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Volcán de La Palma

La erupción más longeva de La Palma

El volcán cumple hoy 85 días activo y, sin visos de finalizar, supera en tiempo a la erupción más larga, la de Tehuya

Así cae este sábado la colada de lava del volcán de La Palma por el cantil

Así cae este sábado la colada de lava del volcán de La Palma por el cantil

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Así cae este sábado la colada de lava del volcán de La Palma por el cantil Verónica Pavés

El 19 de mayo de 1585 la tierra se abrió en Cumbre Vieja y el magma que contenía el edificio insular empezó a discurrir por la ladera sin prisa. La erupción de Tehuya es de las más relevantes de la historia palmera, dado que dio lugar a paisajes emblemáticos de La Palma, como Los Campanarios de Jedey o la configuración actual del litorial de Puerto Naos. Sin embargo, lo más relevante de la erupción de Tehuya fue su duración, que hasta ahora la convertía en la más duradera de los últimos 500 años en La Palma: 84 días. 436 años y 4 meses después, la tierra se ha vuelto a abrir en Cumbre Vieja supurando tal cantidad de lava, que ha superado un hito hasta ahora inquebrantable.

A la erupción actual en La Palma y a la Tehuya les unen ciertas características semejantes y no solo con respecto a su duración. El volcán que surgió en lo alto de El Paso en 1585 tuvo tres fases diferenciadas similares a las que se han podido monitorizar en la erupción actual. La primera estuvo caracterizada por unas importantes deformaciones en el suelo y por movimientos sísmicos marcados; la segunda estuvo marcada por un comportamiento explosivo, que los científicos creen que probablemente haya sido estromboliano; y la tercera, fue una etapa caracterizada por una actividad mixta tanto efusiva y explosiva, que dio lugar a la formación de tres corrientes de lava que ganaron terreno al mar, sepultaron cultivos y acabaron con la vida de varios peces en el mar.

Como la actual, la erupción de Tehuya también combinó fases de calma eruptiva con etapas de reactivación explosiva. De hecho, los historiadores consideran que esta es una de las erupciones que tuvo más fuerza en La Palma, no solo por la duración, sino también porque en sus fases finales tuvo tanta energía que logró sacar desde lo más profundo de la tierra unos grandes bloques fonolíticas que hoy se conoce como los campanarios de Jedey o las agujas de Tehuya. Según recoge la descripción del ingeniero Leonardo Torriani, «se veían dos grandísimas piedras, en medio del monte, delgadas en su parte superior, a modo de pirámides». Estos pitones sufrieron un importante derrumbe durante la erupción del volcán de San Juan (1949) y en sus inmediaciones es posible apreciar cómo han sido colonizados por pinos canarios, algunos de ellos posicionados en los accesos más inverosímiles.

Toneladas de cenizas cubren las coladas históricas del volcán de San Juan en La Palma

Toneladas de cenizas cubren las coladas históricas del volcán de San Juan en La Palma Manuel Nogales| @IPNA_CSIC

El volcán de Tehuya también generó una intensa actividad sísmica, de tal calibre que llegó a sentirse en todo el Archipiélago. El actual no se queda atrás, pues ha removido las entrañas de las Islas llegando a generar movimientos en El Hierro, Tenerife y La Gomera. Sin embargo, en su fase preeruptiva, la sismicidad fue mucho más intensa. Torriani narra que durante la primavera anterior hubo «grandes y continuos terremotos», que precedieron al momento en el que el volcán encontró «un punto donde podía hacer mayor esfuerzo y empujar hacía fuera». De hecho, Torriani afirma que los quejidos del volcán se podían escuchar desde la superficie, afirmando que «se oía el rumor del fuego bajo la tierra y el estrépito de las piedras».

Erupción desconocida hasta 1949

Sin embargo, y al contrario que esta erupción tan ampliamente vigilada; la de Tehuya fue una gran desconocida hasta prácticamente la década de los 60. Durante mucho tiempo se creyó de que el primer volcán histórico de La Palma había sido el volcán de Tacande y se había fijado la fecha de la erupción en 1585, confundiéndola con la de Tehuya. No fue hasta en 1949, cuando la profesora tinerfeña María Rosa Alonso, después de realizar un estudio sobre Guillén Peraza, dijo que pertenecían al siglo XV y que el volcán al que se refería el historiador Abreu Galindo no podía ser del siglo XVI, sino anterior, con lo que habría habido otra erupción volcánica que no había sido oportunamente datada. Desde hace algo más de treinta años años, el dilema está aclarado y se ha podido estudiar más a fondo la hasta ahora erupción más larga de la historia palmera.

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