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Volcán de La Palma

Hipnotizado por el volcán de La Palma

Una imagen que refleja la vulnerabilidad del ser humano frente a la fuerza imparable desatada por la naturaleza en La Palma

Un palmero contiene el aliento y mira fijamente al volcán. | | CARLOS DE SAA

Un señor ataviado con un gorro típico de los agricultores mira hacia el volcán de La Palma, que se muestra en fase efusiva. Petrificado. Sin apenas moverse. Como si estuviera hipnotizado por la lava. Como si en La Palma se hubiera detenido el tiempo. Carlos de Saá, fotoperiodista de la agencia Efe, logró captar esas sensaciones en una sola instantánea que refleja la vulnerabilidad del ser humano frente a la magnitud de la naturaleza.

«Hice la foto el segundo día que pasé por esa zona. En la primera ocasión me encontré con una señora que miraba con tanta rabia al volcán, que no me atreví ni a molestarla, pero me fui a dormir con esa imagen en la cabeza», relata. Al día siguiente no pudo evitar la tentación de volver a la iglesia de Tajuya a buscar la foto. «El hombre no se movía nada, casi ni respiraba», apunta De Saá, quien para capturar el instante tuvo que programar el obturador de la cámara con dos segundos de abertura y facilitar así que entrara la luz suficiente. «Si el señor se hubiera movido solo un poco hubiera salido borroso, pero no es el caso. Sale absolutamente nítido», advierte.

La foto se hizo durante la quinta noche de la erupción. La iglesia de Tajuya era uno de los puntos de encuentro de los vecinos de Todoque y La Laguna, quienes observaban impotentes el caprichoso avance de la colada, que a su paso arrasaba sus hogares, sus negocios y sus plantaciones. El señor que sale en la foto representa a todos esos vecinos de La Palma que miran impotentes el discurrir de la lava ladera abajo.

Un palmero contiene el aliento y mira fijamente al volcán. | | CARLOS DE SAA

De Saá ha viajado dos veces a La Palma y en cada una de las jornadas de trabajo calcula que disparó su cámara en más de mil ocasiones. «Fueron días muy intensos en los que casi no dormía», señala. Dedicaba las mañanas a cubrir las coberturas informativas que estaban programadas y por las noches se quedaba hasta muy tarde haciendo fotos al volcán, que «es muy fotogénico e invita a buscar diferentes encuadres». El fotoperiodista reconoce que la explosividad del volcán era como un imán y que no podía parar de hacer fotos. «Es algo impresionante y no te das ni cuenta de que pasan las horas, a pesar del rugido y de los temblores de la tierra», explica.

La erupción de un volcán es un acontecimiento que probablemente no se vuelva a repetir en muchos años. Por esto, el fotógrafo apunta que trabaja con «la conciencia absoluta» de que está viviendo un hecho histórico, con un principio y un final. «Es dramático. La lava avanza y arrasa todo a su paso. Aunque lo estás viendo no te lo puedes creer. Seguiremos hablando durante mucho tiempo del volcán», concluye.

Carlos de Saá

Carlos de Saá

Carlos de Saá (Tuineje, 1973) es corresponsal de la agencia Efe en Fuerteventura. Como fotoperiodista ha publicado en medios como el New York Times, The Guardian, Washington Post o El País y tiene una amplia experiencia cubriendo actividades culturales. Ha recibido varios galardones por su trabajo como el XII Premio Internacional Rafael Ramos García de la Universidad de La Laguna, distinguido en 2007 con el premio a la mejor obra individual o el II Premio Regional Cajas de Ahorro de Canarias, donde recibió un accésit a la mejor serie. Ha formado parte de numerosas exposiciones individuales y colectivas, entre las que destacan Islas del mundo y Otra visión del cielo, organizadas por el Gobierno de Canarias dentro de su programa Septenio. Este año ha sido galardonado en el Certamen de Fotografía documental Cristóbal García con el primer premio en la categoría de sociedad y en el Certamen de Fotografía Documental e Informativa de Fotonoviembre con el primer premio individual y una mención especial en la modalidad de serie.

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