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Aniversario de la tragedia

Veinte años del Prestige: las dos caras de una catástrofe que marcó a Galicia

Faro de Vigo recoge los testimonios, opuestos, del conselleiro de Pesca y Asuntos Marítimos por entonces, Enrique López Veiga, y del portavoz nacional de Nunca Máis, Rafa Villar

Rafa Villar (izquierda) y Enrique López Veiga. Al fondo, el 'Prestige' partido en dos. M. G. BREA | FDV | SASEMAR | I. A.

El próximo 13 de noviembre se cumplirán 20 años de una de las peores catástrofes medioambientales vividas en todo el planeta: el Prestige. Un petrolero monocasco de capital griego –bandera de Bahamas– con nombre homónimo en condiciones deplorables –acabó partido en dos el 19 de noviembre tras dar el SOS seis días antes– y con 77.000 toneladas de fuel a bordo perdió, tras un temporal, la mayoría de su carga durante semanas inundando de chapapote las rías gallegas especialmente, aunque su rastro acabó impregnado, incluso, en Cantabria, Asturias, el País Vasco y Francia. Una marea negra que provocó una excepcional rebelión ecológica de cientos de miles de voluntarios, no solo de Galicia, sino procedentes de diferentes lugares de España y del extranjero, que no dudaron en ensuciarse para tratar de rescatar el entorno natural.

Nació entonces el movimiento social Nunca Máis, que alzó su voz de protesta y llenó las calles para exigir soluciones. Detrás de la iniciativa figuraban, principalmente, el BNG, el PSOE, colectivos ecologistas, organizaciones sindicales y asociaciones vinculadas al sector del mar, algunas incluso cercanas al PP. En el blanco de sus críticas, la Xunta y el Gobierno central, ambos regidos por los populares, con Manuel Fraga y José María Aznar a la cabeza, respectivamente. Al primero se le acusó de irse de cacería cuando estalló la crisis, y al segundo, de visitar la zona afectada un mes más tarde. En todo momento, también en la actualidad, la derecha ha defendido que su gestión de los hechos fue la correcta.

La tragedia del Prestige cumple 20 años. EFE

Todavía a día de hoy, el enredo judicial sigue abierto. El Tribunal Supremo estableció indemnizaciones por valor de casi 2.000 millones de euros –elevadas a 2.500 por la Audiencia de A Coruña– y condenó al capitán del Prestige, Apostolos Mangouras, de avanzada edad, por un delito contra el medio ambiente –cumplió tres meses en la cárcel tras ser evacuado de la embarcación y dos años de libertad vigilada–; a la aseguradora The London P&I Club; a la propietaria del barco, Mare Shipping, de forma subsidiaria; y al Fondo Internacional para la Indemnización de Daños causados por Hidrocarburos (Fidac).

La realidad es que actualmente no se ha recibido ni un euro de ese paquete compensatorio, ya que la batalla se está librando ahora en la justicia británica. Con todo, de recibirse, la cantidad ascendería a un máximo de 1.000 millones, el límite contratado entre la naviera y The London P&I Club. La única persona de la administración que acabó imputada –no condenada–, fue el director general de la Marina Mercante, José Luis López-Sors, sobre quien recayó la decisión de alejar el buque a 250 km de Galicia, criticada por expertos. Después de dos décadas, FARO recoge los testimonios confrontados de dos figuras destacadas de aquel momento histórico: el conselleiro de Pesca e Asuntos Marítimos por entonces, Enrique López Veiga, y el portavoz nacional de Nunca Máis, Rafa Villar.

Enrique López Veiga: "Tuve una sensación, en parte, de soledad; había gente próxima que no me entendía”

“Las personas estaban tranquilas con nosotros porque a los 15 días cobraron los afectados”

Enrique López Veiga fue la figura que se mantuvo al frente de la Consellería de Pesca e Asuntos Marítimos, con el PP, durante la catástrofe del Prestige. “20 años después, ya lo recuerdo poco, afortunadamente, porque fue una época muy dura, incluso me afectó a lo personal”, confiesa a Faro de Vigo, del grupo Prensa Ibérica: “Fue una sensación, por una parte, de soledad: gente que no te entiende, que es próxima a ti y que te mira creyéndose el discurso de Nunca Máis”.

“Nunca Máis fue una instrumentalización política del BNG, aunque luego se apuntó el PSOE. Esa motivación es uno de los ejemplos de lo que nunca hace el PP"

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El exconselleiro se reafirma a día de hoy en todo lo que expresó por entonces: “Sacamos un libro, ‘Prestige’: la fuerza de los hechos, que se publicó porque no estábamos dispuestos a que se pasara el relato de otros, y suscribo la totalidad de lo que dijimos en aquella publicación”. Además, continúa, se encargó desde la Xunta “un estudio socioeconómico de las consecuencias”: “Después –en 2005–, perdimos el gobierno y el estudio estuvo secuestrado por el bipartito, que no lo quiso publicar porque no le gustaban las conclusiones, las cuales indicaban que se habían hecho las cosas razonablemente bien. Y luego estuvo la sentencia del juez, que también es muy rotunda; y, aparte de eso, tantos años después, nadie ha dicho lo que se tenía que haber hecho con el petrolero, esa es la mayor cobardía, a pesar de criticar que se llevara hacia afuera, la cual yo creo que era la solución menos mala y había que reaccionar rápido”, reitera. 

A nivel individual, López Veiga, en base a su versión, no sufrió excesivos problemas con los mariscadores, y los que tuvo fueron “en la zona menos afectada, las Rías Baixas”: “Donde sucedió el impacto, el diálogo con las cofradías fue constante, la gente estaba tranquila porque a los 15 días, ¡a los 15, eh!, estaban cobrando los afectados, eso contrasta con lo que pasó tras el volcán de La Palma”.

El también exsenador recuerda de buen grado “el sentido de grupo del equipo de lucha” de su partido en los momentos más complejos. Con todo, no olvida la dolorosa ausencia de una importante personalidad del PP nacional: “Lo que hay que evitar es lo que nos pasó con el ministro Álvarez Cascos, no apareció por aquí y eso sí que nos hizo mucho daño, porque Mariano Rajoy, Jaume Matas y Miguel Arias Cañete, por ejemplo, estuvieron presentes todo el tiempo, pero cuando el representante no aparece… tampoco apareció Aznar hasta después; más tarde, se dieron cuenta y pusieron todos los medios a nuestra disposición, pero se dio una sensación de que el Gobierno no existía, aunque no fuera verdad, y eso es muy complicado”.

"Mariano Rajoy, Jaume Matas y Miguel Arias Cañete, por ejemplo, estuvieron presentes todo el tiempo, pero cuando el representante no aparece… tampoco apareció Aznar hasta después"

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Paralelamente, una de las mayores dificultades del momento, según el extitular de Asuntos Marítimos, fue controlar la imagen que se proyectaba de la gestión: “Nosotros teníamos muy claro que, aunque fuéramos críticos internamente, hacia el exterior no lo podíamos demostrar porque era una tontería, no puedes saltar en medio del problema, y, además, era el Gobierno del PP”. Otro de los temporales que capeó, aunque prefiere no tratar el asunto, fue el de la dimisión –exigida– del conselleiro de Obras Públicas e Ordenación Territorial, Xosé Cuiña, número dos del propio Fraga, tras haber sido señalado por tramitar a través de una empresa familiar los trajes de agua y las palas para limpiar el chapapote de las costas gallegas.

“El error más grave del Prestige fue Nunca Máis”, asevera sin duda. “Fue una instrumentalización política del BNG, aunque luego se apuntó el PSOE. Esa motivación es uno de los ejemplos de lo que nunca hace el PP”. A pesar de ello, admite que la plataforma “sí tuvo éxito”: “No ayudó el episodio de la cacería de Fraga ni la actitud aparentemente distante del Gobierno, pero la gente se fue desengañando masivamente del movimiento porque mucha gente se sintió utilizada”.

La realidad es que en las manifestaciones de Nunca Máis también participaron ciudadanos afines al PP, incluso se llegó a sopesar ir más allá dentro del partido, sin éxito: “Hubo quien pensaba que sí había que ponerse a la cabeza de la manifestación, a mí me pareció siempre una estupidez”, afirma López Veiga. Además, abunda, “Nunca Máis patinó en el juicio”, el cual “perdieron”: “La sentencia refiere que López-Sors no pretendió hacer ningún daño, sino resolver la situación de la mejor manera que sabía, y la plataforma estaba presentada como acusación”. 

“El error más grave del 'Prestige' fue Nunca Máis”

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Una de las medidas presentadas por el Ejecutivo de Aznar para mitigar las consecuencias del Prestige fue el Plan Galicia, una “idea estupenda”, a tenor de las valoraciones del exconselleiro: “Luego, el PSOE le llamó ‘plan Galicia de mierda’ y lo cortó”. En el ámbito ecológico, asegura que la tragedia ha dejado “muy pocas huellas”: “No hubo tal catástrofe y mortalidad”. ¿Afectó políticamente el Prestige a los populares? “Las elecciones autonómicas del 2005 las ganó clarísimamente el PP, quedó a un escaño de la mayoría absoluta, y eso propició la coalición BNG-PSOE, que duró lo que duró. Fueron un montón de cosas, muchos años de gobiernos del PP, y eso conlleva un cierto desgaste natural”, expresa. 

Sobre el miedo a darse un acontecimiento semejante al del 2002, López Veiga coincide, en este único caso, con Rafa Villar: “La posibilidad de un accidente siempre va a estar mientras dependamos del petróleo, pero se ha avanzado mucho: hay mejores materiales, la Unión Europea adoptó una serie de reacciones con respecto a los petroleros de doble casco, se alejó el corredor, surgió la Agencia Europea de Seguridad Marítima (AESM)… Con todo, la UE debería hacer algo con los petroleros con bandera de Bahamas, Liberia, etc., mientras permitamos que toda esa porquería circule libremente por las aguas comunitarias, ese riesgo está ahí, y se trata además de una evasión de impuestos. Habría que haber adoptado las mismas medidas que EE. UU. adoptó con el Exxon Valdez”, termina. 

Rafa Villar: “En Galicia creció una conciencia sobre el mar y la defensa del territorio”

“En Nunca Máis, estaban presentes diversos colectivos, hasta cofradías ligadas al PP”

El escritor y expolítico nacionalista Rafa Villar González desempeñó el papel de portavoz nacional tras erigirse como una de las primeras personas que se involucraron en el origen de Nunca Máis, un movimiento social nacido “pocos días después del SOS del Prestige que reivindicaba soluciones a corto, medio y largo plazo; reclamaba que nunca volviese a suceder una catástrofe ecológica de tal magnitud; y exigía responsabilidades políticas”, relata a FARO 20 años después de lo ocurrido.

Dos décadas más tarde, Villar conserva en su retina “la imagen del chapapote llegando a las playas y al medio marino”: “Además, afectó a una zona que siempre relaciono con mi infancia, la Costa da Morte, porque viví casi 20 años allí, recuerdo ver lugares que conocía arrasados por esa marea negra”, rememora. 

“Entre el SOS y el hundimiento del Prestige pasaron seis días en los que las autoridades nada hicieron o, al menos, tuvieron un comportamiento errático con respecto a lo que hacer con el barco”, recapitula. Fue precisamente ese el chispazo que provocó una movilización histórica no solo en Galicia, sino también en Madrid, sacando a la calle a cientos de miles de ciudadanos de diferentes ideologías: “Nunca Máis nace como una manifestación de una magnitud brutal celebrada el 1 de diciembre, y un día después seguía ahí el problema, el chapapote, no se sabía lo que iba a pasar, y estaba teniendo un impacto medioambiental y socioeconómico clarísimo sobre la pesca y el marisqueo”. 

"Afectó a una zona que siempre relaciono con mi infancia, la Costa da Morte, porque viví casi 20 años allí, recuerdo ver lugares que conocía arrasados por esa marea negra”

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Para el exportavoz, el gran éxito de la organización, cuya bandera era la de Galicia, pero con fondo negro, fue “poner el dedo en la llaga y alertar ante una problemática que era gravísima”: “Desde las autoridades estaban mintiendo y negando la magnitud de la tragedia, es decir, se estaba minimizando lo que significaba el impacto de la marea negra, y Nunca Máis mantuvo permanentemente encendida la llama en lo que tiene que ver con la seguridad marítima, con la protección del litoral y con la necesidad de un resarcimiento económico para la gente que estuvo parada durante semanas”, abunda. 

En algunos sectores, “muy minoritarios”, la llegada del auxilio monetario gubernamental “pudo acallar voces”, pero el también exmilitante del BNG reitera que “sin la movilización social generada en torno a Nunca Máis, posiblemente el volumen de esas ayudas o sería mucho menor o tardaría mucho más en llegar; en todo caso, era un dinero al que tenían derecho todos los afectados”, especifica. 

Sin embargo, afirma también que “fueron varios” los objetivos que no se consiguieron cumplir con la plataforma: “Se avanzó poco en legislación ambiental, es cierto que se pusieron en marcha nuevos protocolos de actuación, pero no es seguro que haya un plan de contingencias actualizado a día de hoy para afrontar con todas garantías una situación similar”. Sobre la posibilidad de un nuevo accidente marítimo próximo a nuestras, no lo descarta, pues “circulan unos 12.000-13.000 buques con mercancías peligrosas frente a Fisterra”.

En respuesta a las detracciones de la derecha a Nunca Máis por ser, según su versión, un instrumento político, el escritor abunda que el movimiento fue “muy plural y diverso”: “Era una de las críticas fáciles a Nunca Máis; estaban sectores vinculados al BNG, al PSOE, a CC. OO., a la CIGA, a UGT, diversos colectivos, cofradías incluso ligadas al PP... iba mucho más allá, de hecho, no era una plataforma controlable por nadie, era tal la cantidad de actos y de movilizaciones que no había control”. 

"Desde las autoridades estaban mintiendo y negando la magnitud de la tragedia, es decir, se estaba minimizando lo que significaba el impacto de la marea negra"

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“Nunca Máis contribuyó, por una parte, a elevar el nivel de la conciencia ambiental en Galicia, aunque se perdió algo, y con ella creció una conciencia de identidad de defensa de lo propio, del mar, de la tierra, del territorio”, constata, a la vez que se pregunta si esto “recoge políticamente a alguien”. “Puede ser que al nacionalismo o a otros partidos”, puntualiza. 

Otro de los frentes que conquistó la protesta fue el de fortalecer “la necesidad que tiene la ciudadanía de fiscalizar los poderes públicos”: “Aumentó una mayor conciencia de país, y no hablo en el sentido más puramente político, sino de esa sensación de quedar algo que une a un país”, continúa. 

“Se avanzó poco en legislación ambiental, es cierto que se pusieron en marcha nuevos protocolos de actuación, pero no es seguro que haya un plan de contingencias actualizado a día de hoy para afrontar con todas garantías una situación similar”

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Con todo, ¿ha heredado Galicia algún elemento de lo acaecido en esta catástrofe? “El espíritu de Nunca Máis no lo tenemos nosotros, está o no en la sociedad gallega, y yo creo que, ante situaciones similares, es posible que se vuelva a reproducir el grito ‘nunca máis’; sí veo en el día a día que hay gente que defiende la cuestión ambiental, podría ser mayor, pero sin el Prestige y Nunca Máis, seguramente estaríamos un más paso atrás”. 

Finalmente, con respecto a la sentencia judicial, Villar la resume así: “Fue un poco frustrante para mí, ‘el culpable era el maquinista’, diciéndolo metafóricamente, no se fue más allá, no se van a determinar las responsabilidades de quien las tuvo, que obviamente no las tenía solo el capitán, sino la armadora, la clasificadora... Ese barco no podía estar circulando en el estado en el que estaba y menos cargado con 77.000 toneladas de fuel”. Además, en un “segundo peldaño”, insiste en las “responsabilidades políticas”: “Ahí el juicio pasó de puntillas, el director general de la Marina Mercante, López-Sors, sale de rositas, y no lo digo por la persona, sino por lo que ello significaba, tenía que incluir igualmente un toque de atención al Gobierno por su gestión, en la que hubo errores flagrantes”, finaliza.

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