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Erupción en La Palma

Profesores de la ULL trabajan con las emociones de la comunidad del CEIP La Laguna, atravesado por una colada del volcán de La Palma

Una unidad especial de la ULL trabaja con los sentimientos de los docentes, alumnos y familiares del CEIP La Laguna, centro educativo atravesado por una colada de lava

Un técnico habla por teléfono en una zona de Los Llanos de Aridane que indica la llegada a La Laguna. Kike Rincón

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Un técnico habla por teléfono en una zona de Los Llanos de Aridane que indica la llegada a La Laguna. J.D.

Una colada del volcán de Tajogaite sigue parada dentro del CEIP La Laguna, un complejo escolar fantasma que ha trasladado a sus alumnos –unos 130 de los 160 que empezaron el curso 2021-22– al Centro de Vecinos El Retamar y a la Escuela de Idiomas de Los Llanos de Aridane. Allí, además de cumplir con las obligaciones pedagógicas planificadas por la comunidad educativa, docentes, alumnos y familiares de estos reciben apoyo emocional por parte de una unidad especial de la Universidad de La Laguna que lidera el profesor Antonio Rodríguez Hernández.

La evolución de la lava del volcán obliga a más desalojos en La Palma Vídeo: Agencia ATLAS | Foto: EP

En realidad, los cimientos sobre los que se imparten los recursos de la materia Educación Emocional y para la Creatividad conviven en el CEIP La Laguna de manera pionera desde que en 2014 el Gobierno de Canarias la incorporó a su plan de estudios. «Fue un centro referente en las Islas a la hora de activar los contenidos de Emocrea y de alguna manera la colada está parada en el corazón de la comunidad educativa de La Laguna», señala en referencia a un proyecto que desde el arranque de la erupción ha experimentado una metamorfosis.

«Dominados por el miedo»

No es fácil explicar las conjugaciones verbales cuando los terremotos condicionan el descanso, asimilar cómo crece una tabla de multiplicar bajo la incertidumbre de no saber si las coladas ya han arrasado la casa en la que vives o mantener la calma familiar en medio de un mar de dudas. «¿Quién está peor?», se pregunta el impulsor del programa Emocrea. «Los mayores están destrozados y en ese grupo tenemos que meter a los padres y a los profesores de los niños, casi todos afectados por una pérdida cercana», puntualiza un profesional de la educación que viaja cada dos semanas a La Palma para trabajar las «emociones volcánicas» de unos vecinos que necesitan tener el contacto cotidiano de al menos un psicólogo en cada centro escolar. «De la misma manera que hay dinero para instalar unas desaladoras portátiles, que son muy necesarias para la agricultura, se tienen que destinar medios económicos para destinar a estas personas. No hay que olvidar que, tan importante como los daños materiales, en estos momentos la prioridad es el quién, es decir, estas personas».

Casi una docena de profesionales –unos adscritos al grupo de investigación de Emocrea y otros especialistas en los campos de la psicología y la pedagogía– forman parte de un equipo que tiene claro que en estos momentos los contenidos educativos se encuentran en un segundo lugar porque cada día acuden muchos vecinos «dañados» a los nuevos enclaves del CEIP La Laguna. «Frente al volcán geológico poco podemos hacer porque es inexorable, pero el emocional continúa oculto dentro de los damnificados», abrevia el profesor del área de Psicología Evolutiva de la Facultad de Educación de la ULL.

Antonio Rodríguez prefiere colocar la resiliencia –una de las palabras más repetidas durante la crisis sanitaria– por delante de la resistencia. «Lo segundo han demostrado que está en el gen de los palmeros, pero en estos instantes es más decisivo no ponerse en el papel de víctima sino en el de un superviviente: la víctima se suele recrear en el dolor, mientras que el superviviente crece y supera las adversidades». Y es que, según él, en estos instantes hace falta crear un Pevolca emocional.

De la misma manera que los vulcanólogos y geólogos vigilan cada uno de los movimientos que se registran en la Montaña Rajada, este profesional de la educación reclama un comité de especialistas en la «reconstrucción» de un ser humano. «Hace falta un Pevolca emocional que atienda todas sus necesidades cuando el volcán se apague. Si no se trabaja en esa dirección nos vamos a encontrar de frente con un escenario social muy complicado».

Parte de esa labor ya se hace en las reuniones en las que, sobre todo, se habla de la erupción. «No es recrearse en el dolor sino superar los miedos interiores», puntualiza Antonio Rodríguez antes de realizar un breve análisis que afecta directamente a los gestores. «No tengo ni una sola duda del interés y los esfuerzos que hace la consejera de Educación para contrarrestar una situación compleja, pero con esto no nos da», incide en un tramo de la conversación en el que opina que «al igual que muchos vecinos no saben qué coger cuando se produce el desalojo de su casa, la administración está en shock, no por falta de compromiso sino por la magnitud del problema».

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