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Radiografía de la justicia

"Las juezas vamos a romper el techo de cristal de la justicia a cabezazos"

Cuatro futuras magistradas reflexionan sobre su función en la sociedad, en la profesión y la necesidad de que las mujeres accedan a la cúpula de la judicatura

Futuras juezas hablan sobre el techo cristal en la justicia

Futuras juezas hablan sobre el techo cristal en la justicia Vídeo: ZML | Foto: ZOWY VOETEN

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Futuras juezas hablan sobre el techo cristal en la justicia J. G. Albalat

“Las juezas vamos a romper el techo de cristal en la justicia a cabezazos”. Claro y rotundo. La autora de la frase es Carmen Nisa, de 33 años y natural de Huelva, que ya ha aprobado la oposición para ser jueza y recibe formación en la Escuela Judicial, a pocos kilómetros de Barcelona. Desde ese espacio puede otear, al igual que sus compañeras Laura Elguero, María Iglesias Bueno y Victoria Borrego la extensión de la capital catalana.

Cualquiera de ellas podría haber pronunciado las palabras de Carmen. Lo tienen claro: las mujeres llegarán a la cúspide de la judicatura porque son más (56%) que los hombres. Es una cuestión de tiempo. No mucho: la Escuela cuenta este año 119 mujeres (73,91%) y 42 hombres (26,09%).

No solo la radiografía de los futuros jueces españoles ha evolucionado, sino también su forma de ver la profesión y la vida. Y eso a pesar de haber pasado años preparando la oposición. Por delante de todos los parámetros, expresan su vocación de servicio a una sociedad cambiante. En un encuentro con EL PERIÓDICO, Carmen, Laura, María y la mejicana Victoria defienden la necesidad de la presencia de mujeres en la judicatura porque “somos el 50% de la sociedad” y mayoría en la carrera judicial. Son conscientes de que la cúpula de la judicatura está dominada por los hombres, pero confían ciegamente en que esta tendencia se revertirá.

María, de León y de 34 años, y Carmen tienen grabadas las iniciales de sus padres en la toga. “Fue un esfuerzo de los tres”, asegura María. Carmen reitera: “Me han acompañado en este cambio y es un logro de los tres”. Ninguna de las dos, al igual que Laura, 30 años y de Santander, y Victoria, 30 años y oriunda del estado mexicano de Guanajuato (se trasladó a Barcelona por una red de formación iberoamericana) tienen familiares que ejerzan como jueces, lo que rompe un mito (solo el 4,52% de los alumnos tienen parientes en la judicatura). La madre de María es profesora y el padre funcionario; la madre de Carmen, administrativa, y su padre, ya fallecido, fue policía nacional.

La camiseta del Atlético

“Mi padre respetaba mucho a los jueces y fiscales y yo quería ser esa figura que él respetaba tanto”, asegura Carmen, que precisa que le gusta el derecho penal porque le permite estar cerca de las víctimas y hacer frente a las necesidades de los más desfavorecidos. “Te hace sentir que puedes cambiar el mundo para mejor”, agrega. Estuvo ocho años preparando la oposición y cuando flaqueaba recibía los ánimos de su preparador, un aficionado del Atlético de Madrid, que le repetía el lema del club: “Nunca dejes de creer”. Cuando aprobó, se compró una camiseta de ese equipo.

Laura que se refiere a ella como “muy organizada y responsable” esgrime que su propósito es “ayudar a los problemas de la gente”. Para acercarse a otros mundos, la Escuela organiza visitas a cárceles, aeropuertos, medios de comunicación y controles de alcoholemia. “Dejas la teórica y ves como funciona la vida y las consecuencias que pueden tener nuestras resoluciones”, subraya. Victoria reconoce que cuando piso por primera vez de un tribunal se "enamoró" de la profesión. “Brindamos un servicio importante en la vida de las personas", insiste.

Este diario preguntó a las cuatro jueces en prácticas sobre la necesidad de la participación de la mujer en la Justicia, si consideran que la conciliación familiar o la maternidad es un aspecto que influye en su carrera profesional y si la falta de mujeres en la cúpula judicial es un signo de machismo. “Es igual de necesario que haya mujeres como hombres en la Administración de Justicia, siempre que las personas que quieran presentarse demuestren que tienen los conocimientos que la oposición requiere”, explica Laura.

Sobre la maternidad y la disponibilidad que te deja la familia responde: “Es igual que en otro tipo de trabajo. No hay problema que desarrolles tu vida personal como quieras y con respeto a la profesión”. “No considero que la falta de mujeres en la cúpula judicial española sea un síntoma de machismo porque, simplemente, es necesario que se espere unos años”.

El machismo de los 80

Carmen sostiene también que es necesaria la presencia tanto de hombres como de mujeres “formados” en la Justicia. Eso sí, a su entender, el problema de la conciliación familiar es un aspecto negativo en el acceso a la carrera judicial y en los posibles ascensos, por la dedicación intensa en preparación de las oposiciones y la posterior formación continuada que se requiere.

Las asociaciones judiciales proponen desde hace años que se busquen fórmulas para compaginar familia, la profesión y la formación. Respecto a la escasez de mujeres en la cúpula, Carmen asegura que es un signo del “machismo de la sociedad de los 80 en este país”, el momento en los que ahora están en los altos cargos judiciales accedieron a la carrera.

Para María la presencia de mujeres juezas es esencial porque es un ámbito donde se toman decisiones “fundamentales para la sociedad”. Sobre la conciliación familiar y la maternidad es concisa: “Es necesaria una corresponsabilidad entre la madre y el padre para que nuestra carrera no sufra un perjuicio”.

“La falta de mujeres en la cúpula judicial española ahora no refleja lo que es la carrera, porque somos el 56% y estamos infravaloradas. Es una situación que tiene que cambiar”. Para Victoria, la “sensibilidad y sensibilización de la que somos características nos permite abordar la justicia desde una perspectiva muchísimo más integral”. En su país, Méjico, se implementa la equidad de género en la Administración de Justicia.

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