de consumidores.
La zona de degustación fue especialmente reveladora. No era un espacio de exhibición estática, sino un lugar donde el vino se explicaba a través del producto, del maridaje, del contexto. Cada copa encontraba sentido cuando se enfrentaba a un ingrediente, a una elaboración o a una historia concreta.
Tradición que mira hacia delante
Uno de los grandes discursos que atravesó la feria fue el de la tradición entendida como base, no como ancla. Se habló de viñedos históricos, de suelos singulares y de familias que llevan generaciones trabajando la tierra, pero siempre desde una mirada contemporánea. El respeto por el origen no está reñido con la innovación, al contrario, es su mejor aliado.

Una de las catas magistrales con Luis Gutiérrez. / Madrid Fusión
Se abordaron vinos nacidos en paisajes extremos, elaboraciones que buscan expresar el suelo más que la técnica y proyectos que reivindican variedades locales como elemento diferencial en un mercado globalizado. En ese contexto, el vino español mostró una madurez notable: ya no necesita compararse constantemente con otros modelos. Ha aprendido a escucharse y a contarse desde su propia voz.
Especialmente inspiradoras fueron las reflexiones sobre cómo la tecnología, incluida la inteligencia artificial, puede ayudar a comprender mejor el viñedo, anticipar comportamientos o afinar decisiones, sin sustituir nunca la intuición ni el conocimiento humano. El mensaje fue claro: innovar no es deshumanizar, es ampliar herramientas.
Vino, cocina y emoción
Si algo quedó claro durante mi paso por la feria es que el vino ha encontrado en la gastronomía contemporánea a su mejor aliado. No como elemento decorativo de la mesa, sino como parte activa del discurso culinario. Cocineros y sumilleres compartieron escenario para reflexionar sobre cómo construir experiencias coherentes, donde cada sorbo tenga sentido dentro del relato del plato.

Cata a ciegas protagonizada por grandes chefs. / Madrid Fusión
El vino se entendió como emoción, como memoria líquida. Como algo capaz de activar recuerdos, provocar silencios o generar conversaciones inesperadas. Esa dimensión emocional, a menudo olvidada en los análisis técnicos, fue una de las grandes protagonistas de esta edición.
Incluso el cierre del programa tuvo un componente simbólico: música, vino y celebración compartiendo espacio. Porque el vino también es eso: cultura popular, disfrute colectivo y lenguaje común.
Un sector que se pregunta
Más allá del entusiasmo, The Wine Edition fue también un espacio para la autocrítica. Se habló del reto de comunicar mejor, de conectar con consumidores que no se sienten interpelados por discursos excesivamente técnicos y de la necesidad de generar valor más allá del precio. El vino español exporta mucho, pero el gran desafío sigue siendo contar mejor quiénes somos y por qué nuestros vinos importan.
Escuchar estas reflexiones en un foro internacional refuerza la idea de que el camino no pasa solo por producir bien, que se hace, sino por construir relatos honestos, coherentes y emocionales.
El vino en el centro
Salí de Madrid Fusión con la sensación de que el vino ha recuperado un lugar que nunca debió perder. No como complemento, sino como eje vertebrador de la experiencia gastronómica. The Wine Edition, Wines from Spain fue una declaración de intenciones: el vino español quiere ser entendido, sentido y compartido.
Para quienes vivimos el vino desde la curiosidad y la emoción, este encuentro fue un recordatorio poderoso de por qué seguimos levantando la copa: no solo para beber, sino para comprender el mundo que hay detrás.
Recuerda que si quieres compartir conmigo tus proyectos, bodegas o vinos siempre puedes escribirme a mulchandchanrai@gmail.com o a través de @thefoodtagram.
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