La Laguna se vacía. La amenaza de la colada que discurre al norte del campo de fútbol de la localidad palmera y que ha sido engullido, en parte, por el calor de la lava, ha obligado a evacuar de manera preventiva al resto del barrio en el que están censadas 1.600 vecinos. En el día de ayer fueron 300 más los que tuvieron que abandonar sus hogares a su suerte –400 con los de la noche del miércoles–, llevándose con ellos sus enseres, animales y últimos recuerdos.

Se repitieron, por quinta vez desde que empezó la erupción, unas imágenes a las que los palmeros, por desgracia, se están acostumbrando. Las prisas, los camiones repletos de muebles y la colaboración de las fuerzas y cuerpos de seguridad para tratar que los vecinos de La Laguna pudieran recoger todos los enseres posibles en un poco tiempo, volvió a ser la tónica de la jornada en Los Llanos de Aridane.

Bajo el rugido intenso de un volcán que no tiene visos de dejar de expulsar materiales a corto plazo, los científicos mostraron un atisbo de esperanza con respecto a la zona más afectada de los últimos días: «la colada que discurre por el norte está perdiendo fuerza al ganar viscosidad».

Así lo afirmó el director técnico del Pevolca, Miguel Ángel Morcuende, quien destacó, sin embargo, que se vieron obligados a tomar la decisión de evacuar a toda La Laguna porque «no podemos depender de si la viscosidad de la colada es mayor o menor». Su objetivo: garantizar la seguridad absoluta de las personas que habitan en esa zona. Los nuevos desplazados en esta quinta orden de evacuación suman ya 6.400 vecinos que han tenido que abandonar sus hogares a la suerte de un volcán que resulta impredecible. Como confirmó el director técnico del Pevolca, en estos momentos hay 287 personas albergadas en el hotel de Fuencaliente y el resto se encuentra en otras residencias o alojamientos de familiares y amigos.

La lava del volcán de La Palma, a toda velocidad El Día

Una colada muy rápida

La colada que discurre más al noroeste, sin embargo, no tiene visos de parar. Desafía la localidad de Los Llanos de Aridane la colada de lava que empezó a bifurcarse tímidamente por el norte el pasado domingo. Esta eventualidad coincide con el cambio en la morfología del volcán que, al caer, provocó que la lava empezara a discurrir por una zona diferente a la que lo había hecho hasta entonces. Esta lava, además, es mucho más líquida que la que emanaba en sus primeras semanas de vida –provienen de un reservorio magmático más profundo–, por lo que también ha corrido ladera abajo con una velocidad mucho mayor.

Un total de 287 vecinos de las zonas afectadas se encuentran en el hotel de Fuencaliente. El resto de los 6.400 evacuados se encuentra en otras residencias o casas de allegados.

Tal es así que en las últimas 24 horas, según los datos proporcionados por el satélite Copernicus en la mañana de ayer, destruyó 90 edificios y sepultó 24 hectáreas más. Esto supone que, desde que entró en erupción, el volcán ha destruido un total de 1.548 edificios y ha dejado otros 86 en un estado grave. Asimismo, ha arrasado 674 hectáreas.

La Dirección General de Catastro contabiliza, por su parte, un total de 992 edificaciones afectadas, de las que 809 son viviendas, 95 cuartos de aperos, 47 edificaciones industriales, 22 centros de restauración y ocio y 8 instalaciones de uso público. Las coladas de lava están afectando a tres municipios: El Paso, Los Llanos de Aridane y Tazacorte. No obstante, el que se ha llevado la peor parte, en daños materiales, ha sido Los Llanos. La lava ha sepultado más de 637 edificios de todo tipo en este municipio. Le siguen los destrozos en El Paso que suma 226 edificaciones afectadas y Tazacorte, con 120. En cuanto a la superficie de cultivos, se superan ya las 179 hectáreas arrasadas. De ellas, 92,97 son plataneras, 50,17 hectáreas son de viñas y 12,21 de aguacates, entre otros cultivos. Las carreteras se han visto afectadas hasta el momento en 43.185 metros de los cuales el 65% corresponde a Los Llanos, 20% corresponde al municipio de El Paso y 14,68% a Tazacorte.

La superficie de cultivos afectada asciende a 179 hectáreas, más de un cuarto de la superficie total arrasada por las coladas de lava (26%). La mayor parte son plataneras.

La calidad del aire empeorará

Mientras tanto, crece la preocupación por la calidad del aire cercana al cono, pues puede provocar, de nuevo, el confinamiento domiciliario de los habitantes de las zonas colindantes al volcán. Cuando la altura de la columna de cenizas y gases alcanza los 2.600 metros –un poco menor que en otras ocasiones– la situación meteorológica, con vientos en altura, ha mejorado la calidad del aire en La Palma. Esto ocurre porque el viento traslada el penacho hacia el oeste.

Gracias a este cambio en la dirección del viento, el aeropuerto de la isla, situado en el este, ha podido operar con cierta tranquilidad. Sin embargo, María José Blanco, la directora del Instituto Geográfico Nacional (IGN) advirtió que esto puede cambiar en las próximas horas. Y es que, la isla, como el resto del Archipiélago, vivirá una nueva intrusión de aire sahariano que evitará que las partículas nocivas se dispersen. Por ende, se espera un empeoramiento de la calidad del aire, que en estos días ha estado por debajo de los límites impuestos por la legislación actual. De ahí que los expertos insistan en la necesidad de que la población use mascarillas FFP2 en determinadas zonas más afectadas, como Los Llanos de Aridane.

La lava ha sepultado hasta el momento 43.185 metros de carretera. Una gran parte son metros de la carretera principal la LP-2, de la que la lava ha arrasado 1.842 metros.

La colada de lava del volcán de La Palma se desborda en su cono principal Agencia ATLAS / EFE