11 de septiembre de 2025
La Diada une a las instituciones y a las calles en defensa del catalán
Partidos y entidades se comprometen a blindar la lengua catalana en la escuela, entre apelaciones a la desobediencia y nuevas negociaciones ante la inminente sentencia del Constitucional
La manifestación independentista reúne a 41.500 personas, la cifra más baja desde 2012

El president Salvador Illa durante su ofrenda floral a Rafael Casanova con motivo de la Diada. / Jordi Cotrina
Júlia Regué
La Diada de este 2025 es la primera que Salvador Illa ha podido diseñar a medida -en la anterior respetó el patrón de ERC- y la dibujó como una exhibición de la "normalidad institucional" que reina desde que logró arrebatarle la Generalitat al independentismo y con ello consagró la triangulación socialista en el Estado, en Cataluña y en Barcelona. Pero la sentencia del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) que anula parte del decreto que blindaba el catalán en las escuelas, convirtió la jornada en un clamor en defensa de la lengua catalana que unió las instituciones y las calles pese a las complicaciones que provocó la lluvia en Barcelona. El catalanismo y el independentismo se recordaron su punto de unión, la lengua como columna vertebral de una sociedad catalana que desde el Govern a Òmnium Cultural aspira a superar los recelos que dejó el 'procés' y a blandir una alianza que reúne a todas las fuerzas políticas salvo el PP y la extrema derecha de Vox y Aliança Catalana. Una comunión que se dio el día en que se registró la manifestación independentista menos concurrida desde 2012, sin contar el Onze de Setembre de 2020, afectado por las restricciones del covid, con unas 41.500 personas en la capital catalana, Girona y Tortosa.
La manifestación independentista de este año es menos concurrida desde 2012 con unas 41.500 personas
Un amplio consenso por el catalán que, como se constató este jueves, no permite todavía pactar una receta contra el retroceso del uso social de la lengua y a la judicialización de las aulas. Ni Junts ni la CUP suscriben el Pacte Nacional per la Llengua, alegando que es un acuerdo vacío y que la fórmula pasa por la independencia, por un Estado propio; la ANC defiende que no basta con el recurso del Govern al fallo, sino que hay que "desobedecer", mientras que, en paralelo, Òmnium Cultural ya trabaja con el Govern para dar respuesta al previsible varapalo del Tribunal Constitucional sobre una ley que pretendía sortear la obligatoriedad de fijar un 25% de castellano en las escuelas. Illa parte de la premisa de que hay que acatar las decisiones de los jueces, pero esto no impide usar todas las herramientas a su alcance dentro del cauce legal en defensa de un mandato parlamentario. Y ahí es donde conecta con Xavier Antich, líder de una entidad que sigue ganando peso ante una ANC que rechaza entrar en la ecuación y que no cesa en su crítica al independentismo por haber levantado el veto al PSC.

Diada de Catalunya: Ofrenda floral en el monumento a Rafael Casanova / JORDI COTRINA
La lengua y la catalanidad
El Govern, por boca de la consellera y portavoz Sílvia Paneque, defendió un proyecto nacional "sólido" para que Cataluña avance desde la "unidad" y el "rigor" y en defensa de la cohesión, "sin ruido innecesario, pero sin ningún tipo de renuncia", e invitó a los catalanes a "mantener vivo el nervio nacional". Un "nervio nacional" que para el secretario general de Junts, Jordi Turull, dijo no ser otro que la lengua catalana: "Cataluña necesita, urgentemente, un Estado propio y no tener un Estado en contra", recalcó. El presidente del Parlament, Josep Rull, hurgó en que la nación catalana no es "plena ni libre", en que "el catalán está en peligro", y en que la amnistía para Carles Puigdemont y otros dirigentes del 'procés' está pendiente, una "anormalidad" que choca con la "normalidad" que proclama el Govern, aunque él mismo logró juntar la vigilia a la plana mayor de la política catalana.
También quiso replicar a Illa el líder de ERC, Oriol Junqueras, alegando que la defensa de la independencia y la prosperidad económica y social son "dos causas que son una sola lucha". El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, reivindicó el catalán como una lengua de unión ante la "incomprensión y a veces hostilidad" que sufre y los Comuns clamaron por una Cataluña "mestiza, plural y abierta". Todos los dirigentes políticos apelaron de fondo a la configuración del sentimiento de catalanidad y a qué representa en una sociedad muy diversa con ocho millones de catalanes, pero solo Antich lo verbalizó: "Hay que sumar nuevas adhesiones a los valores de la catalanidad", desde la cohesión social y el combate contra la extrema derecha. "Es un cóctel explosivo que amenaza con la erosión de los sistemas democráticos y con la destrucción de los vínculos comunitarios sobre los que se sustenta la vida en común", puntualizó sobre los discursos de odio y la xenofobia.

Manifestación de la ANC en la Diada / JORDI OTIX
Y es que precisamente Aliança Catalana se estrenó en la manifestación independentista en pleno auge en las encuestas y con la mirada puesta en las elecciones municipales de 2027. Cercados por los Mossos d'Esquadra para que sus militantes no produjeran altercados, desde la organización quisieron controlar lo que consideran una "provocación" de Sílvia Orriols, ya que la línea roja de los organizadores es el respeto a los derechos humanos, aunque había generado un debate intenso en las entidades.
Aliança Catalana participa por primera vez en la protesta de la ANC, pero un cordón policial impide que acapare los focos
Lejos de las grandes manifestaciones
Todo esto en una protesta que queda lejos de las grandes demostraciones de fuerza de los años más intensos del 'procés' a nivel de asistencia, desmovilizado por la desorientación de los partidos que lo representan, instalado en la batalla entre ERC y Junts, en pleno auge ultra, con la CUP estudiando un giro al pactismo, con una amnistía que todavía no llega para el que fue el máximo líder del referéndum del 1-O, Carles Puigdemont, ni para el que fuera su mano derecha, Junqueras, aún inhabilitado; y en una jornada marcada por la lluvia implicó la cancelación de varios de sus actos.
Pero, pese a este contexto, y agarrándose a que pese a todo un 40% de los catalanes sigue defendiendo la independencia según el Centre d'Estudis d'Opinió (CEO), los impulsores de la protesta se felicitaron por haber aguantado el tipo pese al tiempo, pese al intento de Aliança Catalana de captar todos los focos y pese a la "poca implicación de los partidos" para que la alineación entre la primera fila política y las organizaciones civiles funcione.
Junts y ERC imprimieron un perfil bajo en la marcha de las entidades, y a diferencia de otras ocasiones, Puigdemont no envió ningún mensaje o declaración enlatada como expresident y se limitó a redactar en X: "Por la libertad que los Borbones arrebataron a nuestros antepasados que defendieron Cataluña, y por la independencia y el futuro de nuestra nación que debemos a nuestros hijos".
En nombre de la ANC, movilizada con un mensaje centrado en el combate contra la "desnacionalización" y el "expolio fiscal", y entre cánticos de "puta España", Lluís Llach sostuvo que la vulneración de derechos fundamentales "en Cataluña y contra Cataluña es constante, planificada y escandalosa". También defendió que hay un "golpe de Estado judicial permanente", aseguró que "quemar contenedores no es violencia" y cerró el acto cargando contra el Rey, tras cuyas palabras se desplegó en el escenario una pancarta con Felipe VI boca abajo.

Manifestación de la ANC en la Diada / JORDI OTIX
El colofón a la Diada lo puso el acto institucional en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC), una puesta en escena en la que se hizo hincapié en la realidad social y cultural de Cataluña con la representación de personajes como Paco Candel, "símbolo de convivencia e integración", o Maria Assumpció Català, "una de las mujeres más potentes" del ideario catalán, al tiempo que se propició la conmemoración de los 50 años del congreso de cultura catalana del final de la dictadura.
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