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Aniversario de la moción

Albert Rivera hizo fracasar la moción de Arrimadas en Murcia y puso la puntilla a Ciudadanos

Su mano derecha, José Manuel Villegas, se encargó de llamar a Valle Miguélez, cuyo voto era decisivo para inclinar la balanza a favor de López Miras, y la convenció de desobedecer a su partido

Albert Rivera tras anunciar su dimisión como líder de Ciudadanos.

La moción de censura que los diputados de Cs firmaron en la noche del 9 de marzo del pasado año contra el Gobierno regional de Fernando López Miras y la alcaldía de José Ballesta, empezó a ser desactivada una hora después, cuando la vicepresidenta, Isabel Franco, informó al presidente y al alcalde Murcia de lo que se proponían el PSOE y su partido. La intervención de la mano derecha de Albert Rivera, Villegas, fue decisiva poco después para dar el vuelco a la iniciativa, al menos en la Comunidad.

1. CITA INMEDIATA. Franco, Álvarez y Guillén se reunieron para informar a López Miras y a Ballesta

Isabel Franco, vicepresidenta del Gobierno, y Francisco Álvarez, diputado de Ciudadanos, fueron los primeros en salir de la sede de su partido en Centrofama tras firmar la moción de censura contra Fernando López Miras. En el tramo desde la puerta al ascensor que conduce al garaje del edificio, cada uno hizo una llamada. Álvarez, a su mujer para decirle que no lo esperara hasta muy tarde, y Franco al Señor Amarillo: «Paco y yo vamos para tu casa. Pon algo para picar y llama al Concejal Alto y dile que vaya también, que es muy urgente». Algo más tarde, Valle Miguélez y el presidente de la Asamblea Regional, Alberto Castillo, coincidían en el mismo garaje: ella, junto a la puerta de su coche; él, ya sobre su moto, con el casco bajo el brazo. «¿Qué hemos hecho, Alberto?», dijo la diputada. Ambos se dirigieron a sus respectivos domicilios. Ella pasó una mala noche, prácticamente en vela. 

"Acabamos de firmar una moción de censura contra vosotros", informó la vicepresidenta al presidente y al alcalde de Murcia en un ‘tríplex’ telefónico organizado por el concejal José Guillén

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Una vez que los diputados de Cs y los concejales de este partido en el ayuntamiento de Murcia se hubieron marchado de la sede, Carlos Cuadrado, número dos de Inés Arrimadas, desplazado a Murcia para obtener las firmas de la doble moción de censura, recibía a tres miembros de la ejecutiva del PSOE, y les arrojó el documento al otro lado de la mesa:«¿No decías que no iban a firmar? Pues ahí las tenéis». Al poco, sonó el teléfono de Cuadrado; en la pantalla, un nombre: Teodoro García Egea. «Ya se han enterado. Alguien les ha advertido», reflexionó en voz alta el hombre de Arrimadas.

EN LA CASA AMARILLA. Es el 9 de marzo, y ya pasan de largo las diez de la noche. El Concejal Alto, José Guillén, llegaba a la Casa Amarilla, a las afueras de la capital, donde fue recibido por Álvarez en la puerta exterior: «Hombre, Paco, qué alegría de verte». «Cuando sepas lo que te vamos a contar te va a dar menos alegría». «Debe ser algo muy importante, porque me habéis dejado con la mesa de la cena puesta», replicó el concejal, mano derecha del alcalde José Ballesta. A través de los cristales de la cocina iluminada, Guillén debió ver antes de entrar a la vicepresidenta sentada sobre un taburete, apoyado un brazo en el pequeño mostrador de la estancia. No hubo frases protocolarias. «Si llamas ahora mismo a Fernando ¿se te pondrá?», le espetó Franco nada más verlo. Guillén quedó algo perplejo: «¿Por qué me haces esa pregunta? Tú eres su vicepresidenta. Llámalo tú». «No», dijo Franco, «llámalo tú y llama también a Ballesta. Quiero hablar con los dos a la vez. Y será en una única llamada. Cuando les diga lo que tengo que decirles, ya no hablaré con nadie más». «Joder, Isabel, dime para qué». «Se lo diré a ellos. No te lo pide tu amiga Isabel;te lo pide la vicepresidenta del Gobierno». 

Cuadrado supo que el PP estaba informado al recibir esa misma noche una llamada de García Egea que no contestó

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Guillén llamó primero a Ballesta: «La vicepresidenta quiere hablar contigo y con Fernando. No sé para qué es, pero ponte». Después llamó a López Miras, quien le respondió de inmediato, al primer tono: «¿Qué pasa, Pepe?». «Tengo aquí a la vicepresidenta, que quiere hablar contigo y con Ballesta». El concejal organizó el tríplex, y Franco anunció: «Venimos de la sede de Ciudadanos. Acabamos de firmar una moción de censura en la Comunidad y otra en el Ayuntamiento». 

Preguntada por este periodista el pasado jueves, la vicepresidenta no reconoce estos hechos: «Cuando salí de la sede de Ciudadanos me fui a mi casa». 

La moción estuvo a punto de fracasar tras su firma, pero Conesa 'se sacrificó'

La moción de censura estuvo a punto de encallar durante la misma noche de su firma. La delegación socialista que acudió a la sede de Cs no vio de buen grado que el nuevo Gobierno estuviera presidido por Ana Martínez Vidal (los naranjas, seis diputados) en vez de por su candidato, Diego Conesa (diecisiete). Los socialistas regresaron a la sede del PSOE en Princesa, donde les esperaba Conesa, para informarle de que habían dejado el acuerdo en el aire. El pretexto de Cuadrado es que Conesa estaba imputado por la supuesta exención de una multa de tráfico cuando era alcalde de Alhama (asunto que meses después fue archivado). El secretario general decidió esa noche ceder la presidencia a Martínez Vidal, aunque con la condición de incorporarse como vicepresidente cuando el juzgado resolviera a su favor.

2. A TRES BANDAS. El PP desechó adelantar elecciones porque Miras no podría ser candidato

Venimos Paco Álvarez y yo de la sede de Ciudadanos. Acabamos de firmar una moción de censura para la Comunidad y otra para el Ayuntamiento. La primera se va a presentar mañana. Es un hecho. Os respeto personalmente a los dos, y creo que debíais saberlo». Sus interlocutores, López Miras y Ballesta, quedan en shock. No dan crédito a lo que escuchan. El primero estaba a punto de cerrar con Cs el acuerdo presupuestario del año, y el segundo ya había llegado a un pacto por escrito con la dirección de ese partido, solo a falta de firma, para desplazar a Mario Gómez de la portavocía del Grupo Municipal. Isabel Franco insistió: «Ya os he dicho lo que pasa. Solo me limito a eso. No voy a hablar más». Ahí cerró su intervención en la conversación; el presidente de la Comunidad y el alcalde siguieron hablando por su cuenta.

López Miras informó a Teodoro García, éste a Casado, y el presidente del PP, al parecer, a Díaz Ayuso

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Al poco, Ballesta llamó a Guillén para pedirle que informara por teléfono y por los grupos de whatsapp a toda la organización del partido. Mientras tanto, López Miras llamó a Teodoro García Egea, quien tampoco podía creerlo. El secretario general del PP tenía precisamente con Cuadrado una cita para el día siguiente, a las cuatro de la tarde, y uno de los asuntos en cartera iba a ser el retoque del pacto con Cs en el ayuntamiento de Murcia:los populares habían hecho dimitir a su concejal Felipe Coello a cambio de que Cs destituyera de la portavocía municipal a Mario Gómez, quien por su parte andaba buscando acuerdos con el PSOE para firmar una moción de censura contra Ballesta. 

García Egea llamó a Cuadrado sin obtener respuesta, y también a Arrimadas, con el mismo resultado. Informó a Pablo Casado y éste, al parecer, a Isabel Ayuso, quien puesta en guardia convocó elecciones en la Comunidad de Madrid antes de que Cs completara la firma de sus diputados para presentar otra moción en la capital. 

En la Casa Amarilla se recibieron nuevas llamadas tanto de López Miras como de García Egea. Desconectada Isabel Franco, el diputado de Cs que la acompañaba, Francisco Álvarez, se convirtió en interlocutor de ambos. Dado que tanto éste como la vicepresidenta habían sido los primeros en marcharse de la sede de Cs no tenían del todo claro si la moción había sido firmada por todos (Cuadrado había dicho: «Si uno solo no la firma, no se presentará»), así como tampoco sabían si a esas horas ya había sido presentada por vía telemática para tomar la delantera a un posible adelanto electoral, una vez que PSOE y Cs sabían por las llamadas de García Egea a Cuadrado que en el PP estaban al tanto de todo. Álvarez opinaba que la moción ya había sido presentada; Franco, por el contrario, creía que lo sería en el registro parlamentario a la mañana siguiente. 

El secretario general intentó contactar infructuosamente con Inés Arrimadas y Carlos Cuadrado y empezó a trazar un mapa de posibles respuestas

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Franco y Álvarez habían sido testigos de la ‘espantada’ de Mario Gómez, que incluso había abandonado la sede porque su previsión era la de ser alcalde de Murcia por Cs a cambio de que el socialista Diego Conesa fuera presidente de la Comunidad. Pero el diseño que se le presentó fue el contrario: la Comunidad para Cs y el Ayuntamiento para el PSOE. Gómez lo consideró un desaire, que se expresó en el llanto de la concejala Paqui Pérez («Mario no se merece esto»). De los otros dos concejales de Cs, uno de ellos, Juan Fernando Hernández, parecía contento con la moción, al contrario que Pedro García Rex. El primero era el que Cs había designado como portavoz para sustituir a Gómez en la reedición del pacto municipal PP-Cs. 

La actividad en la Casa Amarilla se prolongó hasta casi las cinco de la madrugada. García Egea y López Miras buscaban soluciones. Franco había informado, pero en ningún caso dijo que votaría en contra de la moción. García Egea y López Miras contemplaron la opción del adelanto electoral, pero había un problema: la limitación de mandatos que inhabilitaba al presidente a optar a un tercer mandato. 

Días antes de la moción, PP y Cs cerraban el pacto para sustituir a Mario Gómez

La moción de censura PSOE-Cs sorprendió más en el PP porque estaban en marcha dos pactos con sus hasta entonces socios. La imagen corresponde a anotaciones en la agenda del alcalde, José Ballesta, que registran los contactos entre Enrique Ujaldón, miembro de la dirección regional de los populares, y José Gabriel Torregrosa, mano derecha de Ana Martínez Vidal en Cs. Como quedó reflejado en un documento con los logos de ambas organizaciones, se iba a proceder a la sustitución de Mario Gómez como portavoz naranja. El otro pacto era el que López Miras y Martínez Vidal cerraban sobre los presupuestos.

3. EL VOTO DECISIVO. Albert Rivera abortó la moción de Arrimadas atrayendo al ‘no’ a Miguélez

A las seis de la mañana, Carlos Herrera da la campanada en la COPE:«Hoy, PSOE y Cs presentarán una moción de censura en Murcia». Su fuente declarada: un concejal del PP a través de dos diputados de Cs. Isabel Franco envía un whatsapp a Guillén. Dice algo así: «He tenido un gesto fuerte, y vas y me traicionas». Pero Guillén no ha sido el filtrador. Hasta el día de hoy, todos atribuyen esa acción a Teodoro García Egea. Ni él ni López Miras durmieron esa noche, la del 9 al 10 de marzo. El debate interno era entre convocar elecciones o tirar la toalla, y en el primer caso desconocían si llegarían a tiempo. «Los murcianos no van a entender un adelanto electoral en plena pandemia», razonaba el presidente. Pero no confiaban en salir bien librados de la iniciativa de los socialistas y los naranjas, pues hasta ese momento, la vicepresidenta se había limitado a advertirles, pero nadie había dicho ni media palabra sobre que ella y Álvarez se retraerían de lo firmado. Y aun en el caso de que lo hicieran, los números no daban. Para neutralizar los 23 votos de la mayoría absoluta PSOE-Cs (17+6) no bastaba con dos deserciones, pues quedarían anuladas por los dos diputados de Podemos. Pero García Egea hizo sus cuentas:si Álvarez y Franco se echaban atrás, la clave de la salvación estaba en Valle Miguélez, tan descontenta como los anteriores de ‘la encerrona’ de Cuadrado en la sede de Centrofama. Ahora bien, ¿quién le ponía el cascabel a ese gato?

Quien sugirió a Valle Miguélez que retirara su voto de la moción de censura fue José Manuel Villegas, mano derecha de Albert Rivera

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Todo el mundo sabía que el Grupo Parlamentario de Cs, seis diputados, se subdividía en tres de dos. De un lado, la coordinadora del partido, Martínez Vidal, y el portavoz, Juanjo Molina; de otro, Franco y Álvarez, y un tercero:Valle Miguélez y Alberto Castillo, éste fichado por ella y que había obtenido la prima de convertirse en presidente de la Asamblea. Ni Franco ni Álvarez podían ser interlocutores de Miguélez, pero ésta tampoco tenía buenas relaciones con Martínez Vidal. En realidad la coordinadora del partido no coordinaba a nadie, pues todos sus esfuerzos habían estado dedicados a sustituir a Franco en la vicepresidencia del Gobierno, y se había distanciado de malas maneras de Valle Miguélez, después de que ésta la hubiera fichado para militar en Cs al poco de abandonar el PP cuando éste no la incluyó en sus listas electorales.

La perspectiva que se le ofrecía a Franco es que perdiera su condición de vicepresidenta para hacer presidenta a quien había intentado ocupar su cargo

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Por tanto, para atraer a Miguélez y que ésta arrastrara a Castillo había que actuar ‘desde afuera’. Intervenía el factor humano: Franco, si votaba la moción de censura, perdería su cargo de vicepresidenta para que Martínez Vidal, la persona que había intentado sustituirla, se convirtiera en presidenta. Parecía un mal negocio en términos emocionales. Por su parte, Miguélez, que había sido humillada con insistencia por la coordinadora, tampoco tenía ganas de encumbrarla. Y esto a pesar de que la noche de la firma se le había sugerido que sería presidenta de la Autoridad Portuaria (uno de los cargos más anhelados por su remuneración y discreta pero eficaz influencia). Para conformar a los que sabían que al firmar perderían el estatus que mantenían, Cuadrado les había animado, más o menos con este señuelo: «Y ahora, pedid lo que queráis. Habrá cargos para todos». Pero esto a cambio de hacer presidenta a Martínez Vidal.

VILLEGAS AL APARATO. García Egea y López Miras intuían que la moción podía ser abortada, pero necesitaban llegar a Valle Miguélez. ¿Cómo lo hicieron? Ha sido el gran misterio, porque solo lo sabe ella y quienes la contactaron, y éstos, por razones obvias, mantienen el secreto, aunque alguno presume de haberlo hecho para rentabilizar la operación, como es el caso de Fran Hervías, que había sido secretario de Organización de Cs y que se procuró un cargo y un sueldo en la sede del PP presumiendo de haber actuado en el papel de Señor Lobo. En realidad, la cuestión tiene mayor alcance. Quien sugirió a Valle Miguélez que retirara su voto de la moción de censura fue José Manuel Villegas, mano derecha de Albert Rivera durante el periodo en que éste lideró Cs y después socio del fundador del partido en el despacho profesional al que ambos se retiraron.

Esto indica que Rivera intervino decisivamente por persona interpuesta para hacer fracasar la moción de Arrimadas en Murcia, un aspecto de la cuestión inédito hasta ahora, derivado del cual se ha producido el mayor hundimiento de Cs. Villegas tiene una buena relación con García Egea después de que ambos participaran en el pacto PP-Cs para el Gobierno de Andalucía. Esta puede ser la tecla activada por el secretario general del PP, aunque cabe la voluntaria iniciativa de Villegas. La clave de la conexión de éste, o lo que es lo mismo, de Rivera, es indudable por la calidad de las fuentes. Una vez que Miguélez dio el paso, la moción estaba derrotada. 

Franco rechaza que el exlíder de Cs interviniera

Isabel Franco, que mantiene una excelente relación personal con Albert Rivera, recibió una llamada de éste justo mientras la vicepresidenta participaba en el Consejo de Gobierno posterior a la presentación de la moción de censura, por lo que la atendió paseando por el claustro de San Esteban. El exlíder de Cs se mostraba estupefacto ante el hecho de que la iniciativa se hubiera producido sin garantías de que el Grupo Parlamentario del partido fuera a secundarla, dadas las discrepancias internas. Pero Franco asegura que Rivera no la instó a votar en contra de la moción, por lo que se manifiesta muy radical en su negativa a que Villegas pudiera haber intervenido para ‘convencer a Valle’. Opina que fue Hervías.

4. EL FACTOR HUMANO. Cs presionó con insultos a Franco para que cediera su puesto a Martínez Vidal

Una pregunta pertinente es: ¿habría triunfado la moción de censura de haber sido el socialista Diego Conesa el candidato a presidente, en vez de la coordinadora de Ciudadanos, Ana Martínez Vidal, y se hubiera respetado a Isabel Franco la condición de vicepresidenta? Nunca lo sabremos, pero es muy evidente que el factor humano tuvo un protagonismo excepcional en esta operación. Tres de los integrantes del Grupo Parlamentario de Cs (Franco, Álvarez y Miguélez), por diversos motivos, no soportaban a la coordinadora del partido, impuesta como tal desde la dirección nacional, desplazando sobre la marcha a quien había sido cabeza de lista y protagonizado, por indicaciones de la dirección nacional, las conversaciones con PP y Vox para conformar un Gobierno de coalición acerca del que tanto Franco como la propia Arrimadas se habían pronunciado en contra durante la campaña electoral.

Isabel Franco constató en su propia piel que el presidente del PP la trataba con mayor consideración y respeto que los propios dirigentes de su partido

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Lo cierto es que durante los dos primeros años de la coalición PP-Cs, el presidente López Miras consiguió mantener con su vicepresidenta una relación de gran confianza y apoyo frente a las iniciativas de Martínez Vidal para suplantarla en su cargo, por lo demás meramente representativo. Elpresidente resistió incluso las presiones de la guardia pretoriana de Arrimadas, Cuadrado y Espejo, para que aceptara trasladar ese cargo a Martínez Vidal. López Miras le dijo:«No me planteo ni por asomo prescindir de ti». Parece lógico que Franco le estuviera agradecida y que cuando observó una operación contra él se viera motivada a advertirle.

"Hemos comprobado que produces náuseas; la población murciana no solo te repele, sino que le das asco", le dijeron Cuadrado y Espejo a Franco para que dimitiera de vicepresidenta

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La vicepresidenta constató en su propia piel que el presidente del PP la trataba con mayor consideración y respeto que los propios dirigentes de su partido. En junio de 2020 fue citada a la sede nacional de la calle Alcalá, donde fue recibida por Cuadrado y Espejo en una especie de cuarto de las fotocopiadoras, y lo más amable que le dijeron fue: «Hemos comprobado que en la Región de Murcia produces náuseas; la población murciana no solo te repele, sino que le das asco. Sin embardo, a Ana todo el mundo la quiere. La vamos a nombrar coordinadora, y pasará a ser vicepresidenta». Franco regresó a Murcia llorando después de tan delicada atención de parte de los estrategas de Arrimadas. A partir de ese momento se negó a acudir a otras reuniones en Madrid.

Pero en diciembre de 2020, Cuadrado y Espejo se presentaron en Murcia. Los recibió en su despacho de la consejería. Les volvió a recordar, tras darles a conocer su gestión como consejera, que no iba a dar un paso atrás, pues «en política y en cualquier otra actividad, lo normal es avanzar, no retroceder». No iba a dimitir porque se lo pidieran dos burócratas de su partido. Éstos se trasladaron después a San Esteban y pidieron a López Miras que la relevara como vicepresidenta. Sin éxito. Todos estos gestos explican muy bien todo lo que ocurrió.

Arrimadas a Franco: "Dicen que hay quienes no van a votar la moción"

Inés Arrimadas, que hasta entonces no había ofrecido un trato deferente a la vicepresidenta murciana, contactó con ella el día 11, y mantuvieron inicialmente una conversación convencional, hasta que la presidenta nacional le dijo: «Dicen que hay gente que no va a votar la moción». Franco no le despejó la duda y le aseguró que estaba muy pendiente de su gestión como consejera para atender los problemas de la pandemia. Después, Arrimadas comunicó a los medios de comunicación que Franco le había dado su palabra de que la moción saldría adelante.

Y lo que ocurrió después es que en la mañana del 12 de junio del pasado año, el socialista Diego Conesa y Ana Martínez Vidal ofrecieron una rueda de prensa en el Palacio de Guevara, en Lorca, ciudad gobernada por un pacto entre PSOE y Cs, símbolo de lo que vendría, para adelantar el programa de gobierno que se iniciaría tras la moción de censura al PP. Martínez Vidal aseguró que había encargado a Valle Miguélez la redacción de la propuesta de Cs para casarla con la del PSOE, pero en ese mismo momento la aludida se dirigía al palacio de San Esteban, sede del Gobierno regional, para tomar posesión de la consejería, Empresa, Industria y Portavocía, que había dirigido hasta ese momento la coordinadora de Cs. Poco después de aquella rueda de prensa llamé al secretario general del PSOE, Diego Conesa, que en ese momento volvía a Murcia desde Lorca, y le di la noticia de que la moción de censura iba a fracasar. Pretendía saber si la iban a retirar. Conesa no terminaba de creer lo que le decía, pero le advertí de que las cámaras de la televisión autonómica estaban ofreciendo un plano del patio de la sede del Gobierno regional, donde López Miras iba a anunciar la composición de su nuevo Gobierno. El inicio del efecto de la mariposa murciana en la política nacional.

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