08 de octubre de 2020
08.10.2020
Opinión

'Rewind'

Políticos y jueces están metiendo a la sociedad española en un jaleo de dimensiones colosales, sin esperar a que el virus se vaya apagando del modo en que aconseja la ciencia

09.10.2020 | 08:19
'Rewind'

Anoche soñé que tenía una cita con mi primera novia casi cuarenta años después. La cosa debía de ir de reconciliarnos y recuperar el tiempo perdido, tratar de actuar de modo diferente a como se hizo en aquella inocente etapa de la adolescencia y tomar las decisiones adecuadas para encauzar ese primer amor que te acompaña en la memoria a lo largo de la vida. Resulta curioso comprobar cómo a veces nuestro subconsciente regresa al pasado para tratar de arreglar asuntos que todavía creemos pendientes. Debemos de tener una especie de pulsión freudiana en algún punto de nuestra fase REM. Si quieren saber cómo acaba el sueño deberán leer hasta el final.

Pertenezco a una generación que escuchaba música en cintas de casete y siempre andaba con un boli Bic a mano por si acaso. No me extenderé en esto, busquen en Google los millenials. Lo cierto es que buena parte de nuestro mundo giraba en torno a palabras y abreviaturas del inglés que comprendíamos sin necesidad de echar mano del María Moliner. Play, rec, rewind, ff, stop, pause. Teníamos prisa por alcanzar el momento de gloria y le dábamos impulsivamente al botón de avance (el ff) para adelantar la canción y llegar al solo de guitarra en que Jimmy Page tocaba el cielo al final de una escalera, saltándonos a Robert Plant, bendito sea, hasta el cénit final de la pieza, en que John Bonham ponía el contrapunto a la madre de todas las canciones.

La vida adulta es ese pequeño espacio entre los dedos que separa el ff del rewind, sin darnos cuenta de que no hay quien pare a la tecla del play y la vida continúa imparable hasta que la cinta se acaba y se apaga el radiocasete. Los más precavidos pulsamos antes el rec (en pretérito) y conservamos en la memoria (en presente del indicativo) momentos hermosos y decisiones que jamás deberíamos haber tomado. Y así se escribe la historia.

Es lo que están haciendo a ojos del mundo occidental Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso, uno empeñado en rebobinar y otra enrocada en que la cinta continúe, da igual la melodía, acaso pensando que su aparato es más moderno y dispone del modo autoreverse que permite a la casete seguir sonando por la cara B, prolongando la música y, en este caso, tropezando de continuo en una concatenación formidable de decisiones fallidas como esas composiciones festivaleras que España lleva a Eurovisión: antes de escucharlas sabes que van a fracasar. A estas alturas del concurso, a Isabel Díaz Ayuso ya no la vota ni Portugal.

El rewind y el play, la política y la justicia. La justicia balear avala el cierre de Ibiza mientras la justicia madrileña tumba el de Madrid. Como relata con formidable pulso periodístico el compañero Alexander Cortés, "son exactamente las mismas medidas: restricciones a la movilidad, límite de cinco personas en las reuniones sociales y familiares y cierre de negocios a las 22 horas en todo el término municipal. Es exactamente el mismo marco legal y la misma orden del Ministerio de Sanidad. Y es exactamente el mismo virus y la misma pandemia lo que se combate". En Madrid se rebobina; en Ibiza no para la música. A los melómanos, pocas cosas nos molestan tanto como que interrumpan una canción cuando aún no ha acabado.

Políticos y jueces están metiendo a la sociedad española en un jaleo de dimensiones colosales, pulsando el botón de avance sin esperar a que la melodía del virus se vaya apagando del modo en que aconseja la ciencia. Mientras, van subiendo los contagios y descomponiéndose los muertos. Y en ese escenario tenemos a los madrileños, pendientes de si van a poder aprovechar el puente festivo del 12 de octubre y tomar unos días de asueto. Y así tenemos a los bares y hoteles del resto de España, de Ibiza, de Canarias, de Mallorca, de Benidorm, de Girona, de Málaga, de Asturias, pendientes de preparar la comanda (o no) y de las posibles cancelaciones llegadas de la capital porque la primera autonomía del país tiene a los mandos a una piloto que ni siquiera fue a la autoescuela y España un presidente que va tomando decisiones sobre la marcha, enfrascando a los jueces en resoluciones que escapan al entendimiento común de la ciudadanía. Váyanse todos al carajo.

Les cuento el final del sueño. Aquel primer amor con el que había concertado la cita se presentaba al encuentro acompañada de su marido. Sabia decisión. Sin improvisaciones de última hora, segura, sin riesgos, sin rebobinar ni avanzar, tomando la mejor determinación que aconsejaba el sentido común. Es lo mínimo que se les debe exigir a nuestros dirigentes, a la política, a la justicia. Arreglen esto. Aunque mucho me temo que eso solo ocurre en los sueños.

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