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Ley trans

Carmen Calvo, sobre la 'ley Trans': "Cuando legisla sobre derechos, el PSOE es muy riguroso"

La exvicepresidenta carga contra "la derecha que no acaba de aceptar las leyes de la democracia" y la "otra izquierda que nos da lecciones"

Por la izquierda, Ana González, Gimena Llamedo, Carmen Calvo y la histórica militante socialista Aida Fuentes Concheso. Fernando Rodríguez

"Mi partido es muy riguroso cuando legisla sobre derechos". Con una advertencia con destinatarios múltiples, acaso dirigida tanto hacia el interior del PSOE como al socio del Gobierno de coalición, Carmen Calvo explicó ayer en Pola de Laviana (Asturias) por qué mira con lupa la 'ley trans' y su grupo parlamentario se está alargando en las enmiendas. Ante las voces discordantes en las filas socialistas, y en mitad de la disonancia que el trámite parlamentario de la norma ha desatado con el Ministerio de Igualdad y con Unidas Podemos, la exvicepresidenta informó a los suyos y a los otros de que en materias sensibles "tenemos que legislar con rigor, equilibrio y garantía de constitucionalidad. Mucho más cuando se trata de derechos y afecta a menores. Eso requiere el trámite parlamentario en el que estamos y la capacidad de hacer una ley que encaje en nuestro modelo jurídico, aprenda de lo que han hecho otros países y pase el filtro del Constitucional".

¿Se entiende entonces que hay quien no está poniendo el mismo cuidado? Sin mencionar la controversia, Calvo responde recordando el filtro de constitucionalidad que todas las leyes de igualdad, "todas socialistas", tuvieron que pasar tras ser recurridas por el PP. Sin hacer referencias a las fisuras que pueda haber en el PSOE, da por hecho que "lo que pensamos en mi partido es que esta ley, que va a afectar a derechos muy importantes, va a pasar ese filtro y debe ser abordada con el mismo rigor y cuidado que aplicamos siempre a estas materias". Por lo demás, remata, "es lógico que haya controversia. Lo contrario sería muy raro".

Calvo, presidenta de la comisión de Igualdad del Congreso, había aceptado la invitación para hablar en Laviana de los "nuevos retos" del feminismo en una charla alterada respecto al programa previsto. El cartel decía que la presentaría Adriana Lastra, y que éste sería el acto de su reaparición en público por primera vez desde que renunció en julio a la vicesecretaría general del PSOE, pero la diputada asturiana, en avanzado estado de gestación, tuvo que ausentarse por prescripción médica. Quedará para otra ocasión el reencuentro en público entre dos puntales del sanchismo que tuvieron cargos relevantes y han cedido protagonismo con el correr de esta legislatura.

En la introducción de la charla de Calvo reemplazó a Lastra la alcaldesa de Gijón, Ana González. El presidente del Principado, Adrián Barbón, recién restablecido del covid, acompañó a la ponente hasta la entrada de la Casa del Pueblo, saludó y se tuvo que marchar a un acto en Gijón. Entre el centenar aproximado de personas que llenaban la sala escuchaban, entre otros, el diputado Roberto Morís; la número dos del PSOE en Asturias, Gimena Llamedo; la portavoz parlamentaria, Dolores Carcedo; el consejero de Salud, Pablo Fernández, o el presidente de honor de la FSA, Pablo García.

La charla sin papeles de Calvo se fue bifurcando en multitud de direcciones. Antes de entrar, hablando de la muerte de la niña Olivia García en Gijón, presuntamente a manos de su madre, y del cuestionamiento que la defensa de su padre ha hecho de la legislación sobre violencia de género, la dirigente socialista quiso aclarar que "las leyes se hacen con arreglo a estadísticas. Y estadísticamente, la violencia se produce de los hombres hacia las mujeres. Por eso existen leyes que tratan de proteger a las víctimas estadísticamente mayoritarias de esos actos, que tienen un carácter patriarcal. También se producen violencias en la familia. Claro. Pero eso no resta ni un ápice de veracidad a la constancia de que la lucha contra la violencia de género es un tronco fundamental del equilibrio de la igualdad entre hombres y mujeres. El caso es durísimo y tristísimo, pero no conviene mezclar las cosas. Eso les gusta mucho a quienes nunca han defendido la igualdad y piensan que el feminismo es algo pasajero", afirma la exvicepresidenta. "Cuando suceden estas cosas, conviene que no entremos en un debate que debilita una posición de avance de las democracias".

Calvo venía a hablar de feminismo, pero se extendió en una amplia introducción de alineamiento político. Hablando de la exhumación de los restos de Queipo de Llano, y de Alberto Núñez Feijóo queriendo "pasar página de los muertos", la diputada cargó contra "una derecha que no acaba de aceptar enteramente las reglas de la democracia", habló de "bochorno" al llegar a la renovación pendiente del Consejo General del Poder Judicial y advirtió tanto contra la difusión que están alcanzando "ideas fascistas" como contra la "otra izquierda, la minoritaria", la que "se dedica a dar lecciones desde su minoría", "creyendo erre que erre que está en posesión de la verdad".

El feminismo está, dijo, en "el origen de la lucha por la democracia para más de la mitad de la población" y sigue estando abocado a poner "negro sobre blanco las contradicciones de la democracia", porque "la lucha de las mujeres y del feminismo todavía no se ha abierto paso para ser la gran lucha de la democracia". Volvió sobre su apuesta decidida por la abolición de la prostitución y contra los vientres de alquiler y reafirmó la situación central del feminismo en sus posicionamientos políticos. "El feminismo es el cincuenta por ciento del socialismo", remarcó.

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