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Vinos y vinilos: así es Winelight, el nuevo wine bar de La Laguna
El proyecto revive un local clásico con una carta breve, música en formato analógico y una selección de vinos en constante rotación

Interior del local gestionado por Roberto Poleo. / Eduardo Gorostiza

Winelight es la nueva apuesta de Roberto Poleo y Sergio González, las mentes detrás de The Roots Restaurante en La Esperanza, junto a Kevin García, quien se sumó desde el primer momento con total confianza en la propuesta. Los tres comparten una forma similar de entender la hostelería y la intención de crear un espacio distinto a lo que ya conocían. Como explica Roberto Poleo: «Queríamos unir lo que sabíamos del vino con algo que también forma parte de nosotros: la música».
La idea llevaba más de dos años rondando en la cabeza del equipo, pero no se materializó antes porque no encontraban un local en La Laguna —ciudad con la que mantienen una relación especial— que reuniera las condiciones que buscaban: terraza, aforo adecuado, una barra larga y un buen espacio de almacenaje. Desde el principio tuvieron claro que querían hacer sonar música en vinilo y ser un wine bar, no una vinoteca.

Roberto Poleo. / Eduardo Gorostiza
Cuando apareció la oportunidad del antiguo bar San Agustín, en la Plaza Junta Suprema, no lo dudaron: «Nos enteramos de que lo estaban traspasando y para nosotros fue alucinante; era el lugar perfecto para Winelight». La ubicación, la terraza y la distribución encajaban con lo que tenían en mente: una zona céntrica, pero no en pleno bullicio; un concepto más discreto y tranquilo, donde poder «tomar vinos con calma en un ambiente ideal».
El amor que el equipo siente por la música dio forma al nombre del establecimiento. Winelight es el álbum de estudio de Grover Washington Jr. y una obra clásica del jazz con temas que ya forman parte de la historia del género. «Queríamos darle al bar un pequeño toque elegante, musical y vinícola», cuenta Roberto Poleo. Para ellos, el título y el estilo de este álbum representa justo lo que buscan transmitir: una mezcla natural entre el vino y la música. De esa misma idea surge la decisión de trabajar con vinilos, recuperando una estética retro y la dedicación de seleccionar qué artistas y estilos suenan en cada momento según el ambiente del local.

Los vinilos forman parte de la identidad del local. / Eduardo Gorostiza
Un espacio que gira en torno a la barra
Winelight no es una vinoteca; se concibe como un wine bar donde la barra es el centro de todo. Es la protagonista y el lugar desde el que se desarrolla la experiencia: buen ambiente, probar nuevas referencias, disfrutar del tapeo y dejarse llevar por la música. El establecimiento mantiene parte de la esencia del antiguo San Agustín, pero la estética ha cambiado por completo. Los tonos rojizos, negros y grises crean un ambiente que evoca la sensación de sumergirse en el interior de una gran botella de vino, mientras que la decoración con motivos musicales y una guitarra presidiendo la sala cierran el círculo del concepto. Una estética que no es casual, sino parte de la propuesta.

Terraza del local, en la calle San Agustín. / Eduardo Gorostiza
No hay mesas convencionales, salvo una pequeña zona a modo de reservado. La cabina de DJ, ubicada en la barra principal, es uno de los elementos más destacados: preside el espacio con una colección de vinilos cuyo volumen superaría las expectativas de muchos.
Nada más entrar en Winelight, la mirada se dirige a la cava acristalada que recibe al cliente en el fondo del local. Dentro se guardan las más de 130 referencias que tienen en carta, además de otras fuera de carta pensadas para quienes disfrutan probando novedades. Aquí, «el protagonista es el vino», afirma Roberto Poleo, y la oferta lo demuestra: una selección por copas con 15 opciones en rotación constante —canarios, nacionales e internacionales— que cambian según la temporada, la disponibilidad y las ganas de sorprender.
Una selección cuidada y una carta pensada para compartir
La apuesta por los productores del Archipiélago es coherente con la filosofía del equipo. «Somos 100 % defensores del vino canario», asegura Roberto Poleo, que prioriza la calidad y los proyectos pequeños y curiosos a la hora de seleccionarlos. También se inclinan por bodegas que conocen personalmente, valorando tanto el trabajo que hay detrás como la forma en la que elaboran los vinos. La idea es ofrecer referencias que no se encuentren en supermercados y que mantengan una identidad clara.

También ofertan una cuidada selección de platos. / Eduardo Gorostiza
En la parte nacional e internacional buscan diferenciarse. Optan por bodegas escondidas, variedades poco vistas en la isla y estilos que aporten diversidad, sin dejar de lado los vinos clásicos de alto nivel: «Tenemos en cuenta ofrecer muchas opciones que gusten a la gente, por supuesto, pero que les saquen de lo típico».
La propuesta gastronómica sigue esa misma lógica. Diseñada junto a Sergio González, apuesta por tapas reconocibles a las que han dado un toque canario. «Considero que es una carta estupenda para tapear, curiosa y muy buena para jugar con maridajes y diferentes opciones de vinos», añade Roberto Poleo. El resultado es una oferta pensada para compartir, breve e ideal para acompañar la oferta líquida sin condicionar la experiencia.
Un proyecto con visión
Al pensar en qué puede aportar Winelight a la escena gastronómica y cultural de La Laguna, Roberto Poleo tiene una respuesta clara. Con este proyecto buscan sumar un punto de encuentro diferente, amable y cercano: «Solo queremos dar la opción de un buen bar de vinos en el que puedas divertirte, escuchar buena música y disfrutar del mundo del vino», señala.
A las pocas semanas de abrir, el local empieza a encontrar su público: quienes quieren probar vinos diferentes y salirse de lo típico, quienes disfrutan descubriendo novedades y quienes aprecian una selección musical pensada al detalle. Winelight se mueve en ese equilibrio, un lugar vivo, con personalidad, que invita a quedarse un rato más.
Y, quizá, también a volver. Como recuerda Roberto Poleo, haciendo suyo un refrán perfecto para la ocasión: «El que buen vino bebe, a beberlo vuelve».
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