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Restaurantes

Sague: un delicioso secreto en Tegueste

Ubicado en una acogedora casa del siglo XVIII, este pequeño restaurante despunta a base de buen producto y un ambiente íntimo

Entrada al restaurante Sague.

Entrada al restaurante Sague. / Jose Luis Reina

Jose Luis Reina

Jose Luis Reina

Tegueste

La entrada a la casa donde se ubica el restaurante Sague, en Tegueste, adelanta muchas cosas. La primera es que se ha puesto a punto con mucho gusto, transmitiendo una sensación de asistir a una pequeña tasca con un encanto muy particular. Está en una calle poco transitada, por lo que todos los caminos, a no ser que sea vecino de esta zona, llevan ahí. Otra de las cosas que llama la atención es el número de mesas, pocas teniendo en cuenta que podrían ubicar más.

Esto es una pista de lo que luego pude comprobar probando sus platos, aquí prefieren poco y muy bueno. El ambiente es relajado, íntimo. Bien en la terraza de acceso o bien en el salón interior, el comensal parece invitado a la casa familiar de los anfitriones, que le ofrecen todas las comodidades necesarias. Uno de estos espacios, de paredes de piedra, es una especie de santuario donde se ubican las botellas de vino que ofrece la casa.

Uno de los espacios de Sague.

Uno de los espacios de Sague. / Jose Luis Reina

Hay una buena representación de canarios, también nacionales e internacionales. No grande, pero sí interesante. Elegimos Los Grillos, de La Palma, tras no tener suerte con las primeras elecciones, también canarias, pues ya habían dejado el estante vacío. No acompañó mal el vino de Fuencaliente (Llanos Negros), que se bebe muy fácil debido a su suavidad y ligereza, cuyo final siempre invita a seguir tomándolo. Además, maridó muy bien todos los platos, sin duda el verdadero fuerte de Sague, cuyo nombre es la combinación de los apellidos del cocinero (Rubén Santos) y de la encargada de la sala (Pili Guerra).

Los Grillos, de La Palma.

Los Grillos, de La Palma. / Jose Luis Reina

Ella fue la responsable de atendernos de manera tan cercana y manejando los ritmos a la perfección, además de atender la petición de mesa con muy poca antelación. Las personas que disfrutan del noble oficio de la sala transmiten esa energía tan necesaria al comensal, vital para una buena experiencia. Qué desagradable es, sin duda, cuando el encargado de atender tu mesa detesta lo que hace, porque es capaz de arruinar grandes platos.

Un picoteo

Tostas con anchoas.

Tostas con anchoas. / Jose Luis Reina

Comenzamos con unas tostas de anchoas sobre un sofrito, deliciosas. La combinación de ambos sabores tiene buen resultado, algo en lo que el pan que las acomoda tiene mucho que ver. Es un buen punto de partida en una carta realmente apetecible, con varias sugerencias fuera de ella. Al cocinero anfitrión le gusta hacer platos de cuchara, amén de su oferta; jugar con los productos de temporada o seleccionar aquellos de indudable calidad, como la carne de El Capricho, ese paraíso cárnico de José Gordón en León, con la que Rubén Santos elabora las sublimes albóndigas en Sague, de sabor intenso y cocción perfecta.

No se quedó atrás en cuanto a nivel el arroz con calamar. Un plato con el que el cocinero demuestra que no solo tiene talento para ofrecer un menú tan atractivo, sino que sabe ejecutar los platos a un altísimo nivel. Fue un gran acierto. Esta pequeña introducción a Sague me sirvió para confirmar lo que ya algunos me habían adelantado: estamos ante una propuesta de enorme valor, con un concepto ahora en auge, es decir, el de esos pequeños restaurantes familiares gestionados por un par de personas que ofrecen una experiencia cercana e íntima, alejada del ruido y el caos de la multitud.

Arroz con calamar.

Arroz con calamar. / Jose Luis Reina

La tarta de queso de postre, que la elabora una repostera externa y que lo hace de maravilla, cerró un placentero picoteo en un sitio al que hay que volver con cierta frecuencia, para disfrutar de las temporadas y de las cocciones, también para tomarse un buen vino o disfrutar de un almuerzo especial. Imagino que la sala de noche cambiará radicalmente, por lo que una cena romántica ahí no fallará. Un único pero: el café es de cápsula, algo que desentona teniendo en cuenta el nivel de la comida. Un buen café sería el mejor final.

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