Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Brenda: la cabrera más famosa de La Palma

Brenda Rodríguez Concepción, cabrera de Barlovento, lidera la granja familiar con casi 400 cabezas de cabras palmeras, elaborando quesos y presidiendo la Asociación de Criadores de Cabra de Raza Palmera

Brenda Rodríguez (Barlovento - La Palma, 1988), con varios ejemplares caprinos de su granja.

Brenda Rodríguez (Barlovento - La Palma, 1988), con varios ejemplares caprinos de su granja. / Beatriz Hernández Sicilia

Jorge Dávila

Jorge Dávila

Santa Cruz de Tenerife

El trabajo no la achanta, no tiene pelos en la lengua a la hora de hablar de lo que mejor conoce y sus reflexiones destilan naturalidad y una dosis de esfuerzo que Brenda Rodríguez Concepción ha sabido moldear en su Barlovento natal. «Ma sí es de aquí, pero pa se crió entre Garafía y Puntagorda», cuenta de sus padres la menor de dos hermanas. A la mayor, Hamilet [nacida cuatro años antes que ella], no le gustan los animales y, por lo tanto, «ella no está con las cabras», apunta la segunda hija de Mirella y Jorge Luis. Brenda, en cambio, recuerda tener un baifo entre sus manos desde sus días en parvulitos. «Tenía tres o cuatro años», recuerda la nieta de un cabrero [cuando ella nació ya no las tenía] y la hija del dueño de una explotación de cabras palmeras.

Quiso ser veterinaria

Nacida en el municipio donde se crió Javier Pérez, expresidente del CD Tenerife, Brenda quiso ser veterinaria. Le gustaba andar entre animales, a pesar de que durante su adolescencia trabajó en la carnicería del pueblo. «La cabra tira pa el monte y ellas han estado en mi vida desde que tenía tres o cuatro años», incide justo antes de explicar los motivos por los que acabó liderando la granja familiar: «Mi padre se jodió unas costillas trabajando y en casa había muchos calderos al fuego», remarca una palmera que ha sabido buscarse la vida desde los 13 años. «Además de la carnicería, estuve en un bar, en un quiosco... Cuando pasó lo de mi padre el carnicero, que era su amigo, aceptó mi decisión de echar una mano en casa y me dijo que volviera cuando quisiera, pero no lo hice [sonríe]; enseguida me di cuenta que mi lugar estaba con las cabras y me empecé a formar», añade en relación a los estudios que hizo en Gran Canaria para lograr la titulación de capataz agrícola.

"La cabra tira 'pa' el monte y ellas han estado en mi vida desde que tenía tres o cuatro años"

Brenda Rodríguez Concepción

— Cabrera

Cuando regreso a casa se puso manos a la obra porque había mucha faena por delante. Empezó reformando el pajero. «Cada vez que llovía había más agua dentro que fuera», recuerda con una sonrisa casi insonora. Había llegado la hora de coger el toro por los cuernos [que no las cabras] y ponerse a bregar.

Brenda se puso al frente del negocio familiar en 2018, se metió en una «guerra de papeleo» para poner al día su actividad profesional y la cabaña caprina empezó a crecer. Ahora gestiona casi 400 cabezas, elabora quesos y es la presidenta de la Asociación de Criadores de Cabra de Raza Palmera. «Como tenía poco en casa, me meto en otros líos», acota con un tono de broma, aunque convencida de que está en el punto de su vida que quiere estar. «No le voy a decir que esto no es duro... Es bastante duro, pero ya no me veo haciendo otra cosa».

Madrugar nunca ha sido un problema para Brenda. Ya lo hacía en su etapa de estudiante para ayudar a su padre a ordeñar las cabras, pero ahora lo sigue haciendo para sacar adelante la larga faena que tiene en casa. «Me levanto antes de las seis... Ordeño, hago quesos, suelto a las cabras, limpio», enumera.

Brenda Rodríguez, en la granja con una de sus cabras.

Brenda Rodríguez, en la granja con una de sus cabras. / Yuris / Peyagofio

«Aquí no vale rendirse»

La cabrera de Barlovento sabe que en «este negocio no caben las dudas; si lo haces estás muerto», recomienda cuando saca el tema de los días complicados en los que todo se tuerce y tienes ganas de dejarlo: «Lo único que no puedes hacer es vender las cabras porque en el instante en el que quieras regresar no vas a conseguir animales», recomienda una criadora que ha construido su propio rebaño. «No compro a otros cabreros; hay muchas enfermedades y como se te meta algo raro en la granja se jodió el invento», argumenta con una sinceridad que es el fruto de muchos años de pelea. «Aquí no vale rendirse», sentencia.

Elabora casi 100 kilos de queso diario

Brenda ha sabido sacar partido a lo que tiene en casa. «Hago entre 90 y 100 kilos de queso diarios en los mejores días», abrevia en relación a lo ha creado alrededor de la marca El Tumbito. «Viene de lo de dar tumbos», resuelve sin darle más vueltas a un asunto que «no siempre se mueve en estos números. A veces, no hay leche para generar esas cantidades y me quedo entre 60 y 70 kilos». Las variedades que más elabora son el tierno y el ahumado, aunque también trabaja por encargo.

"No compro a otros cabreros; hay muchas enfermedades y como se te meta algo raro en la granja se 'jodió' el invento"

Brenda Rodríguez Concepción

— Presidenta de la Asociación de Criadores de Cabra de Raza Palmera

«Si me los piden [el de especias] los hago, pero yo no me complico mucho. Sobre todo, porque no me da la vida», sostiene cuando habla de que ahora van a Barlovento en busca de los quesos y no es ella la que tiene que bajar a Santa Cruz de La Palma o de casa en casa ofreciendo las piezas. «Al principio me acompañaba mi madre porque ir a la capital era una locura; tenías que arrimar el coche a la acera y estar muy pendiente para que no regresar con una receta de la Policía Local. No vale la pena. Cuando pasaban esas cosas no había manera de cuadrar el negocio», comenta sobre una etapa ya pasada. Ahora, Brenda vende para casi toda la Isla y, además, Los tumbitos se puede conseguir en la Recova de La Laguna, en Frutas y Verduras Ñito o en una tienda santacrucera llamada Placeres Palmeros. Pero en la granja no todo gira alrededor de los quesos.

Ella es la encargada de «negociar» la venta de estiércol a los agricultores que buscan abonos para la tierra. «Ya menos, pero al principio venían y preguntaban: ¿Dónde está tu padre? o ¿quién maneja la pala? Yo les decía, ¿usted vé a alguien más aquí?», recupera con un dardo de ironía. «Pues entonces le cargo yo el camión»... Y es que Brenda Rodríguez reitera que no le asusta «pencar» en el pajero, que las cosas no son fáciles pero que siempre se sale adelante y que, sin duda, tiene a sus padres para ayudarla a cuidar a sus dos hijas. «Las he sacado adelante sola y con su apoyo. Sin ellos no lo habría logrado», agradece en el tramo final de una conversación que concluye con una declaración de intenciones. «A la grande no le gusta, pero la chica se parece más a mí. Lo que no sé si va a ser cabrera», concluye.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents