Premios del cine
Judas Priest convierte la Berlinale en puro metal
Documentales, 'thrillers' religiosos y travestismos bélicos en el festival berlinés

De izquierda a derecha, Sam Dunn, Rob Halford y Tom Morello, durante la presentación del documental 'The Ballad of Judas Priest', este domingo, en la Berlinale. / Efe / Clemens Bilan
Nando Salvà
A lo largo de más de 50 años, Judas Priest ha convertido en metal todo lo que ha tocado.
Liderada por el carismático Rob Halford, una de las voces más inconfundibles de la música heavy -su registro vocal solía abarcar más de cuatro octavas-, la banda británica ha publicado 19 álbumes de estudio en ese periodo y, en el proceso, tanto su estilo visual basado en el cuero y las tachuelas como el rock arrollador cargado de 'riffs' que ejemplifican canciones icónicas de su repertorio como 'Breaking the Law', 'Painkiller' y 'The Serpent and the King' han influido enormemente en grupos como Van Halen, Metallica y Mötley Crüe.
Trayectoria extraordinaria documentada
La suya, en pocas palabras, es una trayectoria extraordinaria, justo lo contrario que el documental dedicado a ella, cariñoso pero ramplón, que este domingo se ha presentado fuera de concurso en la Berlinale.
El heavy metal es un género que invita a la burla, y eso en parte es así porque, a lo largo de 40 años, su marco de referencia en la cultura popular en buena medida ha sido ‘This Is Spinal Tap’ (1984), la gloriosa parodia que Rob Reiner dedicó a sus excesos de volumen, de pirotecnia, de machismo y de mentalidad reaccionaria.
Sin embargo, ‘The Ballad of Judas Priest’ sostiene que el metal siempre ha sido más complejo y diverso de lo que su reputación sugiere.
Himnos de Rage Against the Machine
Uno de sus directores no es otro que el guitarrista negro Tom Morello, más conocido por los himnos antiautoritarios que compuso junto al resto de miembros de Rage Against the Machine.
El otro, Sam Dunn, cuenta en su haber con documentales previos sobre bandas como Rush, Iron Maiden y Alice Cooper. "Black Sabbath crearon el sonido del heavy metal, pero Judas Priest fueron quienes realmente instauraron la idea de una identidad heavy metal, y la de una comunidad heavy metal", afirma la pareja.
"Gracias a ellos, ser seguidor de esa música se convirtió en sinónimo de formar parte de una tribu".
Conflicto de identidad
Sin duda, el centro de gravedad emocional de la película es el conflicto de identidad al que Halford se vio sometido en cuanto que hombre gay situado en el centro de un género musical percibido como abrumadoramente viril y heteronormativo.
A pesar de los matices homoeróticos del ‘look’ que ideó para la banda y las alusiones veladas a la homosexualidad de algunas de sus canciones, el cantante no salió del armario hasta 1998, en medio del periodo entre 1991 a 2003 durante el cual había dejado la banda.
Asimismo, el documental hace especial hincapié en el impacto mediático que Judas Priest generó cuando, en 1985, dos jóvenes estadounidenses que habían pasado una tarde bebiendo, fumando marihuana y escuchando su música, acabaron disparándose en la cabeza.
Acusaciones de incitación al suicidio
Los familiares de las víctimas acusaron a la banda de haber transmitido mensajes subliminales que incitaban al suicidio en sus canciones, aunque finalmente el caso fue desestimado.
Tanto lo uno como lo otro coparon titulares informativos en su día y, en realidad, ‘The Ballad of Judas Priest’ no cuenta nada que no fuera público ya.
Asimismo, decimos, la película no hace ademán de desviarse lo más mínimo del método narrativo que tantos documentales musicales han convertido en fórmula; mayormente, se limita a alternar imágenes de archivo y fragmentos de entrevistas tanto con Halford y otros miembros de la banda como con otros músicos como Dave Grohl, Kirk Hammett, Billy Corgan, el también actor Jack Black, el recientemente fallecido Ozzy Osbourne y el propio Morello.
Pese a que la Berlinale le ha dado la oportunidad de ser estrenada mundialmente en los cines, es una película cuyo hábitat natural es una pantalla pequeña. Pronto sabremos qué plataforma de ‘streaming’ se queda con ella.
Fanatismo sangriento
En 2009, 44 personas fueron asesinadas en la provincia de Mardin, en Turquía, por una docena de atacantes enmascarados que resultaron ser miembros de un clan rival enfrentados por unas tierras.
En ese crimen atroz se inspira el primero de los tres títulos presentados este domingo a concurso en el certamen alemán, ‘Salvation’, para reflexionar sobre asuntos tan en boga como el fanatismo religioso y político, la naturaleza cíclica de la violencia y el coste de ceder el poder a individuos carismáticos y dementes.

El director de 'Salvation' Emin Alper (tercero por la izquierda) junto a parte del equipo de la película, este domingo, en la Berlinale. / Efe / Clemens Bilan
Quinto largometraje del turco Emin Alper, la película ofrece una de cal y otra de arena: por un lado, es muy eficaz a la hora de sugerir la creciente inexorabilidad de la tragedia; por otro, abusa del trazo grueso en el retrato de los personajes y se niega a rentabilizar las evidentes posibilidades dramáticas de los simbolismos y las incursiones en lo onírico que salpican su metraje.
En cierto modo, funciona a modo de reverso del nuevo trabajo de la belga Anke Blondé, también vehiculado por el fatalismo; si la película de Alper ejecuta de forma discutible una premisa de lo más atractiva, ‘Dust’ hace justo lo contrario: mientras relata las últimas horas de libertad de dos ejecutivos conscientes de que van a ser encarcelados por delitos financieros, Blondé se revela como una narradora extraordinariamente precisa, pero aun así no logra justificar por qué los personajes de su película merecen ser observados.

La directora de 'Dust' Anke Blondé (izquierda) y el guionista de la misma Angelo Tijssens, este domingo, en la Berlinale. / Efe / Fabian Sommer
La tercera ficción
Para encontrar un equilibrio entre forma y fondo, pues, mejor buscar en la tercera de las ficciones aspirantes al Oso de Oro presentadas este domingo a competición.
Dirigida por el austriaco Marcus Schleinzer, 'Rose' exhibe una extraordinaria interpretación -otra más- de la alemana Sandra Hüller en la piel de una mujer que finge ser un hombre excombatiente en la Guerra de los Treinta Años para disfrutar del tipo de libertad a la que las mujeres no tenían acceso en el siglo XVII.

De izquierda a derecha, la actriz de 'Rose' Sandra Hüller, el director Marcus Schleinzer y la actriz Caro Braun, este domingo, en la Berlinale. / Afp / Ralf Hirschberger
Es una película tan meticulosa en la forma -su economía narrativa, su fotografía en blanco y negro, su matización de lo trágico a base de toques cómicos- como elocuente a la hora de denunciar la obsesión patriarcal tanto por poseer la tierra como por asociar la autoridad al falo.
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