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Cinco años después

Marta Rovira, Jordi Sànchez y tres planes para votar el 1-O: así se gestó el referéndum

Salen a la luz los nombres que estuvieron tras la arquitectura de aquella votación y el funcionamiento de una estructura piramidal que permitió escapar el radar policial

Las urnas del 1-O del 2017 llegando a un colegio electoral. FERRAN NADEU

No había un solo plan para votar, sino tres. La organización clandestina del referéndum la diseñó una cúpula política y fue ejecutada por miles de personas que se relacionaron entre ellas en clave y, a menudo, desde el anonimato. La policía no encontró las urnas, a pesar de que estas hicieron un largo recorrido -primero por mar y después por carretera- y de que fueron almacenadas en diferentes locales repartidos estratégicamente por toda Catalunya. El 1-O se votó y el Palau de la Generalitat se convirtió en un centro logístico. Cinco años después, salen a la luz los detalles del dispositivo que lo hizo posible y los nombres que estuvieron tras la arquitectura de aquella votación.

Plan a, plan b y plan c

Había tres planes para sacar adelante el 1-O. El primero no fue posible porque implicaba utilizar las urnas oficiales de las elecciones. Después del requerimiento de la fiscalía a la entonces 'consellera' de Governació Meritxell Borràs, el Govern descartó esa posibilidad. El plan b es el que se acabó ejecutando, aunque había dos tipos distintos de urnas: las de plástico con el escudo de la Generalitat que finalmente se usaron para depositar las papeletas y otras desmontables de un tipo de plástico más fino que no fueron necesarias. De hecho, la policía llegó a entrar en uno de los almacenes donde se guardaban estas últimas, pero no las identificó porque sin montar eran completamente planas. La última de las opciones, si las otras fallaban, eran unas urnas de cartón similares a las que ya se utilizaron en la consulta del 9-N de 2014.

Organización piramidal

La organización del referéndum se diseñó en forma piramidal y por compartimientos estancos. Había, por ejemplo, un departamento de urnas, uno de censo o uno de papeletas. Las personas que formaban parte de cada uno no sabía quién formaba parte de los otros ni qué hacían. Todos acababan teniendo alguien por encima y alguien por debajo y, en muchas ocasiones, no se conocían entre ellos. Era una cadena de confianzas en la que unos se transmitían a los otros lo que debían hacer. Entre los que custodiaban las urnas, había quien creía que formaba parte del plan alternativo de reserva, pero se acabó dando cuenta, horas antes del 1-O, de que formaba parte del plan definitivo.

Marta Rovira, la pieza clave

Había tres personas que diseñaron la logística del referéndum, que centralizaron en un documento de Excel que ya no existe. Como revela el documental 'La piràmide invisible. Les urnes de l'1-O' de El Terrat, la principal fue la secretaria general de ERC, Marta Rovira, que en marzo del 2018 se exilió en Suiza y que en estos momentos continúa procesada por rebelión. El sistema clandestino para votar se fue articulando en paralelo al sanedrín del 'procés', encargado de llevar el timón político y que incluía tanto personas de dentro como de fuera del Govern. La vocación fue aislar tanto al entonces 'president' Carles Puigdemont como al 'vicespresident' Oriol Junqueras de los detalles organizativos de la votación.

Jordi Sànchez y la compra de urnas

Jordi Sànchez, expresidente de la ANC y exsecretario general de Junts, fue quien encargó en marzo del 2017 la compra de las urnas que finalmente se utilizaron en el 1-O. El "señor Lluís" -nombre ficticio de un empresario que milita con el independentismo- fue quien hizo la compra y pagó de su bolsillo 100.000 euros por 10.000 cajas de plástico apilables que viajaron desde China hasta Marsella en tres grandes contenedores. Partieron de Guangzhou en junio y llegaron a finales de julio al puerto de Fos Sur Mer.

Coartada con el logo de Leroy Merlin

El exalcalde de Cadaqués Àngel Baró fue una de las personas que colaboró en acercar las urnas a su destino. Con su coche pasó varias veces la frontera y cargó hasta 650 cajas en dos viajes que se almacenaron en la mítica localidad de la Costa Brava. Diseñó una coartada por si era interceptado por la policía: imprimió un logo de la cadena de bricolaje Leroy Merlin e imprimió una imagen de un tiesto con flores que enganchó en el embalaje de cartón. Si le hubieron parado, hubiera argumentado que cargaba tiestos para plantaciones. Pero eso nunca pasó. En el documental, Baró explica que el 17 de agosto de 2017, justo el día en que se produjo el atentado en la Rambla de Barcelona, Puigdemont estuvo en un festejo en el municipio y ni siquiera sabía que se almacenaban allí una parte de las urnas del 1-O.

40 almacenes y coches de reservas

Una vez las urnas pasaron la frontera con Francia se distribuyeron en unos ocho almacenes repartidos estratégicamente. A medida que se acercaba la fecha, hubo encargados de trasladarlas hasta otros 40 almacenes -o lugares que actuaron como tal- para acercarlas a su destino final. Más o menos había uno por comarca. Pocos días antes del 1-O, los responsables de custodiarlas en sus domicilios, que recibieron mensajes anónimos por Telegram o Signal con ubicaciones, fueron a buscarlas. Algunas incluso estaban escondidas en pajares de masías o colgadas en los árboles. Muchos de los dispositivos de recogida contaban con coches de reserva por si les interceptaban por el camino y las urnas tenían que cambiar de vehículo. Una vez en manos de particulares, hubo quien las guardó en el maletero del coche con bolsas de basura o en armarios en casa hasta la hora de llevarlas al colegio electoral.

Pasteles, bocadillos y 'tuppers'

Si clandestina fue la organización del referéndum, clandestino fue también el lenguaje que utilizaban los implicados para comunicarse entre ellos. A menudo, se referían a las urnas como 'tuppers' o incluso con otras nomenclaturas más originales. En el Maresme, por ejemplo, las urnas eran "pasteles" y, las papeletas, "velas". En el caso del Vallès Oriental, las urnas eran "bocadillos" o "pizzas". En esta comarca fue clave el Circuit de Montmeló. Allí se organizó la logística para la votación del 1-O en la zona, bajo el paraguas de unas "jornadas sobre la reforma horaria".

El 'call center' de Palau

Durante la jornada de votación del 1-O, se anunció que, finalmente, el censo era universal para facilitar el voto a pesar de las cargas policiales. El Palau de la Generalitat alojó una especie de 'call center' desde el que se gestionaron los problemas informáticos que tuvieron las mesas y se atendieron llamadas para resolver incidencias. Desde allí se procuró contrarrestar los ciberataques que intentaron frenar el sistema de votación garantizando nuevos servidores. También se recogieron datos del recuento de votos, un resultado que se encargó de anunciar el entonces 'conseller' de la Presidència y actual secretario general de Junts, Jordi Turull.

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