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El Enófilo

El papel decisivo de los sumilleres en la era Michelin

El próximo 25 de noviembre, Málaga volverá a reunir a la élite gastronómica con motivo de la gala de la Guía Michelin España

Presentación del Premio al mejor Sommelier de la Gala Michelin.

Presentación del Premio al mejor Sommelier de la Gala Michelin. / E.D.

Mulchand Chanrai

Mulchand Chanrai

Santa Cruz de Tenerife

Un escenario que suele acaparar titulares por las nuevas estrellas, los ascensos y las sorpresas, pero que también permite mirar hacia un ámbito que, aunque menos mediático, es esencial para que un restaurante entre en la constelación roja: la sumillería y el trabajo de sala.

Porque si bien el brillo suele recaer en los fogones, cualquier inspector de Michelin lo confirma: la experiencia global es lo que marca la diferencia. Y en esa experiencia, la sala y, especialmente la sumillería, constituye uno de los pilares más determinantes. La estrella no se cocina solo en la cocina: se sirve, se interpreta y se narra en la mesa.

El arte de traducir la cocina al lenguaje líquido

En los últimos años, España ha vivido un auténtico renacimiento de la cultura del vino dentro de la alta gastronomía. Si hace dos décadas el sumiller era una figura respetada pero discreta, hoy es un actor central en la construcción del relato de un restaurante. Su papel va mucho más allá de recomendar vinos: armoniza la propuesta culinaria, diseña maridajes para el menú, descubre productores ocultos, impulsa una identidad enológica propia y, en muchos casos, se convierte en la voz que interpreta al comensal.

Una de las mesas del restaurante Poemas en Gran Canaria.

Una de las mesas del restaurante Poemas en Gran Canaria. / E.D.

Un buen sumiller es capaz de equilibrar conocimiento técnico y sensibilidad humana. Sabe leer la mesa, detectar preferencias, anticipar objeciones, evitar imposiciones, generar sorpresa y construir confianza. Esa suma de gestos, a veces invisibles, traduce el trabajo del chef en una invocación completa del territorio, de la memoria o del producto. Y eso es, exactamente, lo que Michelin evalúa: la coherencia global de una experiencia.

Los grandes nombres

La escena nacional cuenta hoy con una generación brillante de sumilleres que han situado a España entre las referencias mundiales. Algunos trabajan en restaurantes de tres estrellas que ya forman parte del imaginario gastronómico; otros, en casas que aspiran a consolidarse en la élite.

Entre ellos sobresalen figuras como:

• Josep 'Pitu' Roca (El Celler de Can Roca, Girona)

Referente universal de la sumillería contemporánea, Pitu Roca ha construido un discurso del vino que combina sensibilidad poética, filosofía de territorio y un profundo respeto por el productor. Su manera de narrar una botella es casi performativa: emotiva, precisa y capaz de conectar al comensal con la memoria líquida de cada viñedo. Su influencia trasciende la sala del Celler; es mentor, investigador y defensor apasionado de los vinos humildes. Ganador al mejor sommelier de la Gala Michelin de 2024.

Josep Roca,premio al mejor Sommelier Michelin 2024.

Josep Roca,premio al mejor Sommelier Michelin 2024. / E.D.

• José Antonio Navarrete (Quique Dacosta Restaurante, Dénia)

Uno de los sumilleres más finos y elegantes del panorama español. Navarrete dirige una de las cartas más inteligentes del país, construidas siempre con el objetivo de comprender y amplificar el universo creativo de Quique Dacosta. Su trabajo se distingue por la sensibilidad hacia los vinos mediterráneos, la capacidad de encontrar armonías inesperadas y un dominio absoluto del equilibrio entre innovación y tradición.

• Tomás Ucha (DiverXO, Madrid)

En el universo radical y onírico de Dabiz Muñoz, Tomás Ucha ejerce como director de bebidas y arquitecto de uno de los maridajes más creativos del mundo. Su aproximación es técnica, arriesgada, libre y profundamente contemporánea: vinos, destilados, fermentos, infusiones o elaboraciones propias se integran en un relato que desafía los límites del servicio clásico. 

• Cristina Navarro (Aponiente, El Puerto de Santa María)

Custodia del mar líquido en la casa de Ángel León, desarrolla un trabajo de extraordinaria coherencia y sensibilidad. En un restaurante con un lenguaje culinario único, ella ha diseñado armonías que dialogan con la salinidad, la profundidad y la complejidad del océano. Su selección de vinos atlánticos, jereces y proyectos artesanales es un ejemplo de cómo la sumillería puede construir un territorio desde la copa.

• José Luis Paniagua (Atrio · Cáceres)

Figura imprescindible para entender la grandeza de Atrio. Paniagua es guardián de una de las bodegas más prestigiosas de Europa, pero también un narrador cálido, cercano y preciso. Su talento reside en armonizar grandes etiquetas históricas con pequeños hallazgos llenos de alma, tejiendo maridajes que convierten la experiencia en Atrio en una liturgia del tiempo, de la memoria y del detalle.

José Luis Paniagua recogiendo el premio al mejor Sommelier Michelin 2025.

José Luis Paniagua recogiendo el premio al mejor Sommelier Michelin 2025. / E.D.

• Marcos Granda (Skina, Marbella y otros proyectos)

Granda representa una figura singular: sumiller, jefe de sala y empresario. Ha construido varios restaurantes estrellados donde la hospitalidad es el eje central, demostrando que la sala puede ser motor creativo y estratégico. Su visión cosmopolita y su capacidad para liderar equipos han marcado un camino para las nuevas generaciones de profesionales de sala en España.

• Maikel Rodríguez (Iván Cerdeño · Toledo)

Sumiller de enorme sensibilidad y profundo conocimiento del vino español. En la cocina de raíz renovada que propone Iván Cerdeño, aporta un discurso enológico que pone en valor el viñedo castellano y los proyectos que trabajan la identidad del centro peninsular. Su elegancia en sala y su capacidad de lectura del comensal lo han situado como uno de los grandes nombres emergentes de la sumillería española.

La sala como arquitectura de la experiencia Michelin

Aunque los chefs sean protagonistas, ninguna cocina alcanza el máximo reconocimiento sin una sala sólida. El inspector no solo evalúa lo que está en el plato, sino cómo se cuenta, cómo se sirve y cómo se siente. La estrella exige coordinación, ritmo, precisión y una elevada dosis de empatía.

En los últimos años, la sala española ha evolucionado hacia modelos más cálidos, humanos y fluidos. Menos rigidez, más transparencia; menos protocolo antiguo, más conversación. Esa transformación ha sido liderada por jefes de sala y sumilleres que han encontrado un equilibrio entre excelencia técnica y cercanía.

La selección del vino, la temperatura de servicio, la cadencia con la que se presentan las armonías, la gestión del ritmo entre pases, la capacidad para resolver imprevistos sin romper la magia… todo forma parte de la evaluación Michelin. Una mala sala puede comprometer la estrella; una gran sala puede elevarla.

La estrella que se sirve en copa

Cuando el próximo 25 de noviembre se enciendan las luces en Málaga, el mapa gastronómico volverá a cambiar. Pero más allá de los titulares, será también un día para recordar que detrás de cada estrella hay un equipo de sala que la sostiene. Sumilleres que buscan, prueban, estudian, viajan, afinan, escuchan y acompañan. Profesionales que entienden que el vino no es solo un complemento, sino un lenguaje emocional y cultural capaz de transformar un menú en un viaje.

Si la cocina crea, la sala y, en particular, la sumillería da sentido. Esa es la otra mitad de la estrella: la que brilla en la copa.

Recuerda que si quieres compartir conmigo tus proyectos, bodegas o vinos siempre puedes escribirme a mulchandchanrai@gmail.com o a través de @thefoodtagram.

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