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Un hallazgo arqueológico en La Palma revela un complejo ritual de los primeros pobladores de la Isla

El historiador Miguel A. Martín González destaca el hallazgo de fragmentos de cerámica y otros elementos en las cuevas de La Palma, que podrían ayudar a comprender los rituales de los awaras

Jorge Dávila

Jorge Dávila

Santa Cruz de Tenerife

La Palma vuelve a ser noticia por un hallazgo arqueológico que conecta un complejo ritual recién descubierto en el municipio de Puntallana con los primeros pobladores de la Isla (los awara). Ocurrió hace un par de meses durante una excursión o pateo de un grupo de profesores a los que Miguel A. Martín González, historiador y docente jubilado, dedica los primeros renglones de un artículo publicado en El Faro de La Palma. El hallazgo revela la existencia de media docena de cuevas artificiales, 350 cúpulas [agujeros u hoyos localizados en una pared vertical], alrededor de una veintena de cazoletas [cavidades en el suelo], dos altares y una puerta falsa.

Los testigos directos de este «santuario» de la historia antigua de la Isla Bonita, el territorio que dominaron los benahoaritas (auaritas o awaras), fueron Alejandro Fernández Pérez, Héctor Pérez Lorenzo, Héctor Piñero Rodríguez, Isabel Galán Cañadillas, José Juan Rodríguez Rocha, Mónica Pérez Barreto y Saray Cabrera de la Cruz. «Se trata de un lugar mítico cargado de simbolismo que, sin duda, será de una gran ayuda a la hora de comprender la manera que tenían los antiguos habitantes de la Isla de entender el mundo», asegura Miguel A. Martín González sobre una novedad que él considera «espectacular», añadiendo que «hay que abrir puertas a la investigación y no tener miedo a lo novedoso».

El conjunto arqueológico lo forman seis cuevas [hay dos de grandes proporciones y dos pequeñas] que contienen muchos elementos a investigar. Desde el punto de vista patrimonial el descubrimiento tiene un enorme valor que, a partir de ahora, debe ser descifrado o descodificado por los investigadores. «La primera impresión es que son unas cuevas que no se reutilizaron», precisa Miguel A. Martín, un exprofesor de enseñanza media natural de Santa Cruz de La Palma que impartió lecciones de historia durante más de tres décadas en tres institutos de La Palma y Tenerife. «Se han encontrado fragmentos de cerámica, lapas o piezas con las que se elaboraban los collares», enumera en relación un emplazamiento del que no revela su ubicación exacta para blindarlo de los posibles saqueos.

«Este hallazgo es espectacular; hay que abrir puertas a la investigación y no tener miedo a lo novedoso»

Miguel A. Martín González

— Historiado y profesor

Elementos muy llamativos

Una de las cosas que más llamó la atención a los excursionistas fue la presencia de cuatro o cinco cazoletas incrustada en una pared y en zig-zag. «No es lo más habitual», avanza Miguel justo antes de valorar otros elementos curiosos que conforman este complejo.

El perímetro que abarca este yacimiento es de unos 200 metros y se estructura en tres sectores localizados en la ladera de un barranco. Las seis cuevas son artificiales y están labradas a mano con objetos líticos, palos, huesos... La superficie sobre la que aparecen es una toba volcánica de gran tamaño. «Estas cavidades son lugares donde afloran las sensaciones y la percepción emocional que se presta a determinados cultos y rituales», sostiene el historiador palmero.

De costa a cumbre

La primera parte del yacimiento se encuentra al aire libre y avanza desde la costa hasta la cumbre. Ahí se localizan varias figuras antropomorfas talladas en distintas rocas (30 x 20 o 35 x 20 centímetros) en forma de cruz, pero que lógicamente no hacen referencia a la simbología cristiana, más bien, se trata de una representación esquemática de la figura humana. En este emplazamiento de Puntallana se han contabilizado una veintena de antropomorfos. «Nos hablan, pero no sabemos o no podemos escucharlos; nos revelan, pero no entendemos sus evidencias últimas», reflexiona Miguel A. Martín González sobre el «miedo a conocer datos nuevos».

En medio de tantas primicias se detecta la presencia de dos piedras altares con un canal que recorre la parte superior en forma de espiral y otra, de un tamaño superior, con un canal que en círculo que acaba en una cazoleta: una canalización de unos 10 centímetros que une las dos rocas con múltiples grabados rupestres de tipología antropomorfa.

Una escalera con 40 escalones

Una escalera con unos 40 escalones [cinco metros de alto y otros cinco de ancho] de difícil tránsito y la aparición de una puerta falsa de forma ovalada [1,54 metros de altura 34 centímetros de profundidad] que no lleva a ninguna parte, pero perfectamente adornada y con una cúpula interna y un antropomorfo en una cazoleta intensifica el debate sobre la simbología de un elemento poco abundante en La Palma, pero sí más repetido en zonas de Tenerife como el macizo de Anaga. «Parece indicar una especie de frontera que nos conduce al límite entre el mundo de los vivos y el de los muertos», teoriza el profesor Miguel A. Martín respecto a un lugar que desprende algo mágico.

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