10 de febrero de 2020
10.02.2020
Prueba

Mercedes-Benz EQC: Una estrella de alto voltaje

Sin concesiones en diseño, confort y lujo, sólo el silencio y una explosiva entrega de par delatan al EQC como el primer eléctrico de Mercedes-Benz

10.02.2020 | 14:35

Elementos exclusivos de esta versión

  • En lo visual, es excelente la manera en que el interior del EQC encabalga el diseño de los paneles de puertas con el del salpicadero, con una serie de listones cromados y un tejido técnico con pespuntes a juego con los embellecedores color cobre de los difusores de aire. Sigue sin convencernos el acabado 'black panel' de la consola central más que por su aspecto, por su durabilidad y lo difícil que es que permanezca limpio. La edición 1886 aporta alfombrillas específicas, listones en el umbral de las puertas con distintivo iluminado y un tapizado en piel artesanal y microfibra en color azul y negro.

La autonomía como prioridad

  • Todo en el EQC es extremadamente sencillo. También aprovechar su autonomía en un uso normal en autopista, donde, con unas mínimas nociones de conducción eficiente se pueden estirar los kilómetros. En cualquier caso, el Dynamic Select nos ayuda con el modo 'Max Range' que regula el punto de resistencia del pedal del acelerador con tecnología háptica para asistir al conductor sobre cuándo y cuánto tiempo dejar de acelerar para incrementar la eficiencia. Mercedes-Benz también ha equipado el EQC con un asistente Eco que da algunas recomendaciones para aprovechar al máximo su autonomía.

Sin alardes tecnológicos, con un conjunto cien por cien homologable al resto de su gama, pero con un sistema de propulsión completamente limpio y rebosante de potencia si se quiere, Mercedes-Benz pone con el EQC su primera pieza en el tablero de la nueva movilidad eléctrica. Un coche que, después de haberlo probado, nos parece capaz de convencer a un amplio espectro de conductores: desde el más comprometido con el medioambiente hasta el más tradicional que, abierto a esta tecnología, no concibe dar el paso privándose del lujo y la representación que trae implícita la estrella del frontal.

Sencillez, calidad y confort. En este primer aldabonazo, Mercedes-Benz ha pasado de alardes. El EQC no es revolucionario a la vista. Por supuesto que su diseño deja algunas migas de pan que nos ponen sobre la pista de que no es uno más de la gama. Como la calandra con fondo negro que integra parrilla y ópticas y los tres trazos azules que, a modo de pestañas, flanquean las ópticas principales. O las llantas de 20'' que, como el resto del exterior, cumplen un importante papel a efectos aerodinámicos. Pero sus líneas suaves, incluso amables, resultan familiares para cualquier incondicional de los coches de Stuttgart.

Del interior hay poco que decir. Por lo menos, nada que no hayamos destacado ya de los últimos modelos de la marca de Stuttgart que han pasado por nuestras manos. Mercedes-Benz sólo aprovecha todo el trabajo hecho en digitalización e integración de todas las tecnologías en el puesto de conducción adaptándolo a las particularidades de un eléctrico.

Mediante el menú EQ de la pantalla de infoentretenimiento MBUX se tiene acceso a mucha información y muy útil para que el conductor sepa cómo está funcionando el sistema de propulsión. La infinidad de opciones de personalización de la instrumentación digital también da la posibilidad de tener todos esos datos a la vista. Para poder navegar por todas esas opciones, sus menús y submenús, sólo hay que –como en el resto de Mercedes-Benz de última hornada– hacer uso de los botones táctiles del volante y los mandos que orbitan a su alrededor, o mediante el touchpad de la consola central. La lógica de funcionamiento es muy sencilla y una vez te adaptas a ella, se accede rápido a lo que se busca.

Pero, si lo que se busca es sencillez y rapidez, entonces lo mejor es activar el comando de voz diciendo 'Ey Mercedes' y pedir por esa boca. Verdaderamente, no hay un control fónico más avanzado y útil que el de Mercedes-Benz y en un coche con el equipamiento del EQC eso es oro. Sobre todo en una unidad como ésta cedida por Flick Canarias correspondiente a la Edición 1886 (año en el que la marca creó su primer coche) que está especialmente cargada de componentes de confort como el equipo de sonido Burmester o el paquete Energizing que permite poner en sintonía audio, climatizador con ionizador y un difusor de aromas. Lujo puro con cero emisiones.

Noble en su comportamiento

Bien, hasta aquí lo que ofrece a la vista. Pero nadie, por lo menos en esta fase de la electrificación, se compra un coche de estas características sólo por su aspecto. Ni siquiera un Mercedes-Benz. Aquí no cabe continuidad en lo técnico, pero si bien en Stuttgart han trabajado duro en desarrollar un sistema de propulsión acorde con su prestigio, en marcha, el EQC tiene un talante con puntos en común con sus hermanos de gama.

No hablamos tanto de la agilidad, que también la tiene. Una constante en todos los crossovers eléctricos es que la ubicación de las baterías debajo del suelo rebaja el centro de gravedad mejorando su dinamismo. Pero las leyes de la física no entienden de etiquetas y el peso extra que lleva implícito todo eléctrico penaliza su paso por curva. El EQC no es la excepción, pero su comportamiento es más noble, más previsible y más próximo al de un turismo convencional que en otros coches de su especie. Bastante más.

El confort de marcha es simplemente extraordinario. Porque al propio de un Mercedes-Benz hay que sumar una cadena cinemática silenciosa a más no poder, un interior muy bien aislado y unas suspensiones que hacen buena parte del trabajo sucio filtrando cada irregularidad del terreno. Desde la más pequeña a la más grande nivelando de inmediato la carrocería.

En modo 'Eco' y 'Comfort' (seleccionables en el Dynamic Select de la consola) el EQC es pura suavidad. Los dos propulsores (uno en el eje delantero y otro en el trasero) actúan –especialmente en el primero– de forma gradual, pero con los 408 CV y 760 Nm en la reserva... Toda esa potencia pasa a primer plano en el más deportivo de los modos, que hace del EQC un disparo. Tanto que en 5,1 segundos y a pesar de un peso que roza las dos toneladas y media, alcanza los 100 km/h desde parado. El reparto inteligente de par (torque shifting lo llama la marca) entre el eje anterior y posterior permite un buen equilibrio dinámico incluso en condiciones de fuerte aceleración.

Gran capacidad de regeneración

Si hay que poner en gran valor una característica del sistema de propulsión del EQC es su asombrosa capacidad para regenerar parte de la carga de la batería de 80 kWh. Tanto en fases de retención como de deceleración, los dos motores pueden funcionar como generadores. Al volante podemos intervenir en el nivel de recuperación jugando con las levas. Con la izquierda podemos incrementarlo partiendo de la posición automática (D Auto), D+, D, D- y D--, la más intensa y que permite conducir casi sin tocar el freno en descensos o en tráfico urbano muy lento.

El límite de autonomía del EQC está establecido en 416 kilómetros. Durante nuestra prueba con destino la zona norte de la cumbre de Gran Canaria nos quedamos con 159 kilómetros. Sin embargo, durante el descenso y jugando con las posiciones D llaneando y D- y D-- en pendientes acusadas logramos ampliar ese radio de acción hasta los 228 kilómetros, casi setenta más. Y todo ello –y aquí está el mérito del EQC– realizando una conducción fluida y normal con la única diferencia de aprovechar el apoyo de la frenada regenerativa del mismo modo que lo haríamos mediante el freno motor.

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