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Beatriz Barrera Notaria de Santa Cruz de Tenerife

«Los afectados necesitan el documento de propiedad para estar más seguros»

«Muchas veces, más que notarios, somos como un psicólogo: la gente nos cuenta sus cosas», reconoce la notaria de Santa Cruz de Tenerife

Beatriz Becerra ejerce su profesión en Santa Cruz de Tenerife. E. D.

Esta notaria rompe los moldes habituales que se relacionan con una profesión habitualmente desempeñada por hombres. Joven de edad y de espíritu desempeña su cargo en Santa Cruz de Tenerife desde 2012, pero no ha dejado pasar la oportunidad de unirse a sus compañeros de La Palma que trabajan en resolver los problemas burocráticos para confirmar las propiedades de las personas afectadas por la erupción volcánica. 

¿Qué la animó a tomar la decidir viajar a La Palma?

Hay muchos compañeros mayores que también han ido. Aquí está todo el mundo dando el callo, yendo para allá. Yo sí que soy aventurera. Entonces estas cosas me llaman también, el hacer cosas diferentes, pero no creo que sea una cuestión de edad. Al final creo que estamos todos en el barquito este para intentar ayudar un poquito.

¿No le intimidó el hecho de que la Isla estuviera viviendo una crisis volcánica?

La primera vez fue en diciembre, después del puente. Ahí estaba todo todavía bastante difícil. Se habían organizado muy bien los colegios, pero claro, hasta que la gente empezaba a tomar la decisión de ir. El primer momento me apunté en una lista, y nos mandaron un mensaje diciendo que hay muchos apuntados. Después fui solo dos días.

¿Ha vuelto?

Estuve en diciembre y hace una semana.

¿Cambia mucho el trabajo de un despacho habitual al que hacen en la Isla Bonita?

Es una oficina de campaña. Me recuerda un poco a mi primer destino, que era en un pueblo pequeño, porque ahora mismo ya estás acostumbrado a estar en tu oficina, tus comodidades, tus empleados con los que te entiendes. Y es llegar a una cosa totalmente diferente. Pero la primera vez fue más impactante. Todavía el volcán estaba en erupción y la sensación era como muy dura y más oscura. La segunda vez, cuando había parado el volcán, cambiar totalmente la manera de trabajar.

¿Pero los trámites son los mismos?

A los afectados le estamos tramitando una documentación que nosotros hacemos pero que no es lo habitual. Nunca hacemos documentos que se refieren a cosas que ya no existen, entonces es un poco diferente.

¿Qué se encontró al llegar a la Isla la primera vez?

Me encontré con una Isla oscura, llena de cenizas. Con mucha incertidumbre de cuando podía terminar, porque parecía que eso no iba a parar nunca y la gente muy desesperada. Atendíamos a mucha gente que vivía en el hotel de Fuencaliente, que estaba con mucha angustia. La verdad que fue muy duro la primera vez.

¿Qué lo diferenciaba de la segunda?

La gente estaba más tranquila por el volcán, estaba apagado. Estaba resignada de lo que había pasado. Venían a hacer el acta con los testigos, que eran los vecinos de al lado, que también había perdido todo, probablemente.

Su actuación ha sido pionera en inventar herramientas jurídicas.

Es una fórmula jurídica que ya existe. En las actas de notoriedad se declara un hecho notorio. Ya lo hacemos, por ejemplo, en la declaratoria de herederos. En este caso es un hecho notorio de las pruebas que me aportas, de toda la documentación, de fotos de las casas y los testigos que vienen a declarar. Es atestiguar que esa casa existía, tenía esas características y que estaba ahí.

¿Cómo reciben los vecinos esta colaboración?

Todo el mundo está súper agradecido y necesitaban algo. Al final muchos venían después de haber perdido todos sus papeles. Las personas tenemos esa sensación de necesitar lo físico para sentirnos más seguros. Ahora tienen un documento que les aporta seguridad. Gente con 40 años, con capacidad de recomponerse, pero hay otros mucho más mayores que también han perdido todo. Esas personas cuando traen las fotos para justificar sus propiedades se rompen. No pueden ni verlas.

¿En estos casos han hecho más de notarios o de psicólogos?

En nuestra profesión somos muchas veces psicólogos, porque que la gente tiene muchas cosas tristes como testamentos, una declaratoria de herederos o una herencia de esposo fallecido o una persona que quieres. Eso siempre te lleva a ti una cierta necesidad de que las personas quieran contarte su historia y de que les escuches y demás. Y esta es una situación con una incertidumbre horrible, es que no sabían lo que iba a pasar y ahora la siguen teniendo. La gente ha perdido ya no solo sus casas, sino barrios enteros. Ha cambiado toda su estructura de vida.

¿Cómo configuran el trabajo?

Hay trabajadores de notarías que se han ido vinculando para ayudarnos allí, porque el notario necesita un equipo. Hay dos empleados jubilados, Isabel y Román, que son los que están allí casi siempre. Nosotros vamos y venimos una semana y ellos están allí fijos.

¿En qué momento está el trabajo de los notarios en la Isla?

Esto tiene varias partes. Una primera es de contacto con el cliente en el que vienen, dejan el expediente. La siguiente parte es en la que ya vienen a firmar el acta de notoriedad con los testigos, y la tercera parte, ya es sacar esas copias de esos documentos que se han realizado. La última vez que estuve todavía había expedientes entrando y falta la segunda fase después de ir sacando esas copias. Es un trabajo durillo porque comprende varias partes del trabajo notarial en una oficina de campaña donde tenemos unas sillas, un ordenador, una impresora y sacar copia es complicado y lleva su tiempo.

¿Volverá?

Siempre. Cuando vas la primera vez ya no puedes dejar de ir.

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