La Palma
La cuadrilla de los Sin Suela
No están en la primera línea de una emergencia, pero su labor es clave para los que tienen que combatirlas. Los voluntarios de la Asociación Sin Suela acaban de recibir un premio del Cabildo de La Palma por el trabajo realizado en los grandes incendios y, sobre todo, en la crisis volcánica de 2021.

Cinco integrantes de Sin Suela observan la erupción del Tajogaite. / SIN SUELA

Mucho antes de dar forma a los estatutos de la Asociación de Voluntarios Sin Suela algunos de sus integrantes ya eran unos habituales en los equipos que combatían los grandes incendios forestales que han arrasado La Palma en los últimos tiempos. «Aquí nunca sobran manos», sostiene José Alejandro Hernández, presidente de este colectivo, sobre la labor que cumplen en situaciones de emergencias. Varios de sus 35 socios [con ocho mujeres] se alistaban en las tres cuadrillas medioambientales de Tijarafe en los años 90. «El deseo de ser útil viene de viejo», remarca el trabajador del ayuntamiento tijarafiano al hablar de lo duro que fueron los inicios. «Íbamos a los urgencias con un equipamiento [ropa y herramientas] muy básico y propio», recuerda Hernández antes de aclarar de dónde viene el nombre de los Sin Suela. Ocurrió en 2016 durante un operativo de extinción en el que muchos de los voluntarios se quedaron sin suelas... «El calor y el fuego las derritió y sólo se salvaron las planchas metálicas que sirven de protección». Acababa de nacer un colectivo que ha tenido un rol decisivo para anular los macroincendios de la Isla y en la crisis volcánica del Tajogaite (2021).

Componentes de la asociación reciben equipamiento de protección. | SIN SUELA
Los Sin Suela no están en primera línea, pero su papel es vital a la hora de gestionar la logística de una catástrofe. Y es que sus misiones van desde transportar agua y comida a las brigadas que se pelean con las llamas, a desalojar a vecinos de un barrio acorralado por las coladas o las labores preventivas que se ejecutan en solares abandonados para prevenir un riesgo mayor. «En el incendio de Jedey [afectó a 4.800 hectáreas] nos dimos cuenta de que no disponíamos del material adecuado para poder plantar cara a una emergencia... Parte de ese equipamiento estaba descatalogado, caduco o no había un stock mínimo que cubriera nuestras necesidades», enumera José Alejandro del periodo anterior a que el consistorio de Tijarafe se embarcara en la aventura de proporcionar medios y formación a los Sin Suela. «Aunque no estemos en las zonas más conflictivas, sí que es necesario adquirir unas nociones elementales para no exponerte más de la cuenta», añadiendo que cada «socio abona una cuota de unos 50 euros que sirve para cubrir una póliza de seguro anual. El único requisito para entrar es tener 18 años y muchas ganas echar un cabo, dice su presidente al tocar el asunto de las limitaciones. «El mayor tiene 55, pero lo importante no es la edad sino querer ayudar a los que lo están pasando mal».

Tres voluntarios retiran cenizas en Las Manchas. | SIN SUELA
El Cabildo de La Palma acaba de reconocer la labor de los Sin Suela con la concesión de uno de los Premios Insulares 2026, unos galardones que también van a recibir el doctor Luis Ramos, Brenda Rodríguez, Las Hilanderas de El Paso, la Asociación Cultural Mascarones, la Asociación Fátima de Policías Locales, Carlos Fernández, Padisbalta y la Banda San Miguel.
La solidaridad, pues, es el motor de arranque de unos voluntarios que siempre tienen el móvil en cobertura por lo que pueda ocurrir. «Nos llaman para adecentar la finquita de un vecino que tiene problemas de movilidad o no cuenta con familiares que lo puedan hacer», avanza José Alejandro Hernández sobre las labores selvícolas o limpieza de la vegetación en zonas de interfaz urbano-forestal. Estos encargos son prioritarios a la hora de eliminar posibles peligros de incendios en la temporada estival. «Todos nos dedicamos a otra cosa [en el grupo hay peones, administrativos, empresarios...] y nos reunimos para sentirnos útiles a la comarca. En la erupción, por ejemplo, nos movilizaron el segundo día y estuvimos arrimando el hombro mucho después de que el volcán se apagara», recuerda el portavoz de un grupo de amigos que colaboró activamente en el traslado de enseres de las casas que se encontraban en la trayectoria de las lenguas de lava. «Fueron unas jornadas muy duras, pero queda la satisfacción de sentirnos válidos en uno de los momentos más críticos». Más tarde, cuando el Tajogaite dejó de escupir lava, la mayoría de sus salidas tenían algo que ver con la limpieza de azoteas, terrazas, huertas... La ceniza lo cubría todo y ellos se convirtieron en los «limpiadores» del vecindario. «Esas cosas se hacen sin coste alguno», deja claro José Alejandro sobre unos reencuentros en los que siempre acaba apareciendo alguna anécdota de una incidencia anterior. «Llevamos unos cuantos fuegos en las costillas y siempre ocurre algo, un hecho que nos hace recordar lo mal que se pasó».
Los socios de Sin Suela son los primeros en avalar que la «prevención no se limita a limpiar el monte, sino a crear conciencia de los riesgos que nos acechan», expone en la recta final de la conversación el presidente de una sociedad que siempre está dispuesta a dar un paso al frente. «Solo nos tienen que avisar», sentencia.
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