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Crisis volcánica | Dos meses después de declararse el fin de la erupción de La Palma

Negro ceniza sempiterno

«Vivir aquí por ahora es inviable», se lamenta un vecino de Las Manchas al pie de su casa sepultada

Julio Rodríguez, vecino de Las Manchas, posa junto a su vivienda, donde continúa trabajando en la retirada de cenizas. Elvira Urquijo A. (EFE)

Dos meses después de apagado el volcán, el paisaje del Valle de Aridane sigue negro... negro ceniza. Muy lentamente, a base de pico y pala, las casas más cercanas al cono empiezan a emerger. 

Más de dos meses después de que terminara la erupción en Cumbre Vieja, el 13 de diciembre, el color negro lo cubre casi todo en las cotas altas de la localidad palmera de Las Manchas, al sur del cono principal, donde la caída de cenizas fue constante durante los 85 días que se mantuvo activo el volcán.

Sobre el manto de ceniza, que los vecinos de la zona cuentan que supera los cuatro metros de espesor en varios puntos, sobresalen un puñado de chimeneas y tejados, así como las copas de los pinos canarios, que comienzan a reponerse y a devolver algunos brotes verdes a un paisaje que, por lo demás, ha perdido el color.

Los trabajos de retirada de ceniza son continuos y el ajetreo de camiones que salen de Las Manchas cargados de escoria volcánica por la carretera hacia Fuencaliente contrasta con las enormes cantidades de picón que aún se acumulan en los bordes de las carreteras y en los jardines de algunas viviendas.

Para devolver la normalidad a esta localidad y al resto de los barrios cubiertos de ceniza, el Gobierno de Canarias ha puesto en marcha el Plan Extraordinario de Empleo de La Palma, con más de 1.000 personas dedicadas al reacondicionamiento de las zonas afectadas.

Julio Rodríguez es vecino de una de las casas más cercanas al volcán, «la cuarta» según sus cálculos. De hecho, es la primera ya descubierta en ese lugar, pues las otras tres siguen tapadas hasta el techo y a los pies de una de ellas se observa un tubo volcánico por el que brotó durante días, justo donde antes había un jardín, un río de lava. Ante el extenuante trabajo de retirar ceniza es realista: no cree que sea posible retirar toda para dejarlo «como estaba antes», da por hecho que tendrá que reconstruir parte su finca sobre la capa de escoria. Y eso, donde solo hay ceniza, porque otra parte del terreno donde antes crecían vides y frutales, hoy está sepultada por una colada de lava, en un paisaje quebrado, salpicado por varios hundimientos de los tubos volcánicos.

Rodríguez ha tenido que contratar una pequeña excavadora para ir despejando su propiedad y reclama que las administraciones «le echen una mano», porque a mano, con la pala, «es imposible sacar toda esta ceniza». «Aquí tenemos más de dos metros», dice.

Los vecinos de Los Llanos ya podrán en marzo pedir licencia para construir en suelo rústico

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La estructura de la vivienda de Julio Rodríguez se mantiene firme, como acredita el punto rojo marcado en la entrada de la propiedad que significa que los arquitectos municipales han comprobado que es segura. Sin embargo, el techo de su garaje no soportó el peso de la ceniza y cedió.

Los problemas se acumulan para los vecinos de esta zona de Las Manchas, donde según explica Julio, no ha llegado aún el agua de consumo que los servicios municipales trabajan en reponer. «Vivir aquí por ahora es inviable», se lamenta.

La vivienda de Julio y otras ubicadas en la carretera de San Nicolás se encuentran a menos de 50 metros de las aún humeantes coladas de la erupción y a los pies de una montaña de casi 200 metros de altura que surgió en la zona conocida como Tajogaite durante los casi tres meses que duró la erupción.

Precisamente, entre los avances de las instituciones para la reconstrucción de la zona, el Ayuntamiento de Los Llanos anunció ayer que a marzo los afectados por la erupción ya podrán solicitar la licencia para construir en suelo rústico tras la modificación legal realizada por el Gobierno regional.

Sismógrafos recuperados

Los doce sismógrafos que se desplegaron en aguas próximas a La Palma tras la erupción volcánica han sido recuperados esta semana por el personal del Buque de Acción Marítima (BAM) Relámpago, de la Armada española. El buque tiene su base en el Arsenal de Las Palmas de Gran Canaria, y el Ministerio de Defensa recordó ayer que, tras la erupción volcánica, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) solicitó a la Armada una plataforma para desplegar dos sismógrafos en aguas próximas a La Palma. La Armada dispuso entonces del Buque Hidrográfico Malaspina, que fondeó los equipos en las proximidades del primer delta lávico el 9 de noviembre, y mes después el Relámpago salió a la mar con un equipo de científicos del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) y del Instituto Geomar de Kiel (Alemania) para desplegar otros diez más. Casi cuatro meses después el Relámpago ha regresado para recuperarlos y con sus datos se obtendrá una perspectiva más amplia de las señales de los terremotos registrados en las proximidades de la isla todo ese tiempo.

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