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Juicio del Alvia

Un perito: “Hay que cubrir al maquinista; no es Dios, es humano y puede equivocarse”

El ingeniero es crítico con la normativa ferroviaria y concluye que la causa del siniestro fue que no se protegieron los excesos de velocidad en curva: “Hay que hacerlo, incluso en las líneas convencionales”

Enrique Castillo Ron, durante su declaración en el juicio del Alvia. Xoán Álvarez

El juicio del Alvia afrontó este jueves una jornada más con la comparecencia de un nuevo perito, el ingeniero y experto en estadística de valores extremos Enrique Castillo Ron. El catedrático fue tajante en sus conclusiones, en las que se mostró crítico con la normativa ferroviaria y atribuyó la causa del trágico descarrilamiento a que “no se protegieron los excesos de velocidad en curva”. “Había que protegerlos, todos, incluso en las líneas convencionales”, aseveró. El error humano, junto al resto de “variables” que entran en juego en un siniestro de estas características, fueron objeto de su estudio. Aquí también se mostró contundente: “Yo defiendo que hay que cubrir al maquinista; no es admisible culpar al maquinista, hay que poner una protección, porque es humano; decir que es Dios y no se equivoca nunca no puede ser, se equivoca como todos”.

Este experto fue citado al macroproceso que arrancó el pasado octubre en Santiago de Compostela ya que elaboró un estudio probabilístico por encargo del perito judicial Juan Carlos Carballeira. La suya fue una comparecencia larga, de cuatro horas, a lo largo de la cual la jueza Elena Fernández Currás intervino en bastantes ocasiones para que se limitase al objeto del litigio y no divagase con disertaciones científicas y matemáticas. “Voy a volver a 2º de BUP”, llegó a ironizar la magistrada, que le pidió que se centrase en cuestiones “jurídicas”. “Yo lo que quiero saber es si hay una negligencia con relevancia penal”, le advirtió la jueza, que en otro momento llegó a reflexionar sobre el devenir que estaba teniendo el juicio en la actual fase: “Nunca en mi vida me encontré con peritos tan característicos”.

Con experiencia previa en el ámbito de las centrales nucleares, una de las cuestiones que quiso dejar clara es que el “error humano” hay que analizarlo siempre. Es “básico”. En las centrales nucleares, afirma, “se busca todo lo peor que pueda ocurrir,” pero esta idea no “está metida” en el sector ferroviario. Volvió otra vez al ámbito nuclear para valorar que en el mismo “se hacen las cosas con más seriedad”. Frente a ello, la normativa en el de los trenes tiene “mucho que mejorar”. “Me asusté al verla”, llegó a expresar el perito, que fue propuesto por uno de los abogados que ejercen la acusación particular.

Para el experto, en este accidente concurrieron cuestiones “muy singulares”, como la llamada telefónica del interventor al maquinista, que “no debería” haberse producido y que creó una situación de “peligro”, y la larga duración de la misma, 100 segundos, debido, considera, a que los interlocutores se enzarzaron en una “discusión” porque “no se entendían”. Precisamente, en este punto Castillo Ron calificó de “muy singular” que el conductor, pese al despiste, “no recuperase la atención” a tiempo pese a todos los “avisos” que había. “Es raro, extraño, que no reaccionase”, reflexionó.

Se dio “toda la responsabilidad” al maquinista, que debió “mantener” por ello “un alto nivel de atención”. Pero eso, dejar todo en manos del conductor, fue, a su juicio, un error. “Yo defiendo que hay que cubrir al maquinista. No es admisible culparlo, hay que poner una protección, porque es humano y nos equivocamos”, dijo, para volver de nuevo al ámbito de las centrales nucleares. “Eso ahí no se admite y en el ferroviario sí”, indicó. Más adelante volvería a ahondar en la misma idea. “Decir que [el conductor] es Dios y no se equivoca nunca no puede ser; se equivoca, como todos”, insistió.

Velocidad y radio de la curva

¿Cuál fue la causa del accidente? Pues a juicio del ingeniero, que “no se protegieron” los excesos de velocidad en curva, algo que debe hacerse en todos los casos de estas características, incluyendo los que hay en las líneas convencionales. “A la hora de corregir, solo corrigieron el criterio de la velocidad, y eso es un error; la gravedad de la curva la da dos cosas, la velocidad y el radio”, siguió, incidiendo en que este último factor se “olvida” en bastantes ocasiones.

En otro momento el perito indicó que la normativa de seguridad ferroviaria “no hay por donde cogerla” y que una persona “con sentido común” entiende que ese tramo, en relación al que hay antes de la curva de Angrois donde descarriló el Alvia, “no es de 200”. “No se puede ir a 200 kilómetros por hora ahí; es un tramo de deceleración o frenado”, expuso el ingeniero.

En su comparecencia cuestionó algunas de las conclusiones de los peritos Frans Heijnen y James Robert Catmur, que elaboraron un informe para QBE, la aseguradora de Renfe. Uno de los abogados que representa a las víctimas puso en duda la imparcialidad del experto que compareció el jueves. “Esto es un juicio penal y no político. Como si es amigo de uno u otro ministro”, zanjó la jueza sobre la cuestión.

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