El Enófilo
Taberna La Tana: el templo del vino de Granada
Desde El Enófilo volvemos con los templos del vino más interesantes de la geografía española

Fachada de la taberna, en el centro de Granada. / Mulchand Chanrai

La Taberna La Tana, escondida en las callejuelas del histórico barrio del Realejo granadino, es mucho más que un bar de tapas al uso. Desde que abrió sus puertas en 1993 como un modesto negocio familiar, este local se ha consagrado con los años como un auténtico templo venerado por los amantes del vino. Sus paredes forradas de madera oscurecida por el tiempo, la tenue iluminación y las estanterías rebosantes de botellas crean un ambiente mágico que invita a detener el tiempo y disfrutar. Al cruzar el umbral, el visitante percibe de inmediato el aroma a vino impregnando el aire y la sensación de haber entrado en un santuario vinícola cargado de historia.
La Tana fue fundada por Ana Martín, madre de Jesús González, en 1993. Con los años, su hijo tomó el relevo y elevó la taberna a la categoría de leyenda local. Tras más de tres décadas de trayectoria, La Tana goza de plena vitalidad y atiende a generaciones de clientes fieles. Su reputación ha trascendido fronteras: ha aparecido en guías internacionales de viaje y gastronomía, y en 2020 fue nombrada Mejor Bar de Vinos de España en el prestigioso certamen International Wine Challenge. Este reconocimiento confirmó su excelencia ante el mundo sin que el local perdiera su esencia castiza. Hoy, este rincón granadino atrae a visitantes de todas partes deseosos de vivir la experiencia única que ofrece.

Nuestra mesa en la taberna preparada para la ocasión. / Mulchand Chanrai
Jesús González, el guardián de La Tana
El alma de este templo enológico es Jesús González, sumiller y propietario que literalmente ha crecido entre las botellas de la taberna. Curiosamente, no siempre fue un experto en vinos: se adentró en este mundo casi por accidente, movido por el afán de superación. De joven trabajaba en la cocina, pero pronto pasó a ayudar en la taberna familiar y se encontró con clientes entendidos a los que no sabía responder. Impulsado por el coraje de vencer su desconocimiento, decidió formarse en vinos, apuntándose a cursos de sumiller y catando todo lo que podía.
Con el tiempo, aquel camarero inexperto se convirtió en un sumiller titulado y apasionado. Hoy Jesús preside la Asociación de Sumilleres de Granada y ha recibido reconocimientos por su labor, llegando a ser finalista de premios nacionales que valoran el servicio del vino en restauración. Él mismo define el vino como su forma de vida, su pasión y su mundo, y esa devoción se palpa en cada rincón.
Gracias a su liderazgo cercano, La Tana no solo sirve vino, sino que lo vive y lo comparte. Más que un camarero, es un narrador de historias del vino que contagia entusiasmo a quien le escuche.
Pasión enológica en cada copa
La Tana es un santuario para los amantes del vino, donde la bebida es la protagonista indiscutible. A diferencia de la típica taberna granadina donde la tapa gratuita acompaña cada ronda, aquí todo gira en torno a la copa perfecta. La carta de vinos impresiona tanto a novatos como a expertos: en su bodega descansan cerca de dos mil etiquetas diferentes, desde vinos locales de Granada hasta joyas legendarias de Burdeos o La Rioja. Además, alrededor de ochenta de esas referencias se ofrecen por copas, permitiendo al visitante emprender un viaje enológico variado sin tener que comprometerse a una botella entera.

Botellas míticas de La Tana. / Mulchand Chanrai
La selección es tan extensa como cuidada. Jesús y su equipo se enorgullecen de incluir vinos singulares y difíciles de encontrar: no faltan generosos andaluces de larguísima crianza (como exclusivos vinos de Jerez V.O.R.S.), champanes de pequeños productores independientes, tintos internacionales de culto ni vinos naturales de bodegas emergentes. Cada botella parece guardar una historia, y el personal está siempre dispuesto a compartirla con el cliente curioso: ya sea la anécdota de una cosecha histórica, el perfil de sabor de una uva autóctona o las vivencias de una bodega familiar.
Para acompañar el brindis, la casa ofrece una selección de tapas y raciones sencillas pero de calidad excepcional. De la diminuta cocina salen tablas de embutidos ibéricos, quesos artesanales, conservas gourmet, tomates aliñados y otros bocados tradicionales que realzan los vinos en lugar de robarles protagonismo. Aquí la tapa no es un mero trámite, sino parte del cuidado equilibrio de sabores que distingue a La Tana. Esta filosofía, distinta a la de la mayoría de bares granadinos, ha creado un público leal que prefiere la calidad sobre la cantidad y aprecia el esmero con que se hace cada recomendación.
Más allá de La Tana: La pasión se expande
La influencia de Jesús en la escena gastronómica local no se limita a su taberna. Su pasión ha dado vida a otros establecimientos donde el vino sigue siendo protagonista, extendiendo su filosofía enológica a nuevos contextos.
Un ejemplo destacado es el Asador de La Reina, abierto en La Zubia (a las afueras de Granada), que se ha posicionado como un verdadero templo de la carne. Ubicado en una antigua casona con encanto rústico, este asador está capitaneado en cocina por el maestro parrillero Sergio Lara (tres veces finalista del Concurso Nacional de Parrilla). Pero en la bodega, el mando es de él mismo. Fiel a su estilo, ha dotado al asador de una carta de vinos extraordinaria, a la altura de sus espectaculares cortes de carne a la brasa.

Uno de los asados del Asador de la Reina en Granada. / Mulchand Chanrai
También en el centro de Granada, en el mismo barrio del Realejo, impulsó en 2013 la creación de La Botillería. Lo que empezó casi como un juego entre amigos hosteleros pronto tomó forma de restaurante-bar de éxito. La Botillería destaca por su cocina creativa y sorprendente: aquí se atreven a reinterpretar recetas tradicionales con giros modernos.
La Taberna La Tana, no obstante, sigue siendo el buque insignia de esta pequeña familia de templos gastronómicos. Allí es donde comenzó todo y donde día tras día Jesús González reafirma su vocación: hacer de cada botella una experiencia y de cada cliente un amigo. En Granada, gracias a su labor, el vino tiene su casa, su altar y su fiel sumo sacerdote.
No dejen de disfrutar de los templos del vino que les presento en El Enófilo y recuerden que si quieren compartir conmigo sus proyectos, bodegas o vinos siempre pueden escribirme a mulchandchanrai@gmail.com o a través de @thefoodtagram.
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