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20 aniversario del Prestige

"Fui el funcionario que se buscó para echarle la culpa, pero me sacrifiqué por España"

"El capitán debería haberle pedido perdón a los gallegos por haber traído el petrolero a morir a Galicia", dice José Luis López-Sors, ex director general de la Marina Mercante y responsable de alejar el petrolero

José Luis López-Sors, en su casa en Madrid. David Castro

Tras el desastre del Prestige, tres personas se sentaron delante del juez como imputadas: el capitán del barco, Apostolos Mangouras; el jefe de máquinas, Nikolaos Argyropoulos; y el director general de la Marina Mercante, José Luis López-Sors González (Ferrol, 1941), el único cargo público incriminado, concretamente por un delito contra el medio ambiente. El ingeniero naval y funcionario de carrera gallego fue quien tomó la controvertida decisión de alejar el buque fuera de nuestras costas. Finalmente, después de más de 10 años de su vida arruinados, como él mismo admite, quedó absuelto, siendo la primera vez que el Estado español fue dispensado de toda responsabilidad civil o penal por el accidente de un petrolero en sus dominios. Ahora, tras dos décadas de la tragedia, su figura permanece en el centro de todo debate. Hasta sus seres queridos le han instado a rememorar aquella fatídica época: “Mis hijos a veces me preguntan, y les digo que hice lo que tenía que hacer”, sentencia. Actualmente, el ferrolano se dedica a recopilar información de “muchos siniestros marítimos” y está a la espera de que concluya este vigésimo aniversario para rematar un libro sobre la propia catástrofe.

¿Qué es lo más sorprendente que cuenta en esa obra?  

Me sorprende que los daños ecológicos producidos en el Prestige fueron menores que en el Mar Egeo, que naufragó en la propia costa, según los técnicos del Cedex (Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas).

VÍDEO | Los ojos del Prestige

VÍDEO | Los ojos del Prestige PI Docs

¿Alejando el barco, usted siguió una cierta “política española”, según se ha comentado, que exigía tal resolución ante la presencia de cualquier buque con carga contaminante averiado cerca de nuestras costas?   

Eso no es verdad, se estudia cada caso. El protocolo, que nace de un simulacro celebrado en 2001 en A Coruña, indicaba que un petrolero que pierde carga no se puede llevar a ningún puerto, pero es solo un punto de referencia. Primero, preguntamos a un técnico que había estado trabajando en trasvases en EEUU y nos contestó por escrito que no se podía hacer en el caso del Prestige porque teníamos una altura de olas muy elevada. Aparte, era una operación compleja. La segunda alternativa fue precisamente meter el barco en un puerto. El jefe de la sociedad de rescate holandesa Smit Salvage, contratada por el armador, quería conducirlo a Vigo, pero le dijimos que de ninguna manera lo íbamos a permitir debido a la riqueza de las Rías Baixas y del parque nacional de las islas Atlánticas. No queríamos ni imaginarnos las caras de los vigueses si veían aparecer por allí otro petrolero como el Polycommander. En el norte, entonces, el único puerto factible era el de A Coruña, pero quedó descartado por el práctico mayor. Además, había una ordenanza que prohibía meter un petrolero sin gobierno, como el Prestige, o con un calado superior a unos determinados metros. 

"Sí me sorprendió descubrir que Mangouras sigue vivo, yo creía que se había muerto. Tampoco he tenido gran interés en saber si estaba vivo o no"

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¿Quiénes fueron los responsables de la catástrofe?  

El armador, la compañía de inspección –American Bureau of Shipping (ABS)– y el capitán, que fue el máximo responsable. Cuando le ofrecimos remolque a Mangouras, se negó y lo que hizo fue trasladar la petición a la compañía griega, luego esta aceptó, pero era él quien tenía que haberse mojado. Con respecto a ABS, el pleito en EEUU no nos dio la razón [al Estado español] porque es prácticamente imposible que un juzgado de Nueva York culpe a la empresa nacional en estos casos, pero nos facilitó un montón de documentación que no habría podido conseguir la Abogacía General. Se nos echó en cara que hubiéramos gastado más de 30 millones en ese proceso, pero toda esa información sirvió para la instrucción de Corcubión y para mejorar nuestra defensa... Al final, no nos condenaron. Si a mí me hubiesen condenado, lo hubiera tenido que pagar todo el Estado.

¿Le sorprendió descubrir que Mangouras sigue vivo?

Sí me sorprendió, yo creía que se había muerto. Tampoco he tenido gran interés en saber si estaba vivo o no. Tenía sus años y, además, padecía una enfermedad de corazón, ¡estaba tomando Sintrom! Debería haber estado cuidadito, no navegando por ahí… No sé cómo salió bien de todo lo que ocurrió. Ahora, con motivo del vigésimo aniversario, se está haciendo una campaña para reclamar que él no tuvo la culpa, pero tiene su gracia porque él sabía en qué estado estaba el barco cuando salió de San Petersburgo, por lo que es bastante culpable. Además, a nosotros no nos contó la verdad. El 13 de noviembre a las 16.00 h, llamó a Grecia, a sus jefes, y les contó que se había caído un mamparo, pero a nosotros no nos lo dijo hasta las 22.00 h. Luego, tomó una mala decisión para equilibrar el buque, sometió a la estructura a un esfuerzo para el cual no estaba preparada y el petrolero terminó rompiendo por todas partes.

¿Escuchó además su crítica a las autoridades españolas y su queja por no haber podido defenderse?  

Sí, me llamó mucho la atención que dijese que no le permitieron hablar. En Barcelona, dio una conferencia en la que le echó la culpa del siniestro a una ola gigante, a un submarino que al emerger tropezó con su barco y lo rompió, a troncos de madera o a contenedores que habrían caído de otro buque. Poco más podía decir. Y, es más, al final del juicio, el juez le dio la palabra. Fue ahí cuando pidió perdón a los gallegos. Pero lo que debería haber hecho era pedir perdón realmente por haber traído el petrolero a morir a Galicia. Insisto en que, si el Prestige no estaba para navegar, él era el responsable, y tenía a los inspectores de la sociedad de clasificación todos los días en el barco. Además, empezando el invierno, meterte en Finisterre…

¿Alguien del Gobierno del PP de entonces le dio las gracias por haber defendido a España, como usted siempre ha proclamado, tras figurar como el único cargo público imputado?  

No tenían por qué dármelas, pero en el Gobierno son así… (risas). Uno hace las cosas porque las tiene que hacer, va con el sueldo. Además, amo a España y a Galicia, por lo que lo hice de mil amores y sacrifiqué todo lo que era necesario y más. Aparte, a mí me dolió todo lo que ocurrió y el Gobierno trató de ayudar y retribuir a la gente que se esforzó recogiendo el chapapote. También es verdad que el Estado no tenía gente para realizar estas limpiezas. 

¿Qué sintió cuando Nunca Máis pidió para usted cinco años de prisión? 

En el fondo, yo me podía haber apuntado a Nunca Máis porque me gustaría que nunca más pasara que un barco rompiéndose llegara a las costas gallegas. Ellos querían que la administración arreglase una papeleta sin medios y con todo en precario. Lo que teníamos que hacer desde la Dirección General de la Marina Mercante lo hicimos. ¿Le vas a echar la culpa a los que tuvimos que trabajar ahí? Algunos se jugaron la vida, como el bueno de Serafín Díaz, el ayudante de inspección de buques que bajó al barco desde el helicóptero, y eso que tenía más años que yo. Además, Smit Salvage no cumplió, porque se presentó 24 horas después y sin aparejos, fue una barbaridad.

"Amo a España y a Galicia, por lo que lo hice de mil amores y sacrifiqué todo lo que era necesario y más"

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Al final, fue imputado.   

Sí, y tenía dos opciones: ir al juicio o no ir. Mi convencimiento en aquel momento era que, si no iba, me podían poner una multa, pero a la cárcel no me iban a llevar. ¡Si es que yo estaba hasta jubilado cuando fue el juicio! Decidí ir porque tenía que defender a España y defender mi gestión, que había sido positiva, por muchos malos ratos que hubiera pasado la gente, aunque yo no fui el culpable. Lo que pasa es que en estos juicios se trata de buscar siempre a un funcionario que pueda compartir la culpa. Ocurrió lo mismo con el Mar Egeo: para el pleito, también encontraron a un funcionario del Estado a quien echarle la culpa, además de al capitán del barco. Pues en el Prestige, fui yo. La acusación de los de Nunca Máis iba dirigida a tres personas: al delegado del Gobierno en Galicia, Arsenio Fernández de Mesa; al capitán marítimo de A Coruña, Ángel del Real; y a mí. Es decir, los que salimos a dar la cara ante la prensa. Ellos pretendían que nos echáramos la culpa entre nosotros y que alguno cayera. Aunque yo no era el que más rango tenía, era el que disponía de más conocimientos, por ello asumí finalmente sentarme delante del juez. 

¿Cómo vivió los años que trascurrieron desde que fue acusado hasta que conoció su absolución?  

Yo era funcionario del Estado con un nivel relativamente alto, y, tras el Prestige, cambió todo. Iba al Ministerio, pero no tocaba ni un papel; no me morí de hambre, pero me aburrí todo lo que quería y más. Me sentí apartado, tuve la mala suerte de vivir una época difícil. Y eso que en salvamento marítimo se dice que, cuando sales a un accidente, si consigues volver, ya le puedes dar las gracias a Dios, pero si además vuelves con la tripulación rescatada, vuelves tocando palmas.

¿Como amante de Galicia que dice ser, le entraron ganas de ayudar en la recogida del chapapote cuando vio la marea negra?  

Ni me lo planteé porque no habría podido ir. Pero te puedo admitir que sí quise bajar a cuatro mil y pico metros cuando el barco se hundió. Ningún amigo mío lo había hecho y me hacía ilusión, pero me mandaron a paseo. Solo pude facilitar el nombre de tres técnicos para realizar esa tarea. Y fueron ellos precisamente quienes luego anotaron aquello de los “hilitos de plastilina” y se quedaron tan panchos. Ese papel llegó a manos de Mariano Rajoy, [vicepresidente y portavoz del Gobierno de José María Aznar], y él, simplemente, quiso respetar la opinión de los expertos.

"Quise bajar a cuatro mil y pico metros cuando el barco se hundió, pero me mandaron a paseo"

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Usted tenía la intención para este vigésimo aniversario del Prestige de reunir a las administraciones en el parador de Muxía, recientemente inaugurado tras ser una de las promesas de Aznar después de la tragedia.

Todos los años por estas fechas, se podrían organizar unas jornadas internacionales de trabajo sobre temas marítimos. Para ello, habría que reunir el esfuerzo del Estado, la Xunta y los sectores que lo deseen. Así, se prolongaría la temporada alta del Parador Costa da Morte, se recordaría el Prestige y se sembraría a favor de los sectores económicos relacionados con la mar en beneficio de los gallegos. Aunque tenga algunos años ya, también tengo una experiencia que puedo poner encima de la mesa. 

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