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Los ataques de perros a ganado se repiten en Garafía

Se trata de una de las principales causas de importantes pérdidas económicas a la que se enfrenta el sector ganadero del norte

Ovejas atacadas por perros en La Palma.

Los ataques de perros a la cabaña ganadera del norte de La Palma vuelven a dejar a cientos de animales muertos y cuantiosas pérdidas económicas en las explotaciones dedicadas a la cría de cabras y ovejas. Un vídeo en el que se escucha el llanto desconsolado de una ganadera tras encontrar a sus cabras muertas a causa del ataque de unos perros vuelve a poner de actualidad esta problemática.

No se trata de un hecho puntual, asegura el ganadero José Manuel Guerra, afectado por un hecho similar. Asegura que, desde hace dos meses, se registran estos ataques en su explotación. Guerra y su rebaño se encuentran en el barrio de Juan Adalid, en Garafía, a donde se trasladó como evacuado tras la erupción del volcán. Ahora tiene que ver cómo merma su cabaña diariamente, «pero no tenemos otra opción, sino estar ahí».

En los dos últimos meses, este ganadero ha perdido 64 cabras por estos ataques, recalcando que «para reponer ese ganado es necesario mucho trabajo y mucho dinero». Asegura que la pérdida por cada cabeza de su ganado asciende a 200 euros.

Este no es un problema nuevo, pero sí un inconveniente que vienen sufriendo los ganaderos del norte de La Palma durante los últimos años. En ese tiempo, al caer la noche, animales asilvestrados y otros no controlados por sus dueños producen estos daños.

Por su parte, el doctor en Veterinaria y experto en razas autóctonas, Juan Francisco Capote, explica que estos ataques «vuelven a crear intranquilidad» entre el sector ganadero de la Isla, ya que se encuentra con que estos perros «matan más de lo que pueden comer en el momento».

Una característica

Alude el biólogo a que estos perros «lo llevan en la sangre y en sus genes», por su relación con antepasados cazadores y, a pesar de la selección llevada a cabo durante miles de años, estos comportamientos, especialmente en determinadas razas, «solo son evitables con la educación y el buen manejo de los cánidos», afirma. Apunta Capote a que «más claramente, los culpables de las matanzas son seres humanos por dejación, ignorancia, crueldad u otras razones», lo que los hace «indignos de poseer este maravilloso compañero», en alusión al perro.

Se refiere a que son las razas de perros lupoides, como son los dogos o molosoides, los que constituyen el principal grupo de riesgo, excluyendo a los perros cazadores, si bien admite que varios ejemplares han participado en algunos de estos ataques al ganado. Esos dogos, muchos de los cuales están catalogados, «por una legislación controvertida, como perros potencialmente peligrosos» aparecen como responsables, aunque también señala que, «de cualquier manera, es difícil que perros de este grupo, cuando son de razas puras y están convenientemente adiestrados, se conviertan en los protagonistas de estos ataques». Capote indica que, «desgraciadamente, no se puede decir lo mismo de sus cruces y de los que caen en manos de personas sin escrúpulos». Por eso, también reclama que se tomen medidas para evitar estos ataques, incidiendo especialmente en las de carácter preventivo.

El doctor en Veterinaria hace alusión al que califica como «dramático» vídeo en el que se recoge el momento en el que una ganadera se encuentra con una masacre entre sus chivas, en Garafía. «Son imágenes duras», lamenta. Segura que ya se han registrado ocho sucesos similares en estos primeros dos meses del año en el norte de La Palma.

Capote apunta que «se supone que los perros tienen propietarios y que pertenecen al peligroso grupo de los lupoides, cruzados y, alguno, con rasgos de pastor alemán», ejemplares de una raza considerada «veterana en el arte de matar, aunque no son los únicos en el municipio», destaca.

Ovejas de raza palmera

A pesar de que incide en que estas muertes pueden suponer la eliminación de una nueva generación en el rebaño, «lo que es terrible», incide en que «aún son peores los ataques a ovejas de raza palmera que se vienen sucediendo de forma periódica».

Se refiere Juan Francisco Capote a que estos óvidos constituyen la raza en mayor peligro de extinción de Canarias y «su desaparición sería una gran desgracia», por lo que espera que las autoridades competentes puedan manejar los instrumentos legales para resolver este problema.

Por su parte, desde las organizaciones que representan a los ganaderos exigen que los ayuntamientos hagan cumplir la Ley 8/91, teniendo en cuenta que la Administración municipal es la responsable de la gestión de estos animales. Pero todo pasa porque también se hagan cumplir las obligaciones que tienen los dueños con sus perros.

Durante los últimos años, en La Palma son casi 2.000 las cabezas de ganado que han fallecido como consecuencia de los ataques de perros sueltos o abandonados. Además de ovejas y cabras, también estos reiterados hechos han causado la muerte de gallinas, conejos y todo tipo de animales de granja en todos los municipios palmeros. Unos ataques que han provocado cuantiosas pérdidas al sector primario y sus trabajadores.

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