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Restaurantes

Buena comida popular a un precio irrisorio en un campo de tiro en Tenerife

Entre tantos falsos guachinches carentes de sensibilidad y calidad, este salón rural es una opción perfecta para comer bien y pagar poco

Uno de los rincones del salón del restaurante.

Uno de los rincones del salón del restaurante. / Jose Luis Reina

Jose Luis Reina

Jose Luis Reina

El Sauzal

Era uno de esos domingos donde uno se plantea, fundamentalmente, dos grandes cuestiones: manta y sofá o escaldón de gofio y garbanzas. Placentero dilema, dirán algunos. Suele ganar una combinación híbrida de ambas opciones, es decir, el escaldón primero y el sofá y manta después. Lluvioso y frío, ideal para un puchero, los caminos llevaron hasta Ravelo, en El Sauzal, donde hay dos opciones para disfrutar de este plato: El Canario y el restaurante del Campo de Tiro Ravelo.

Creíamos, ilusos nosotros, que tendríamos más opciones del puchero si íbamos a la segunda opción, pues dábamos por hecho que El Canario ya estaría abarrotado y con overbooking. No son pocos los años que lleva ese restaurante ofreciendo el icónico plato con una regularidad admirable. Así pues, el campo de tiro, que cuenta con un solvente restaurante de comida popular, se convirtió en la principal opción.

Garbanzas.

Garbanzas. / Jose Luis Reina / v

A medida que ascendíamos hasta el lugar, la espesa niebla y el descenso de las temperaturas hacía las delicias de los futuros comensales. El destino ya justificaba descartar, por ahora, el plan del sofá, manta y Netflix, y el cuerpo se animaba cada vez más saboreando futuros platos. Un buen escaldón de gofio, unas garbanzas, unas cuartas de vino... y ese puchero deseado. El sonido de los disparos nos dejó claro que ya habíamos llegado, y la cola de personas aguardando que cantaran su número para ir a la mesa nos confirmó que ese plan ya se le había ocurrido a mucha gente antes que a nosotros.

¿Queda puchero?

El ritmo en el restaurante es frenético. Todos los salones llenos y una multitud esperaba paciente su gran momento para entrar a cazar buenos platos. El ambiente es auténtico, rural, repleto de detalles relacionados con la práctica del tiro. La cocina, abierta, no para. Y los olores que de ahí salen adelantan que tanta gente no puede estar equivocada. Tras esperar un buen rato, no sin vino y un poco de queso en la barra, al fin la camarera cantó nuestro número. Por ese entonces yo ya era pesimista con respecto al puchero, me temía lo que luego me confirmaron, con el tono de las malas noticias, que por mucho que uno las espere no dejan de ser malas. El puchero ya era un lejano recuerdo cuya última ración había salido hacía unos treinta minutos.

Escaldón.

Escaldón. / Jose Luis Reina

Una vez encajado el golpe, pues dicen que aquí se come el mejor puchero de Tenerife, seguimos las recomendaciones del personal, y al escaldón de gofio y las garbanzas le sumamos una parrillada de salchichas, chistorras y morcilla y un plato de conejo frito. Las cuatro opciones fueron un acierto rotundo, especialmente las garbanzas y el conejo frito, un plato sabroso, estelar. Jugoso por dentro, crujiente por fuera. El aceite de la fritura no estaba pasado y las papas fritas, en su justa medida y bien preparadas. El mojo rojo del escaldón (que afortunadamente ponen aparte) estaba fantástico, un milagro. Pues encontrar buenos mojos se ha convertido en una misión casi imposible.

Conejo frito.

Conejo frito. / Jose Luis Reina

Raciones generosas, a pesar de pedir media en algunos platos, vino para acompañar, postre... y todo por menos de veinte euros la cabeza. Parece una broma, pero es una agradable realidad. Sobre todo porque lo que ofrecen está bien elaborado, fresco e ideal para un domingo diferente. Aquí no hay kilos y kilos de papas fritas en cada plato, tampoco mojos de mentira ni vino de ese con nombre de número que es infumable. En este campo de tiro hay un restaurante honesto, que cocina muy bien y con gran éxito. Van quedando menos sitios como este lugar. Pagué un poco más por estos cuatro platos, con vino y postre que por un perrito caliente en uno de esos lugares modernos con temática americana, donde me cobraron quince euros por la salchicha y el pan con un montón de cosas por encima. Un horror.

Me recomendaron, para la próxima vez, llamar y reservar el puchero con antelación o presentarme allí sobre las 12.30 horas si quiero llegar a tiempo. Imgino que entre semana será diferente, pero el puchero es como los arroces de domingo, apetecen cuando apetecen. Comprobando la buena mano que tienen para cocinar, estoy seguro de que lo harán perfecto. Y es uno de mis platos innegociables. Así que como podrá imaginar, ya reservé mi dosis para este domingo. Ojalá la lluvia y el frío me vuelvan a acompañar hasta Ravelo.

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