Diversidad es una palabra tan vaciada de significado que no se sabe bien qué quiere decir. El desgaste que ha sufrido con fines partidistas y empresariales ha hecho que llamemos diversas a las campañas publicitarias que incluyen a una sola persona negra, discapacitada, gorda u homosexual. Esto no solo mercantiliza cuerpos y genera un nicho en base a la diferencia, sino que también perpetúa los mismos roles de siempre con otra cara. Ese desorden social clasifica a las personas en gavetas que se abren de una en una, por temporadas, para enfocarlas desde una mirada masculina y colonial llena de fobias. Lo que llamamos la famosa cuota que, lejos de una preocupación humanista por las desigualdades estructurales, pretende gestarse una buena imagen. Por eso es necesario plantear quiénes abren las gavetas, por qué se han agenciado esa posición de poder y qué papel tenemos en dicho reparto asimétrico, que no se vive igual desde el privilegio que la marginalidad.
Desplazar el centro es el punto de partida. Solo así es posible darse cuenta de que, en realidad, el centro no existe: deberíamos relacionarnos como una cadena interconectada y usar la diversidad como principio fundamental para redistribuir el poder. Este espacio busca ofrecer un humilde punto de reflexión colectiva donde ningún ser humano es una cuota. Con un enclave en lo local, desde la capital grancanaria, pone su mirada en las opresiones que persisten en el mundo. Pero no existe boletín con la capacidad para deconstruir por sí solo; lo que marca la diferencia es qué hacemos con lo que reflexionamos al terminar de leer.