Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El proyecto FCAS

España defiende ante Francia y Alemania la continuidad del caza europeo de sexta generación

Cita clave en Berlín: Europa se juega un proyecto que movería al menos 30.000 millones y le daría autonomía estratégica, pero el desacuerdo franco-alemán lo ponen en riesgo

En el estamento militar miran el calendario: si se quiere tener un arma efectiva no se puede llegar más tarde de 2035

Una ilustración del consorcio FCAS sobre cómo funcionará su sistema de combate aéreo

Una ilustración del consorcio FCAS sobre cómo funcionará su sistema de combate aéreo / Indra

Juan José Fernández

Juan José Fernández

Madrid

Este jueves, en Berlín, en la sede del ministerio alemán de Defensa, tres países europeos celebran una reunión de alto nivel que se presenta como última oportunidad para la salvación de un proyecto clave del rearme europeo. España envía a una cita con Francia y Alemania a la ministra Margarita Robles y también a la secretaria de Estado Amparo Valcarce; o sea, máxima representación política ministerial, señal de la importancia crucial que en Madrid se le da al encuentro.

Cuando tanto se habla de la soledad de Europa y de su necesidad de defenderse por su cuenta, nada representa mejor las dificultades que eso implica que la peligrosa situación que atraviesa el proyecto FCAS. Si se asume el aserto militar de que sin superioridad aérea no hay victoria, el Futuro Sistema de Combate Aéreo (es lo que significan las siglas) es el plan industrial más importante del rearme europeo, con una previsión de inversión que ronda los 8.000 millones de euros en la fase inicial, y un movimiento de hasta 30.000 millones sumando inversiones e impactos cuando el sistema estuviera ya en el aire.

Participan la firma francesa Dassault, la rama alemana de Airbus y la española Indra. Hay de fondo decenas de miles de puestos de trabajo, pero, al margen de su valor económico, el FCAS, un sistema de combate aéreo que orquesta en una nube de combate a drones, satélites, misiles, buques y vehículos en tierra, es sobre todo el principal intento de Europa de no quedar indefensa ante las nuevas amenazas. Pero, pese a su importancia, el plan está atrancado en una discusión entre dos de los socios, Francia y Alemania, por cómo se reparte lo principal: el diseño y la tecnología del avión. La parte francesa exige toda esa porción; la alemana quiere que se reparta al menos en un 60-40.

El riesgo de la ruptura

El calendario acucia. La reunión de Berlín está fijada a solo siete días de la cumbre europea del 18, y para entonces los tres gobiernos han de haber llegado a un compromiso. Hay mucha industria en vilo. Ninguna fuente consultada puede jurar que el FCAS saldrá adelante, aunque nadie lo da tampoco por enterrado.

Este jueves, si la parte francesa no acepta un acuerdo, se vendría abajo el proyecto tal y como se conoce, confirman fuentes militares e industriales españolas. La siguiente pantalla tendría a España y Alemania redefiniendo el plan y buscando un nuevo socio, quizá en Suecia.

Pero Madrid trata de no llegar a a ese escenario. La ministra Robles y su número dos viajan a Berlín después de que España haya mostrado una actitud apaciguadora que le puede servir para tratar de mediar en la alianza.

Las entonces ministras de defensa de Alemania, Úrsula Von der Leyen, Francia, Florence Patty y España, Margarita Robles, firman el acuerdo marco para el FCAS en 2020. Detrás, el presidente francés Emmanuel Macron

Las entonces ministras de defensa de Alemania, Úrsula Von der Leyen, Francia, Florence Patty y España, Margarita Robles, firman el acuerdo marco para el FCAS en 2020. Detrás, el presidente francés Emmanuel Macron / El Periódico

La opinión unánime en el estamento militar español es que no hay una defensa efectiva de España (y de Europa) si no se cuenta con el caza de sexta generación en un plazo razonable. Si se llega tarde, el escalón militar con China, Estados Unidos y quizá Rusia se hará insalvable.

Tocado del ala

Pero para Defensa la reunión es crucial también porque un nuevo caza europeo está siendo su única baza. España ha renunciado a comprar los cazas norteamericanos F-35 -los más avanzados del mundo- porque el Gobierno mantiene su doble exigencia: una, que el máximo de la inversión en defensa revierta en industria española y europea; y dos, evitar convertirse en una figura temida en el ámbito militar: la del cliente cautivo.

El F-35 multiplica la potencia de un ejército, pero también lo hace dependiente de las actualizaciones de software y suministros de Estados Unidos. Si la Casa Blanca no acepta un determinado uso del caza -un suponer, en una guerra de España con Marruecos-, puede estrangular esa vía.

“Nuestra apuesta es que el proyecto salga adelante. El talante de España es trabajar en positivo”, indica un ejecutivo del área política de Defensa. Y otro, con uniforme, matiza que la situación “no es tan dramática como parece”, aunque si Dassault sale del proyecto ante las exigencias alemanas, “el FCAS se quedaría sin su principal socio tecnológico”.

El Gobierno español ha mantenido hasta el momento un perfil discreto en la tensión. No es solo prudencia, explican fuentes directas conocedoras del caso, ni huida o incomparecencia, sino sumar razones para ser el socio que articule un consenso en la alianza.

Defensa está contra la disolución del proyecto, y tampoco quiere un recorte, como se ha llegado a barajar en París, que dejara el acuerdo en solo el desarrollo de la nube de combate. “No tiene sentido crear la red si no se crea el avión”, sostiene una de las fuentes consultadas.

Además, el coordinador industrial de FCAS en España, Indra, ya tiene su sistema de nube de combate. Se llama Nimbus y una primera versión de él se probó a mediados de octubre pasado en el aeródromo de Rozas (Lugo) ante el jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire y el Espacio, el general Francisco Braco.

La disputa

Para contar con el caza de sexta generación es necesario fabricar el avión que es corazón del sistema... y también los drones de vigilancia y ataque que lo acompañan; y sus armas de nueva generación (o NGWS); y la red de sensores y conexión entre esos elementos y otros medios en la batalla.

En la alianza FCAS. Francia, o Dassault, lidera el diseño del caza. Alemania, con su rama local de Airbus, participa en ese diseño, y se encarga del nuevo conjunto de armas, así como de parte de la integración de sistemas. España, con la pública Indra, aporta otra parte de la integración, los radares y sensores del sistema y el simulador para instruir a los pilotos. “En el FCAS no hay una pelea de gobiernos tanto como una pelea de industrias”, resume un general del Aire. El proyecto es pura asimetría, diversidad de componentes y de dificultad de alcanzar acuerdos; o sea, una metáfora de Europa.

Dassault y Airbus se disputan la carga industrial. Francia tiene su propio caza Rafale, cuya tecnología se reserva para sí. Alemania aspira a que sea un caza nuevo de liderazgo no solo francés, con al menos un 40% de trabajo para factorías alemanas y con acceso a las tecnologías clave: aviónica, motores -de la francesa Safran- y sistema de sigilo, la capacidad de engañar y hacerse invisible a los radares del adversario.

Aquel que domine la fabricación del caza del FCAS tendrá la última palabra para exportar a unos países sí y a otros no. Eso es poder estratégico a nivel global, lo que se dirime, en el fondo, este jueves en Berlín.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents