Foro de Davos
Trump descarta el uso de la fuerza en Groenlandia, pero pide "negociaciones inmediatas para adquirir el territorio"
El presidente de Estados Unidos critica a Europa y la OTAN en un discurso llamado a acelerar en debate en Bruselas sobre la necesidad de adoptar una posición más firme respecto a la agresividad estadounidense

Lucía Feijoo Viera

Donald Trump ha llevado su amenaza para apoderarse de Groenlandia al corazón de Europa. Durante su discurso en el Foro Económico de Davos (Suiza), el presidente de Estados Unidos afirmó que no usará la fuerza para conquistar al estratégica isla ártica, pero sí buscará "negociaciones inmediatas para abordar la adquisición del territorio". Trump ha tratado de vender sus ambiciones como una jugada que servirá para reforzar la seguridad de la OTAN y los europeos, la misma OTAN a la que criticó con dureza, presentándola como poco más que un organismo parasitario dedicado a aprovecharse de su país. El republicano también descargó su desprecio hacia Europa, su soberanía, sus políticas y algunos de sus líderes. Dinamarca no tardó en responderle. No negociará sobre la isla --territorio autónomo bajo su soberanía desde hace más de 200 años--, dijo su ministro de Asuntos Exteriores.
La intervención del líder estadounidense coincide con el momento más crítico de las relaciones transatlánticas desde la Segunda Guerra Mundial. Algunos dirigentes europeos hablan ya abiertamente de asumir la ruptura y dejar atrás la política de apaciguamiento seguida desde la vuelta del magnate a la Casa Blanca. "Ser un vasallo feliz es una cosa, ser un esclavo miserable es otra", advirtió ayer desde ese mismo foro el primer ministro belga, Bart de Wever. Trump anunció aranceles para los países europeos que enviaron tropas a Groenlandia en solidaridad con Dinamarca poco antes de aterrizar en Davos y este miércoles reafirmó que ni la vieja alianza con el continente ni el derecho internacional o la soberanía de las naciones le importan lo más mínimo. Algo que por otro lado ya ha demostrado en Venezuela o Gaza.
"Esta enorme isla, desprotegida, es en realidad parte de Norteamérica, de la frontera septentrional del hemisferio occidental", dijo durante su discurso. "Es nuestro territorio. Por lo tanto, constituye un interés de seguridad nacional fundamental para EEUU". Trump no tuvo ningún reparo en abrazar el viejo colonialismo, que tantos estragos causó en el mundo y que ahora guía su política imperialista. Recordó que su país "ya adquirió a lo largo de la historia otros territorios, al igual que hicieron muchas naciones europeas". Y para cerrar la idea, dijo: "No hay nada malo en ello".
Mentalidad colonialista
Esa mentalidad colonialista quedó patente al afirmar que "solo" Washington puede "proteger, desarrollar y mejorar" Groenlandia en beneficio mutuo de europeos y estadounidenses. De la población indígena inuit, nada por aquí, nada por allá, el mismo relato utilizado por los sionistas en Palestina, los afrikaners en Sudáfrica o los colonizadores europeos en Australia. "Groenlandia es un territorio vasto, casi deshabitado y sin desarrollar", insistió. "Es difícil incluso llamarlo tierra, no es más que un gran pedazo de hielo, desprotegido y en una ubicación estratégica entre EEUU, China y Rusia".
Hacia Europa no tuvo, en gran medida, más que malas palabras, más allá de simplezas retóricas vacías de contenido. Del tipo "amo a Europa y quiero que le vaya bien". O "lo digo con respeto hacia Dinamarca, a cuyo pueblo amo, y tiene buenos líderes". Sin Europa es posible que EEUU nunca hubiera sido lo que es. Durante décadas no solo fue su gran mercado, sino el continente que más ávidamente adoptó su cultura y que más le ayudó a proyectar su poderío militar en el mundo con decenas de bases en territorio europeo.
Europa, por el mal camino
Pero Trump volvió a retratarlo únicamente desde el prisma de las obsesiones de la extrema derecha que alimentan su ideología: inmigración, regulación, gasto público o energía verde, "probablemente la mayor estafa de la historia", según dijo. "Tienen que deshacerse de la cultura que han creado en los últimos 10 años. Es horrible lo que están haciéndose a sí mismos. Se están destruyendo", dijo refiriéndose a los europeos. "Queremos aliados fuertes, no seriamente debilitados".
El continente, sostuvo, "no va en la dirección correcta". Algunos lugares "se han vuelto irreconocibles", añadió con su tremendismo habitual. Su tono y su mensaje recordó bastante al empleado por su vicepresidente, J.D. Vance, en la Conferencia de Seguridad de Múnich del año pasado o a la reciente Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU, en la que se dice que Europa se enfrenta al "borrado de su civilización" por el flujo migratorio e insta a apoyar a los partidos ultras.
Pero como es también la norma, Trump aprovechó el discurso para hablar de muchas otras cosas. Desde sus rivales demócratas, a los incidentes de Minnesota, los logros --muy exagerados, sino completamente falsos-- de su gestión económica, Venezuela, Ucrania o Putin. Pero fue la OTAN la que acaparó otra buena dosis de sus dardos. "Nadie lo puede discutir. Les hemos dado mucho y hemos recibido muy poco". "La OTAN nos ha tratado muy injustamente" o "he hecho más para ayudar a la OTAN que cualquier otro presidente". Ahora es el turno de Europa para decidir los próximos pasos. Trump ya ha dejado muy claro lo que quiere y hasta dónde está dispuesto a llegar para conseguirlo.
Respuesta de Dinamarca
Dinamarca ha reaccionado con cautela a las declaraciones de Trump. Por un lado, está claro que el día “terminó mejor que como había empezado”, explicó su ministro de Exteriores, Lars Lokke Rasmussen. “Eso no puede ocurrir. Estados Unidos no se hará con Groenlandia. Es nuestra línea roja”, aseguró, en declaraciones a la televisión pública DR. No habrá una anexión por parte de Estados Unidos ni ningún tipo de “adquisición”, insistió. Tanto Groenlandia, territorio autónomo danés, como Dinamarca vienen defendiendo la consigna compartida de que la isla “no está en venta”.
Rasmussen no hizo valoraciones sobre el acuerdo anunciado por Trump, cuyos detalles se desconocen. Sí calificó de “positivo” que se hayan alcanzado resultados en la reunión mantenida por el presidente y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Pero descartó que pueda producirse “ahora” una reunión entre Trump y la jefa del gobierno danés, Mette Frederiksen. “No, decididamente no sería una buena idea, no saldría nada bueno”, aseguró.
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