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ERUPCIÓN EN LA PALMA

La Sociedad Velia resiste al volcán de La Palma

Representa el símbolo de un barrio que quiere mantener viva su memoria

Imagen de la colada en la zona de La Laguna. E. D.

Centro social de Las Manchas, su historia ha estado conformada por la superación de barreras en su génesis y evolución, y ahora se mantiene en pie, aguantando el empuje de la lava.

La Sociedad de Instrucción y Recreo Velia de La Laguna, referente de la actividad social y cultural de este barrio de Los Llanos de Aridane, se mantienen en pie, erguida y soportando, desde hace más de un mes, los embates de la lava.

Desde el pasado 21 de octubre esa colada, la conocida por los científicos como número 8, no avanza ni un centímetro. Ahí se quedó, en medio de un cruce de caminos, después de haber arrasado casi todas las construcciones al sur de la carretera y detenida a pocos metros de la iglesia de San Isidro. Pero entre las que sobreviven con la lava apoyada en sus paredes está una de las construcciones más representativas de este barrio, de su gente y del desarrollo cultural y social de esta zona de Los Llanos de Aridane.

La lava ha conseguido entrar en el salón que solía acoger bailes, exposiciones o conferencias, pero las paredes de la Sociedad Velia siguen en pie, como símbolo de un barrio que quiere mantener viva su memoria en torno a este núcleo aglutinador. Sus vecinos defienden la oportunidad de reconstruirlo, de levantarlo a partir de sus cenizas, en la idea de retornar a los lugares de siempre y fortaleciendo el arraigo con un territorio que los ha visto convivir. Uno de esos elementos fundamentales es esta sociedad. Así lo reseña, siempre que tiene la oportunidad, Marcelino Rodríguez, una de las personas referentes del barrio, quien a través de la labor social y cultural que dirige desde la Sociedad Velia ha configurado una personalidad cercana y comprometida.

Fundada en 1932, en plena Segunda República, «y con el esfuerzo de mucha gente», señala Marcelino, supuso un verdadero avance para la época, un espacio en el que hombres y mujeres compartían la dirección y gestión de la actividad cultural y social. Hay que recordar que con el advenimiento de la Segunda República, la mujer española obtuvo el derecho al sufragio directo en el año 1933. Esos aires frescos de progreso femenino fueron acogidos por la sociedad lagunera de esos momentos, apreciando como la mujer tiene una participación activa, no sólo en la constitución de asociaciones recreativas y culturales, sino también en todo acto social.

Así lo explica la cronista oficial de Los Llanos de Aridane, María Victoria Hernández, quien indica que en plena Segunda República, cuando «la mujer ya tenía una destacada participación en la vida social y cultural del barrio», fue cuando decidieron fundar esta sociedad de instrucción y recreo bajo el nombre de Velia, vinculado a la protagonista de una obra de teatro representada en el lugar, un «acontecimiento que sembró arraigo en el antiguo núcleo aridanense», por esos años aún conocido como Tajuya, dice Hernández.

En la trayectoria de esta sociedad, también el periodo de la Guerra Civil supuso un retroceso, con la obligación que se impuso a la mujer de alejarse de la gestión directa de su actividad, suprimiendo los derechos adquiridos.

A día de hoy, de esa instalación amenazada por la lava desde hace semanas, ha habido tiempo para retirar su historia documental y, a pesar de la destrucción, Marcelino destaca que «la sociedad seguirá existiendo», porque está «tocada, pero no hundida», al tiempo que recalca que la Sociedad Velia «está en el corazón».

Pero para Rodríguez aún hay que esperar a que la emergencia termine, a que llegue «el día después», con la esperanza de que la evolución de las coladas no vuelva a afectar al barrio y pueda reconstruirse hacia el norte. De esa manera, podrán pensar en un lugar cercano que les permita mantener el arraigo y crear «ese entorno más o menos igual».

Con todo, la actividad de este barrio sigue activa a pesar de que todos sus vecinos se encuentran evacuados. Es el propio Marcelino Rodríguez quien está promoviendo la reactivación de la asociación de vecinos, que en la Sociedad Velia tenía su centro de reuniones. Ahora, bajo el lema La Laguna sigue activa, invitan a todos los vecinos a inscribirse para «demostrar su cariño» al barrio, incidiendo en que «el futuro de muchos depende de nuestra voz» y en que «la unidad» aún les da esperanza.

En esta situación también recuerdan a los vecinos desplazados que «la identidad de nuestro barrio se muestra en estos duros momentos», considerando imprescindible que ante esta tragedia «no le fallemos a nuestros padres y abuelos laguneros». Y es que el barrio de La Laguna representa aún, como muchos otros de la isla de La Palma, un cruce de carreteras con comercios, iglesia, colegio, bares frecuentados por sus vecinos y viviendas a su alrededor. Y a pesar de que la mitad de las edificaciones han sido sepultadas por el volcán, la esperanza de poder reconstruir la vida de los vecinos, en torno a un símbolo como es esta Sociedad Velia, sigue estando presente y viva.

Allí, a los pies de la montaña de La Laguna, que también fue volcán, frente a la iglesia de San Isidro, que por lo pronto se está salvando de la devastación, y rodeado de laureles de indias que ya se están secando, persiste este centro social. Con una vía que ha servido de frontera y una barrera que impide que se pongan en riesgo otros núcleos poblados como los de Tazacorte, resiste Velia.

Esta sociedad, que sirvió en su momento de escuela, salón de bailes, colegio electoral, sede de actos religiosos y, en 1949, cobijó a familias afectadas por el volcán de San Juan, pretende seguir siendo el motor sociocultural de La Laguna gracias al esfuerzo de personas como Marcelino.

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