El año que acaba ha escrito un hito importante en la política andaluza. Los 58 diputados que el PP de Juan Manuel Moreno obtuvo en las elecciones autonómicas del pasado junio consagraron por primera vez la hegemonía de este partido en Andalucía y, como efecto cascada, agitaron de forma importante el tablero nacional. La victoria rotunda de los populares afianzó la idea de cambio de ciclo en el país, infló el ‘efecto Feijóo’, pinchó el crecimiento de Vox y convenció al PSOE de Pedro Sánchez de que las cuentas para ganar las elecciones generales debían hacerlas mirando a Cataluña más que a Andalucía, que durante lustros fue el gran granero de votos de los socialistas y que ahora es una comunidad del PP.

Para muchos desde ese junio andaluz Sánchez se convenció de esa operación reencuentro con Cataluña y de las alianzas y concesiones a ERC que ha marcado la política española los últimos meses. De camino, el laboratorio andaluz constató el enorme lío que hay a la izquierda del PSOE y las resistencias de Podemos a integrarse sin siglas en un espacio mayor, como es ‘Sumar’ de Yolanda Díaz. La suma no va a ser nada fácil.

Nadie esperaba, ni siquiera Moreno, la mayoría absolutísima que el PP cosechó en las urnas. El viento era favorable para el presidente de la Junta pero todos los factores se alinearon a su favor en una campaña que le sirvió para afianzar su resultado, sumando votantes del PSOE y arrinconando a Vox, que ha pasado a ser una fuerza política irrelevante en la comunidad, ya que sus votos no son necesarios en el nuevo mapa político. Los socialistas admitieron más tarde que cada vez que advertían de que el PP iba a depender de Vox en la Junta de Andalucía conseguían el efecto contrario del que pretendían, poniendo votos en la cesta de Moreno y aupándolo hacia la mayoría absoluta.

Las dudas de Espadas

Tras meses de dudas sobre el mejor momento para convocar las elecciones, después de que en Castilla y León el PP hubiera tenido que pactar su Gobierno con Vox, Moreno pulsó el botón electoral con el argumento económico y la falta de presupuestos como principal motivo. Desde entonces, la marca del PP no hizo más que crecer en Andalucía y la del PSOE más que desinflarse. El presidente andaluz vendió un proyecto político de centro, moderado y andalucista y logró consolidar la ‘marca Juanma’. A su lado, un flamante presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, consagrado como líder del partido gracias al apoyo de los barones y tras una crisis sin precedentes en el partido que acabó defenestrando a Pablo Casado, aguardaba el resultado electoral de las andaluzas. La apabullante victoria de Moreno sirvió para que Feijóo cogiera vuelo unos meses y consagrara la idea de cambio de ciclo político en España.

La debacle del PSOE encendió las alarmas. Pese al cambio de liderazgo con Juan Espadas al frente, cayó por debajo de los resultados de Susana Díaz cuatro años atrás, perdiendo tres diputados. Desde entonces, todas las encuestas auguran que el PSOE sigue en Andalucía en caída libre. Espadas hizo balance del año político días atrás para defender su papel de oposición, asegurando que no hay voces internas críticas y que tiene el respaldo de Ferraz y de sus ocho secretarios provinciales. Es cierto que de momento el cierre de filas con el líder socialista por parte del aparato es total, tanto como que hay dudas y sombras sobre si el futuro del partido será escrito a largo plazo por quien fue alcalde de Sevilla y eligió directamente Pedro Sánchez para terminar con Susana Díaz en unas primarias. “De momento”, es el condicional que todos eligen, el jefe del PSOE andaluz es Espadas. El 40% del partido que no lo votó en esas primarias no para de moverse en su contra y la integración de los críticos cada vez es más difícil. La debilidad del PSOE en Andalucía es mayor que nunca, desde la oposición, sin la Junta de Andalucía y con divisiones internas, marcar el rumbo de la oposición no es nada fácil.

La lupa municipal

La próxima cita con las urnas en Andalucía son las municipales de mayo. El PP se juega asentar el liderazgo de las siglas en una comunidad que durante 37 años ininterrumpidos gobernó el PSOE. Moreno admitió desde la misma noche electoral que la mayor parte de su histórica victoria se asentaba en el voto prestado, en el apoyo de andaluces que en otros momentos eligió otras siglas. El CIS fijó un trasvase de votos de socialistas al PP del 15,6%. La lectura positiva en las filas populares es que ya se han superado estereotipos y que en Andalucía se ha perdido el miedo a votar a la derecha. “Lo más difícil ya lo hemos conseguido”, aseguran siempre desde el entorno del presidente andaluz. Que las autonómicos no supusieron un éxito fugaz y que hay un cambio de más profundidad en el electorado se medirá en las municipales y, sobre todo, en las próximas generales. El PSOE ganó las últimas municipales y gobierna en seis Diputaciones y cuatro capitales andaluces, frente a las dos diputaciones del PP y tres capitales en manos populares. Los dos principales partidos se disputan en estas instituciones y ayuntamientos su hegemonía en Andalucía.

El alma moderada del PP la ha encarnado el presidente andaluz frente al discurso más duro, el de la madrileña Isabel Díaz Ayuso. Moreno ha intentado hacer un discurso político integrador y de mano tendida, asegurando que la mayoría absoluta que obtuvo en las urnas no iba a suponer la aplicación del rodillo parlamentario. Lo cierto es que no ha habido acuerdos políticos en Andalucía y que el clima crispado de la política nacional ha contaminado el microcosmos político andaluz. El discurso de confrontación con el Gobierno de Pedro Sánchez ha ganado posiciones.

La crisis de Vox

El presidente andaluz ha centrado su gestión en lo económico, con un anuncio de bajada de impuestos, con la supresión de Patrimonio y rebajas de IRPF, como eje central. Su paquete fiscal lideró el debate nacional y abrió una puja entre comunidades, incluidas las socialistas, que se sumaron con ofertas a la baja de impuestos en contra del criterio del Gobierno de la nación. Como contraofensiva el Ministerio de Hacienda lanzó un impuesto a las grandes fortunas que hace las veces de patrimonio y que la Junta ya ha anunciado que recurrirá al Tribunal Constitucional. Moreno llama a las grandes fortunas a instalarse en Andalucía, entona un mensaje económico centrado en captar extranjeros e inversores de otras comunidades, con la vista puesta en Madrid y Barcelona y con la ciudad de Málaga, donde cientos de extranjeros han instalado su residencia durante la pandemia, como una de las urbes de moda en toda España. La oposición insiste en el espejismo de un discurso político con "buena prensa" pero que no refrendan los datos, alegando que la brecha social en Andalucía se acrecienta y que los datos de PIB per cápita y convergencia desmienten la euforia sobre el cambio andaluz que pregona el PP.

Vox gestó en Andalucía su principal crisis hasta el momento, con la dimisión de la que fue su candidata a las andaluzas, Macarena Olona, que anuncia que fundará un partido propio y amenaza con la primera escisión importante dentro de las filas de la extrema derecha española. Cs firmó su certificado de defunción, pasando de ostentar la vicepresidencia de la Junta a desaparecer del Parlamento. Los altos cargos de Cs han terminado integrados en el PP u ocupando puestos como altos cargos en la Junta de Andalucía, poniendo aún más difícil la reconstrucción del partido a quienes siguen peleando por su supervivencia en Madrid.

A la izquierda del PSOE poco ha mejorado desde las elecciones. Los bloques están claros. Aparte del partido propio y de sello andaluz de Teresa Rodríguez, Adelante Andalucía, que tiene ahora el reto de consolidarse sin que su principal activo siga en el Parlamento, el resto de siglas naufragan divididas en una confluencia electoral rota. Por un lado IU y Más País trabajan para integrarse en el proyecto político de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Por otro, Podemos debate aún que camino quiere tomar pero deja claro que la convivencia armónica con el resto es difícil, tras meses de traiciones e incumplimientos de los acuerdos firmados antes de las autonómicas. Andalucía, una vez más, sirvió de escaparate de lo que estaba por venir en España y sacudió todo el tablero nacional, obligando a los partidos a repensar sus jugadas y estrategias políticas.