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Volcán de La Palma
Ángel Rodríguez Investigador de Oceanografía Física y Geofísica Aplicada de la ULPGC

«Es sorprendente los cambios tan rápidos en la deformación del terreno en el volcán de La Palma»

«La erupción se sale del patrón de los últimos 500 años en la dorsal de Cumbre Vieja en el ritmo de material emitido», afirma el investigador de Oceanografía Física y Geofísica Aplicada de la ULPGC

El doctor en Física, Ángel Rodríguez, en su despacho de la Facultad de Ciencias Básicas de la ULPGC.

El investigador del grupo de Oceanografía Física y Geofísica de la ULPGC Ángel Rodríguez, dirige actualmente en La Palma los estudios de apoyo al Pevolca sobre la deformación del terreno que se ha producido en la isla en el marco del proceso eruptivo del volcán de Cumbre Vieja, así como las mediciones, junto a Plocan de temperatura y salinidad en aguas cercanas al delta lávico o fajana

¿Qué papel desempeña el grupo de Oceanografía Física y Geofísica de la ULPGC en la crisis eruptiva de La Palma?

Dentro de la parte de Geodesia del grupo, llevamos haciendo un seguimiento de los enjambres sísmicos en La Palma desde 2017, incluso en 2019 un alumno del grado de Geomática de la ULPGC hizo el TFG sobre un enjambre sísmicos ocurrido en 2018, y cuando comienza la erupción empezamos a medir con nuestros equipos la deformación del terreno. Entramos en la zona de exclusión con nuestras antenas GNSS -pueden captar tanto satélites de constelación americana (GPS), como los satélites rusos-, y durante cinco semanas fuimos a realizar mediciones en seis puntos diferentes de La Palma. Unos cercanos a las estaciones del Instituto Geográfico Nacional (IGN) para hacer una comparación con los datos de ellos de deformación del terreno, y otros cercanos a la dorsal de Cumbre Vieja, donde está el mayor número de epicentros del enjambre que estamos sufriendo continuamente desde que empezó la erupción volcánica. Y lo segundo que hemos hecho, es instalar en la azotea de un centro cultural en Tigalate una estación fija, con la ayuda del Ayuntamiento de Villa de Mazo, para monitorizar la deformación de forma continua. Ahora estamos trabajando con esos datos para ver como se comporta la deformación en esa zona.

¿Qué resultados destacaría de los obtenidos en estas mediciones?

Respecto a las estaciones cercanas al IGN, hemos comprobado la misma tendencia a la deformación que ellos detectan, con lo cual, confirmamos que con otra instrumentación, estamos obteniendo los mismos resultados. Las estaciones más cercanas a la boca eruptiva son las que tienen mayor deformación, incluso han llegado hasta 24 y 25 centímetros. Lo que hemos visto es que hay pulsos, oscilaciones en la deformación, en las estaciones más cercanas a la boca eruptiva, y pensamos que son debida a que el magma no siempre entra de la misma forma, hay veces que hay una mayor intrusión magmática que genera más deformación, y otras hay menos y genera una bajada en la misma. Subidas y bajadas que están dadas por el aumento o disminución de estas intrusiones magmáticas. Es sorprendente los cambios tan rápidos en la deformación del terreno en este volcán. Con respecto a la estación fija, estamos trabajando con los resultados, de momento son preliminares.

¿Por qué es tan importante esa medida constante de la deformación del terreno?

Es importante medir la deformación porque permite anticiparnos a la salida de una nueva boca eruptiva y poder evacuar a la población. Por eso tanto el IGN como el Involcan tienen muchas estaciones en la zona, tanto en el lado oeste como en el este de la Isla. Ahora mismo la Isla, en especial la zona de Cumbre Vieja, está completamente monitorizada.

«No sabemos como va a evolucionar el volcán, pero de momento no se prevén nuevas bocas eruptivas»

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¿En base a los datos obtenidos hasta el momento, cree que sigue existiendo riesgo de nuevas bocas eruptivas?

No sabemos como va a evolucionar el volcán, pero de momento no se prevén más bocas eruptivas que las que están en Cumbre Vieja, donde se abren unas y se cierran otras. Observamos que en la zona donde está la boca principal se generan bocas cercanas, y esperamos que el sistema se siga comportando así. Por eso es tan importante la monitorización de la deformación, pero esta actividad es competencia del IGN y el Involcan y nosotros estamos ayudando para comparar y tener otros puntos de estudio para la vigilancia volcánica, como esta estación fija en Tigalate.

«La sismicidad a 30 o 40 km se vincula a la alimentación del repositorio más cercano a la superficie»

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¿Existen ya datos que permitan aventurar la evolución de esta erupción?

Ahora mismo es difícil prever cuando va a terminar la erupción. La actividad volcánica tiene ciclos, diferentes pulsos u oscilaciones. Estamos muy pendientes de la actividad sísmica en profundidad, la que va entre 40 y 30 kilómetros, porque está relacionada con la regeneración magmática y alimenta al repositorio más cercano a superficie, entre 15 y 9 kilómetros, que a su vez es el que después alimenta al magma que sube y a las coladas lávicas que estamos observando.

«Es imposible prever su final, cuando la actividad estaba bajando de forma notable, volvió a intensificarse»

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¿Cómo interpreta entonces la disminución de la actividad sísmica en los últimos días?

El hecho de que la sismicidad profunda empiece a bajar podría ser una buena señal, que podría apuntar a una disminución de la actividad volcánica, porque indicaría que no habría una retroalimentación de la parte superior de magma, que a su vez retroalimenta las lavas. Pero lo que sabemos hasta ahora es que no se puede aventurar nada. Cuando ya pensábamos, con todos los parámetros recogidos, que la actividad volcánica estaba disminuyendo notablemente, se intensificó la actividad sísmica profunda hace una semana, y eso a su vez dio pie a una reactivación de la actividad sísmica en profundidades más intermedias, que a su vez dio pie a las coladas de lava.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido de esta erupción?

En realidad, se está comportando como otras erupciones del pasado, va pasando por diferentes etapas, no hay una actividad volcánica siempre intensa, hay veces que aumenta, y otras disminuye, vuelve a aumentar, disminuir… y no sabemos ahora mismo cuando va a terminar, esperemos que sea lo antes posible. Algo que nos ha sorprendido es que este volcán se sale del patrón de la dorsal de Cumbre Vieja de los últimos 500 años en el ritmo de material emitido, la velocidad en la cual ha salido, sobre todo la lava, en un tiempo relativamente corto. Se estima que en el mismo tiempo que duró la erupción del Teneguía, que fueron 24 días, este volcán emitió el doble de material, en torno a 80 millones de metros cúbicos.

«Este ha sido el volcán de los drones, hemos podido ver la actividad eruptiva desde todos los puntos de vista»

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¿Qué destacaría de la aportación científica en la actual crisis eruptiva?

Este ha sido el volcán de los drones. Hemos podido ver la actividad eruptiva a través de las cámaras de los drones desde todos los puntos de vista. Eso ha permitido acercarnos a las bocas eruptivas y hacer un estudio más exhaustivo, con cámaras térmicas para medir las temperaturas, los pulsos magmáticos... Destacaría por tanto, la aplicación de la última tecnología al seguimiento y vigilancia de la actividad volcánica. Además, en la ULPGC hemos podido llevar a estudiantes del área de Geografía y Ordenación del Territorio y de Ciencias del Mar para conocer in situ como es un volcán, como se comporta, que desde el punto de vista de la docencia y la formación es importante. También se ha puesto de manifiesto la importancia de potenciar en las dos universidades canarias, los estudios vulcanológico, desde la geología hasta la geofísica.

¿En qué consisten los trabajos que desarrollan en La Palma en oceanografía física?

Colaboramos con la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocan), que nos da soporte tecnológico y a nivel de embarcaciones para hacer medidas en el medio marino, cerca de los deltas lávicos que se han ido formando. Hemos hecho dos campañas, a finales de octubre y de noviembre, en las que hemos medido la parte física, es decir, la temperatura del océano a diferentes profundidades, cerca del delta lávico, y la salinidad. Y ahora estamos preparando una campaña para mediados de diciembre.

«Cuando llega la lava al mar, la temperatura aumenta a 50 grados, pero a los pocos días se difumina el efecto»

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¿Qué datos destacaría de ambas campañas?

Hemos observado que cuando la lava entra en el mar, los primeros días hay un efecto notable en las inmediaciones del delta lávico. A pocos metros la temperatura puede llegar a 50 grados, pero cuando te alejas hemos visto que los parámetros físicos vuelven a ser normales. De hecho, a unos 50 metros del delta ya empiezas a notar poca diferencia en la temperatura, enseguida el efecto térmico se difumina. Lo normal en el océano es que haya mayor temperatura arriba, en la columna de agua, que abajo, pero aquí, cuando empezamos a medir y llegamos a la parte profunda vemos que hay un ligero aumento de la temperatura debido al aporte lávico que hay en el fondo. En resumen, cuando pasa unos días desde su llegada, la parte superficial de la lava se enfría y el efecto térmico empieza a ser pequeño, digamos que hay un aumento inferior a un grado centígrado una vez pasado los primeros días, y a pocos metros del delta, y cuando te alejas, a 50 metros, las condiciones ya son normales.

¿Notaron diferencias entre la primera campaña y la segunda?

La segunda fue a finales de noviembre, y estamos aún procesando los datos. En esta última hemos podido acercarnos un poco al delta lávico nuevo, al norte, y a los antiguos, pero aún no tenemos los resultados de esos datos, estamos procesándolos para luego compararlos con la primera campaña.

El investigador del grupo de Oceanografía Física y Geofísica de la ULPGC Ángel Rodríguez, dirige actualmente en La Palma los estudios de apoyo al Pevolca sobre la deformación del terreno que se ha producido en la isla en el marco del proceso eruptivo del volcán de Cumbre Vieja, así como las mediciones, junto a Plocan de temperatura y salinidad en aguas cercanas al delta lávico o fajana

¿Qué papel desempeña el grupo de Oceanografía Física y Geofísica de la ULPGC en la crisis eruptiva de La Palma?

Dentro de la parte de Geodesia del grupo, llevamos haciendo un seguimiento de los enjambres sísmicos en La Palma desde 2017, incluso en 2019 un alumno del grado de Geomática de la ULPGC hizo el TFG sobre un enjambre sísmicos ocurrido en 2018, y cuando comienza la erupción empezamos a medir con nuestros equipos la deformación del terreno. Entramos en la zona de exclusión con nuestras antenas GNSS -pueden captar tanto satélites de constelación americana (GPS), como los satélites rusos-, y durante cinco semanas fuimos a realizar mediciones en seis puntos diferentes de La Palma. Unos cercanos a las estaciones del Instituto Geográfico Nacional (IGN) para hacer una comparación con los datos de ellos de deformación del terreno, y otros cercanos a la dorsal de Cumbre Vieja, donde está el mayor número de epicentros del enjambre que estamos sufriendo continuamente desde que empezó la erupción volcánica. Y lo segundo que hemos hecho, es instalar en la azotea de un centro cultural en Tigalate una estación fija, con la ayuda del Ayuntamiento de Villa de Mazo, para monitorizar la deformación de forma continua. Ahora estamos trabajando con esos datos para ver como se comporta la deformación en esa zona.

¿Qué resultados destacaría de los obtenidos en estas mediciones?

Respecto a las estaciones cercanas al IGN, hemos comprobado la misma tendencia a la deformación que ellos detectan, con lo cual, confirmamos que con otra instrumentación, estamos obteniendo los mismos resultados. Las estaciones más cercanas a la boca eruptiva son las que tienen mayor deformación, incluso han llegado hasta 24 y 25 centímetros. Lo que hemos visto es que hay pulsos, oscilaciones en la deformación, en las estaciones más cercanas a la boca eruptiva, y pensamos que son debida a que el magma no siempre entra de la misma forma, hay veces que hay una mayor intrusión magmática que genera más deformación, y otras hay menos y genera una bajada en la misma. Subidas y bajadas que están dadas por el aumento o disminución de estas intrusiones magmáticas. Es sorprendente los cambios tan rápidos en la deformación del terreno en este volcán. Con respecto a la estación fija, estamos trabajando con los resultados, de momento son preliminares.

¿Por qué es tan importante esa medida constante de la deformación del terreno?

Es importante medir la deformación porque permite anticiparnos a la salida de una nueva boca eruptiva y poder evacuar a la población. Por eso tanto el IGN como el Involcan tienen muchas estaciones en la zona, tanto en el lado oeste como en el este de la Isla. Ahora mismo la Isla, en especial la zona de Cumbre Vieja, está completamente monitorizada.

«No sabemos como va a evolucionar el volcán, pero de momento no se prevén nuevas bocas eruptivas»

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¿En base a los datos obtenidos hasta el momento, cree que sigue existiendo riesgo de nuevas bocas eruptivas?

No sabemos como va a evolucionar el volcán, pero de momento no se prevén más bocas eruptivas que las que están en Cumbre Vieja, donde se abren unas y se cierran otras. Observamos que en la zona donde está la boca principal se generan bocas cercanas, y esperamos que el sistema se siga comportando así. Por eso es tan importante la monitorización de la deformación, pero esta actividad es competencia del IGN y el Involcan y nosotros estamos ayudando para comparar y tener otros puntos de estudio para la vigilancia volcánica, como esta estación fija en Tigalate.

«La sismicidad a 30 o 40 km se vincula a la alimentación del repositorio más cercano a la superficie»

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¿Existen ya datos que permitan aventurar la evolución de esta erupción?

Ahora mismo es difícil prever cuando va a terminar la erupción. La actividad volcánica tiene ciclos, diferentes pulsos u oscilaciones. Estamos muy pendientes de la actividad sísmica en profundidad, la que va entre 40 y 30 kilómetros, porque está relacionada con la regeneración magmática y alimenta al repositorio más cercano a superficie, entre 15 y 9 kilómetros, que a su vez es el que después alimenta al magma que sube y a las coladas lávicas que estamos observando.

«Es imposible prever su final, cuando la actividad estaba bajando de forma notable, volvió a intensificarse»

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¿Cómo interpreta entonces la disminución de la actividad sísmica en los últimos días?

El hecho de que la sismicidad profunda empiece a bajar podría ser una buena señal, que podría apuntar a una disminución de la actividad volcánica, porque indicaría que no habría una retroalimentación de la parte superior de magma, que a su vez retroalimenta las lavas. Pero lo que sabemos hasta ahora es que no se puede aventurar nada. Cuando ya pensábamos, con todos los parámetros recogidos, que la actividad volcánica estaba disminuyendo notablemente, se intensificó la actividad sísmica profunda hace una semana, y eso a su vez dio pie a una reactivación de la actividad sísmica en profundidades más intermedias, que a su vez dio pie a las coladas de lava.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido de esta erupción?

En realidad, se está comportando como otras erupciones del pasado, va pasando por diferentes etapas, no hay una actividad volcánica siempre intensa, hay veces que aumenta, y otras disminuye, vuelve a aumentar, disminuir… y no sabemos ahora mismo cuando va a terminar, esperemos que sea lo antes posible. Algo que nos ha sorprendido es que este volcán se sale del patrón de la dorsal de Cumbre Vieja de los últimos 500 años en el ritmo de material emitido, la velocidad en la cual ha salido, sobre todo la lava, en un tiempo relativamente corto. Se estima que en el mismo tiempo que duró la erupción del Teneguía, que fueron 24 días, este volcán emitió el doble de material, en torno a 80 millones de metros cúbicos.

«Este ha sido el volcán de los drones, hemos podido ver la actividad eruptiva desde todos los puntos de vista»

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¿Qué destacaría de la aportación científica en la actual crisis eruptiva?

Este ha sido el volcán de los drones. Hemos podido ver la actividad eruptiva a través de las cámaras de los drones desde todos los puntos de vista. Eso ha permitido acercarnos a las bocas eruptivas y hacer un estudio más exhaustivo, con cámaras térmicas para medir las temperaturas, los pulsos magmáticos... Destacaría por tanto, la aplicación de la última tecnología al seguimiento y vigilancia de la actividad volcánica. Además, en la ULPGC hemos podido llevar a estudiantes del área de Geografía y Ordenación del Territorio y de Ciencias del Mar para conocer in situ como es un volcán, como se comporta, que desde el punto de vista de la docencia y la formación es importante. También se ha puesto de manifiesto la importancia de potenciar en las dos universidades canarias, los estudios vulcanológico, desde la geología hasta la geofísica.

¿En qué consisten los trabajos que desarrollan en La Palma en oceanografía física?

Colaboramos con la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocan), que nos da soporte tecnológico y a nivel de embarcaciones para hacer medidas en el medio marino, cerca de los deltas lávicos que se han ido formando. Hemos hecho dos campañas, a finales de octubre y de noviembre, en las que hemos medido la parte física, es decir, la temperatura del océano a diferentes profundidades, cerca del delta lávico, y la salinidad. Y ahora estamos preparando una campaña para mediados de diciembre.

«Cuando llega la lava al mar, la temperatura aumenta a 50 grados, pero a los pocos días se difumina el efecto»

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¿Qué datos destacaría de ambas campañas?

Hemos observado que cuando la lava entra en el mar, los primeros días hay un efecto notable en las inmediaciones del delta lávico. A pocos metros la temperatura puede llegar a 50 grados, pero cuando te alejas hemos visto que los parámetros físicos vuelven a ser normales. De hecho, a unos 50 metros del delta ya empiezas a notar poca diferencia en la temperatura, enseguida el efecto térmico se difumina. Lo normal en el océano es que haya mayor temperatura arriba, en la columna de agua, que abajo, pero aquí, cuando empezamos a medir y llegamos a la parte profunda vemos que hay un ligero aumento de la temperatura debido al aporte lávico que hay en el fondo. En resumen, cuando pasa unos días desde su llegada, la parte superficial de la lava se enfría y el efecto térmico empieza a ser pequeño, digamos que hay un aumento inferior a un grado centígrado una vez pasado los primeros días, y a pocos metros del delta, y cuando te alejas, a 50 metros, las condiciones ya son normales.

¿Notaron diferencias entre la primera campaña y la segunda?

La segunda fue a finales de noviembre, y estamos aún procesando los datos. En esta última hemos podido acercarnos un poco al delta lávico nuevo, al norte, y a los antiguos, pero aún no tenemos los resultados de esos datos, estamos procesándolos para luego compararlos con la primera campaña.

¿Qué papel desempeña el grupo de Oceanografía Física y Geofísica de la ULPGC en la crisis eruptiva de La Palma?

Dentro de la parte de Geodesia del grupo, llevamos haciendo un seguimiento de los enjambres sísmicos en La Palma desde 2017, incluso en 2019 un alumno del grado de Geomática de la ULPGC hizo el TFG sobre un enjambre sísmicos ocurrido en 2018, y cuando comienza la erupción empezamos a medir con nuestros equipos la deformación del terreno. Entramos en la zona de exclusión con nuestras antenas GNSS -pueden captar tanto satélites de constelación americana (GPS), como los satélites rusos-, y durante cinco semanas fuimos a realizar mediciones en seis puntos diferentes de La Palma. Unos cercanos a las estaciones del Instituto Geográfico Nacional (IGN) para hacer una comparación con los datos de ellos de deformación del terreno, y otros cercanos a la dorsal de Cumbre Vieja, donde está el mayor número de epicentros del enjambre que estamos sufriendo continuamente desde que empezó la erupción volcánica. Y lo segundo que hemos hecho, es instalar en la azotea de un centro cultural en Tigalate una estación fija, con la ayuda del Ayuntamiento de Villa de Mazo, para monitorizar la deformación de forma continua. Ahora estamos trabajando con esos datos para ver como se comporta la deformación en esa zona.

¿Qué resultados destacaría de los obtenidos en estas mediciones?

Respecto a las estaciones cercanas al IGN, hemos comprobado la misma tendencia a la deformación que ellos detectan, con lo cual, confirmamos que con otra instrumentación, estamos obteniendo los mismos resultados. Las estaciones más cercanas a la boca eruptiva son las que tienen mayor deformación, incluso han llegado hasta 24 y 25 centímetros. Lo que hemos visto es que hay pulsos, oscilaciones en la deformación, en las estaciones más cercanas a la boca eruptiva, y pensamos que son debida a que el magma no siempre entra de la misma forma, hay veces que hay una mayor intrusión magmática que genera más deformación, y otras hay menos y genera una bajada en la misma. Subidas y bajadas que están dadas por el aumento o disminución de estas intrusiones magmáticas. Es sorprendente los cambios tan rápidos en la deformación del terreno en este volcán. Con respecto a la estación fija, estamos trabajando con los resultados, de momento son preliminares.

¿Por qué es tan importante esa medida constante de la deformación del terreno?

Es importante medir la deformación porque permite anticiparnos a la salida de una nueva boca eruptiva y poder evacuar a la población. Por eso tanto el IGN como el Involcan tienen muchas estaciones en la zona, tanto en el lado oeste como en el este de la Isla. Ahora mismo la Isla, en especial la zona de Cumbre Vieja, está completamente monitorizada.

«No sabemos como va a evolucionar el volcán, pero de momento no se prevén nuevas bocas eruptivas»

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¿En base a los datos obtenidos hasta el momento, cree que sigue existiendo riesgo de nuevas bocas eruptivas?

No sabemos como va a evolucionar el volcán, pero de momento no se prevén más bocas eruptivas que las que están en Cumbre Vieja, donde se abren unas y se cierran otras. Observamos que en la zona donde está la boca principal se generan bocas cercanas, y esperamos que el sistema se siga comportando así. Por eso es tan importante la monitorización de la deformación, pero esta actividad es competencia del IGN y el Involcan y nosotros estamos ayudando para comparar y tener otros puntos de estudio para la vigilancia volcánica, como esta estación fija en Tigalate.

«La sismicidad a 30 o 40 km se vincula a la alimentación del repositorio más cercano a la superficie»

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¿Existen ya datos que permitan aventurar la evolución de esta erupción?

Ahora mismo es difícil prever cuando va a terminar la erupción. La actividad volcánica tiene ciclos, diferentes pulsos u oscilaciones. Estamos muy pendientes de la actividad sísmica en profundidad, la que va entre 40 y 30 kilómetros, porque está relacionada con la regeneración magmática y alimenta al repositorio más cercano a superficie, entre 15 y 9 kilómetros, que a su vez es el que después alimenta al magma que sube y a las coladas lávicas que estamos observando.

«Es imposible prever su final, cuando la actividad estaba bajando de forma notable, volvió a intensificarse»

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¿Cómo interpreta entonces la disminución de la actividad sísmica en los últimos días?

El hecho de que la sismicidad profunda empiece a bajar podría ser una buena señal, que podría apuntar a una disminución de la actividad volcánica, porque indicaría que no habría una retroalimentación de la parte superior de magma, que a su vez retroalimenta las lavas. Pero lo que sabemos hasta ahora es que no se puede aventurar nada. Cuando ya pensábamos, con todos los parámetros recogidos, que la actividad volcánica estaba disminuyendo notablemente, se intensificó la actividad sísmica profunda hace una semana, y eso a su vez dio pie a una reactivación de la actividad sísmica en profundidades más intermedias, que a su vez dio pie a las coladas de lava.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido de esta erupción?

En realidad, se está comportando como otras erupciones del pasado, va pasando por diferentes etapas, no hay una actividad volcánica siempre intensa, hay veces que aumenta, y otras disminuye, vuelve a aumentar, disminuir… y no sabemos ahora mismo cuando va a terminar, esperemos que sea lo antes posible. Algo que nos ha sorprendido es que este volcán se sale del patrón de la dorsal de Cumbre Vieja de los últimos 500 años en el ritmo de material emitido, la velocidad en la cual ha salido, sobre todo la lava, en un tiempo relativamente corto. Se estima que en el mismo tiempo que duró la erupción del Teneguía, que fueron 24 días, este volcán emitió el doble de material, en torno a 80 millones de metros cúbicos.

«Este ha sido el volcán de los drones, hemos podido ver la actividad eruptiva desde todos los puntos de vista»

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¿Qué destacaría de la aportación científica en la actual crisis eruptiva?

Este ha sido el volcán de los drones. Hemos podido ver la actividad eruptiva a través de las cámaras de los drones desde todos los puntos de vista. Eso ha permitido acercarnos a las bocas eruptivas y hacer un estudio más exhaustivo, con cámaras térmicas para medir las temperaturas, los pulsos magmáticos... Destacaría por tanto, la aplicación de la última tecnología al seguimiento y vigilancia de la actividad volcánica. Además, en la ULPGC hemos podido llevar a estudiantes del área de Geografía y Ordenación del Territorio y de Ciencias del Mar para conocer in situ como es un volcán, como se comporta, que desde el punto de vista de la docencia y la formación es importante. También se ha puesto de manifiesto la importancia de potenciar en las dos universidades canarias, los estudios vulcanológico, desde la geología hasta la geofísica.

¿En qué consisten los trabajos que desarrollan en La Palma en oceanografía física?

Colaboramos con la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocan), que nos da soporte tecnológico y a nivel de embarcaciones para hacer medidas en el medio marino, cerca de los deltas lávicos que se han ido formando. Hemos hecho dos campañas, a finales de octubre y de noviembre, en las que hemos medido la parte física, es decir, la temperatura del océano a diferentes profundidades, cerca del delta lávico, y la salinidad. Y ahora estamos preparando una campaña para mediados de diciembre.

«Cuando llega la lava al mar, la temperatura aumenta a 50 grados, pero a los pocos días se difumina el efecto»

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¿Qué datos destacaría de ambas campañas?

Hemos observado que cuando la lava entra en el mar, los primeros días hay un efecto notable en las inmediaciones del delta lávico. A pocos metros la temperatura puede llegar a 50 grados, pero cuando te alejas hemos visto que los parámetros físicos vuelven a ser normales. De hecho, a unos 50 metros del delta ya empiezas a notar poca diferencia en la temperatura, enseguida el efecto térmico se difumina. Lo normal en el océano es que haya mayor temperatura arriba, en la columna de agua, que abajo, pero aquí, cuando empezamos a medir y llegamos a la parte profunda vemos que hay un ligero aumento de la temperatura debido al aporte lávico que hay en el fondo. En resumen, cuando pasa unos días desde su llegada, la parte superficial de la lava se enfría y el efecto térmico empieza a ser pequeño, digamos que hay un aumento inferior a un grado centígrado una vez pasado los primeros días, y a pocos metros del delta, y cuando te alejas, a 50 metros, las condiciones ya son normales.

¿Notaron diferencias entre la primera campaña y la segunda?

La segunda fue a finales de noviembre, y estamos aún procesando los datos. En esta última hemos podido acercarnos un poco al delta lávico nuevo, al norte, y a los antiguos, pero aún no tenemos los resultados de esos datos, estamos procesándolos para luego compararlos con la primera campaña.

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