La moción de censura de Vox acaparaba el debate político en la derecha hasta hace unos días. Las semanas previas se discutía la eficacia e incluso el tono de oposición de Alberto Núñez Feijóo y los suyos. El Gobierno acumulaba escándalos —primero por la ley del sí es sí, después vino el delito de sedición, la malversación y, finalmente, las enmiendas judiciales—. Pero el PP no terminaba de dar con la tecla. El martes 13 de diciembre todo cambió.

La comisión de Justicia del Congreso, con el socialista Felipe Sicilia a la cabeza, dio luz verde a incorporar a la reforma del Código Penal esas dos enmiendas que permitían acelerar los nombramientos del Gobierno en el Tribunal Constitucional. Los letrados expresaron sus dudas, pero todo siguió adelante. Y ahí el PP vio “la ventana de oportunidad” que les ha llevado a una victoria jurídica muy importante. 

El golpe para el Gobierno fue evidente y, sobre todo, frustró el plan de Pedro Sánchez de terminar el año con todas sus iniciativas legislativas (algunas muy polémicas y que siembran dudas dentro del PSOE) cerradas. El calendario queda ahora alterado en el arranque de un año electoral crucial para los dos grandes partidos. Esa victoria jurídica, que en el PP algunos califican también de “victoria moral” porque llegó en un momento clave y después de meses en los que los conservadores reconocían “impotencia” ante los procedimientos parlamentarios de la mayoría del Ejecutivo, se gestó en unos pocos días frenéticosAlgunas horas en especial.

Consultas externas: hay agua en la piscina

Aquel martes 13, las dudas de los letrados del Congreso en la comisión de Justicia encendieron las alarmas en el grupo popular. “Aquí hay tema”.

En Génova insisten en conceder a Cuca Gamarra la “autoría intelectual” del movimiento que, sin duda, ha servido para reforzar a la secretaria general. La asesoría jurídica del grupo parlamentario se puso en marcha y ese martes se hizo muy largo para algunos técnicos. Necesitaban cerrar el recurso y la solicitud de medidas cautelarísimas en pocas horas para poder registrarlo al día siguiente. El pleno en el que se votaba la reforma del Código Penal estaba fijado para el jueves.

Hubo consultas externas con expertos jurídicos y en Derecho Constitucional que confirmaron a Gamarra que había agua en la piscina. El recurso tenía mimbres suficientes para ser admitido a trámite y las cautelarísimas podían ser aceptadas. Lo que después Feijóo, que estuvo al corriente de todos los pasos y dio luz verde, ha insistido en calificar como un “recurso muy bien armado”.

Es cierto que no había precedentes de una paralización en un trámite parlamentario en marcha, vivo, antes de votarse. Pero todos los expertos consultados por el PP coincidían en que la falta de precedentes no pesaba más que la vulneración del derecho de los diputados, y la jurisprudencia existente, que es clara en que no se pueden mezclar dos asuntos tan importantes (la reforma de dos leyes orgánicas del CGPJ y el TC) con una modificación intensa del Código Penal (sedición y malversación) sin que conste una conexión material.

Visita exprés al Senado de Gamarra

Y el PP siguió adelante. Feijóo dio respaldo a Gamarra, que hizo una visita al Senado el mismo martes por la tarde, cuando su equipo seguía trabajando en el recurso. Fue a ver a Feijóo y antes de volverse al pleno del Congreso estuvo en el mismo pasillo de la Cámara Alta mientras los senadores iban saliendo a cuentagotas. Volvió a intercambiar unas palabras con su jefe en una esquina y le explicó algunos detalles.

Todo estaba en marcha. La noche se alargó pero, a la mañana siguiente, el miércoles 14 a las diez de la mañana la portavoz hizo el anuncio en el pasillo del hemiciclo. Ya estaba registrado.

Ese mismo miércoles, mientras los magistrados del TC deliberaban sobre si convocar o no un pleno para el jueves, haciéndolo coincidir con el día que se votaba la reforma en el Congreso, Gamarra y su equipo se reunían con los colaboradores más cercanos de Feijóo en Génova. La reunión, habitual cada miércoles, se centró ese día en el Constitucional.

Valoraron los distintos escenarios. Todos coincidían en que lo idóneo era que aceptaran las cautelarísimas antes de la votación del Congreso porque después sería todo mucho más complicado. Estuvieron toda la tarde en Génova, pero la deliberación de los jueces, cerca de las nueve de la noche les pilló ya fuera.

El chasco y la incertidumbre

El pleno quedaba convocado a las 10 de la mañana. Al final empezó con mucho retraso y los magistrados aplazaron su decisión al lunes sin interrumpir la votación en el Congreso. Llegó el primer chasco en la sede del PP.

Gamarra seguía sentada en su escaño manteniendo el contacto con su jefe de filas y otros dirigentes, entre los que estuvo siempre Esteban González Pons. La decepción se hizo evidente. Consideraban que las cosas se habían complicado: no sería sencillo paralizar algo que ya había sido votado. El propio Feijóo le trasladó esa impresión a su número dos preguntándose qué podían esperar entonces.

La incertidumbre en los siguientes días fue total. La otra preocupación dentro del equipo jurídico de los populares era que las cautelarísimas presentadas en el recurso se referían a la votación en el Congreso y, por eso, decidieron ampliarlo durante el fin de semana, pidiendo que se paralizaran esas enmiendas en el trámite de las Cortes Generales. Había otra oportunidad: que no llegaran a votarse en el Senado

El lunes la plana mayor del PP se dio cita en Génova para acudir a la junta directiva del PP. Las dudas seguían intactas a la espera de que el TC alumbrara una decisión. Pero Feijóo ya cambió el tono mientras algunos de sus barones seguían en el tono más duro, apuntando a que Sánchez caminaba hacia “una república bolivariana”.

El líder del PP, sin embargo, dejó claro que el socialista es un presidente legítimo, pero puso en duda "la legitimidad de lo que está haciendo, que ni es ético ni razonable”, expresó. Pidió dejar de hablar de “golpes”, consciente de la banalización del término en los días pasados. Horas después, el Constitucional aceptaba la solicitud del PP y paralizaba la votación de esas dos enmiendas en el Senado. El sabor de la victoria.

Sin embargo, de puertas hacia afuera, la directriz fue clara: nada de sacar pecho ni hacer excesivas alharacas. Hasta el punto de que a partir de ese momento y, mientras Félix Bolaños comparecía a medianoche advirtiendo de los riesgos para la democracia que implicaba el fallo del TC, Feijóo exhibió de nuevo un tono moderado, pidiendo templanza y exigiendo al Gobierno que “rebajara la escalada verbal de inmediato”.

Sánchez compareció en Moncloa el martes 20 por la mañana, siguiendo la estela de su ministro de la Presidencia. Y con una advertencia clara: tomaría “las medidas precisas” para renovar el CGPJ Y el TC.

Horas después, Moncloa confirmaba que sólo habría una proposición de ley para retomar las reformas planteadas en enmiendas y evitar un nuevo varapalo jurídico. Del Consejo General del Poder Judicial y una posible rebaja de mayorías como ya intentaron PSOE y UP en 2020, no había nada. Al menos, de momento. En el PP se mostraron convencidos de que el toque de atención de Bruselas fue determinante y que obligó al Gobierno a echar el freno.

“Ahora solo falta que dejen de decir barbaridades. Ha sido patético lo que hemos visto”, decían con dureza en la cúpula conservadora en referencia a esa “sobreactuación”, a sus ojos “más que excesiva”.

La satisfacción en el PP se hizo evidente este último miércoles en la sesión de control en el Senado. Feijóo se sintió cómodo en su intervención, evitó los errores de otras ocasiones y se despachó con una soltura que no se había visto antes. Sánchez tampoco dejó pasar la oportunidad de exhibir sus mensajes y atacó a la derecha que “enmudece al Parlamento”.

Pero la sensación en las filas populares lo decía todo. “Esta vez sí hemos estado ahí. Es el camino”, decían dirigentes de todos los niveles.

¿Quién habla ahora de la moción de censura? Este es el PP. La oposición real”, remataban.