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Erupción en La Palma | Actualidad de la crisis volcánica

La ‘granja’ de Evaristo

El veterinario ha participado en media docena de rescates de ganado desde el inicio de la crisis volcánica | «Esto es un sin vivir, aquí no hay tregua», asegura el tinerfeño

Evaristo de la Rosa atiende a unas cabras en un recinto ganadero de La Palma. E. D.

Nació en Tenerife hace casi cinco décadas, estudió Veterinaria en Gran Canaria y vive en La Palma desde hace 12 años. Evaristo de la Rosa lleva un mes auxiliando a ganaderos de la zona cero de la erupción del volcán de Tajogaite. La semana pasada sacó a ocho de cochinos de La Laguna, pero tras la operación rescate comienza la segunda parte en el Recinto Ferial de El Paso. 

Hace unos días se pegó media mañana corriendo detrás de cinco cochinos en una platanera del Camino de los Barretos (Los Llanos de Aridane). Cada uno pesaba más de 100 kilos y los gorrinos dieron más guerra que los tres que recogió 48 horas después de otra piara de La Laguna. «El cochino era más grande (unos 150 kilos), pero aprovechamos que se metió en el goro y no nos dio más lucha», comenta Evaristo de la Rosa (1972, Santa Cruz de Tenerife) sobre las últimas operaciones de rescate desarrolladas desde el comienzo de la erupción del Tajogaite.

En la familia de Evaristo no hay antecedentes asociados a la veterinaria, aunque sí de la ganadería. Los padres de su madre tenían animales en La Victoria de Acentejo y los de su padre en El Rosario. La unión de estos originó una explotación agraria en La Laguna y cuando Evaristo terminó el instituto, y aprobó la selectividad, se marchó a Las Palmas de Gran Canaria para comenzar sus estudios de Veterinaria.

De vuelta a su isla natal se especializó durante nueve años en los cuidados de rebaños de cabras, pero la cosa no estaba para tirar cohetes y empezó a manejar la posibilidad de buscarse el futuro lejos de casa. «Soy un enamorado de La Palma, me propusieron trabajar con ganado y en Tenerife no habían demasiadas oportunidades de futuro», enumera De la Rosa cuando toca hablar de los motivos que tuvo en cuenta a la hora de decidir instalarse en la Isla Bonita.

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Jornadas agotadoras

Evaristo atiende nuestra llamada camino de Puntagorda. De allí es la familia de su mujer, Rosmania, la madre de un bebé de 16 meses al que le «chiflan» todos los animales. «No sé si será veterinario o no, pero le gusta estar con ellos», abrevia antes de hablar de la granja que se ha ido conformando en el Recinto Ferial de El Paso desde el pasado 19 de septiembre, el día en el que se abrió la tierra en el alto de Tajogaite. Él y otros integrantes de la Asociación de Defensa Sanitaria Ganadera de La Palma han participado en más de una docena de rescates.

Dos burros, dieciocho cochinos, entre 130 y 140 cabras y ovejas y gallinas, patos y pavos a tutiplén están siendo cuidados por un ejército de voluntarios en las instalaciones ubicadas en El Barrial. «Hay animales de vecinos desalojados que no han podido encontrar otro lugar en el que dejarlos, animales que recogimos nosotros, animales de personas que tuvieron que dejar sus casas y no tienen medios para mantenerlos...», resume el veterinario sobre los motivos que han ido dando forma al censo ganadero del Recinto Ferial de El Paso.

Evaristo se ha convertido en una especie de navaja suiza, un veterinario multiusos, que cuando no está metido en una maniobra de evacuación de ganado se le van las horas en el punto de emergencia que se ha montado en El Paso. Allí supervisa a diario el estado de salud de los animales, administra los medicamentos necesarios. Les echa de comer (algunos propietarios se hacen cargo de esta tarea para pasar un rato con ellos) y hasta realiza las labores de ordeño. «Esto es un sin vivir, aquí no hay tregua. Las jornadas de trabajo son agotadoras», dice Evaristo de la Rosa.

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