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ERUPCIÓN EN LA PALMA | Afección en la costa

La fajana del volcán en erupción en La Palma rompe la ola de Los Guirres

Era una de esos espacios reconocido y valorado por los surferos, una playa recorrida por un extenso arrecife que ofrecía una sucesión de picos a diferentes distancias

La lava del Cumbre Vieja llega al mar por la playa de los Guirres Agencia ATLAS / EFE

Aquella noche del 30 de septiembre, la colada de lava, siempre caprichosa, eligió encontrarse con la mar en la costa del Perdido. El incandescente aluvión se lanzó desde el acantilado y fue creciendo hasta sepultar la playa de Los Guirres, uno de los espacios mas populares para la práctica del surf y el snowboard, considerada una instalación deportiva natural, tal y como así queda recogido en la Ley Canaria del Deporte.


Los científicos señalaban la playa de Los Guirres, en la costa del municipio de Tazacorte, como el punto donde con mayor probabilidad la lava se encontraría con la mar. Pero la colada, siempre caprichosa, eligió para ese particular encuentro la costa del Perdido, unas brazadas más al norte. Desde entonces, la fajana no ha parado de crecer, amenazando colapsarse. Ahora, dos nuevos ríos incandescentes se asoman a la orilla. Uno por aquella isla baja que en 1949 creó el volcán de San Juan y que parece aletargado; el otro, más al norte, fluyendo sin pausa.

Los Guirres era una de esas playas que contaba con una popular zona habilitada para la práctica del surf y el snowboard, y estaba considerada como una instalación deportiva natural, tal y como así queda recogido en la Ley del Canaria del Deporte.

Ramón Lobo, presidente de la Federación de Surf de Canarias, señala que se trataba de un espacio «reconocido y valorado», no sólo por los surfistas palmeros, sino por los de otras islas y también foráneos, hasta el punto que acogió durante años diversas pruebas del campeonato de Canarias.

«Las zonas para practicar surf se están perdiendo, por causas naturales o por la acción humana»

Ramón Lobo - Pte. Federación Canaria de Surf

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En el argot de estos jinetes de la mar, Los Guirres, recorrida por un extenso arrecife, ofrecía al surfero «distintos picos a diferentes distancias», creando «una ola mágica» que algunos consideraban única en la Isla. Por su localización, en la banda occidental, estaba protegida de los alisios y abrigada por la vecindad del acantilado. «Las marejadas de invierno, de oeste a noroeste, la convertían en un escenario único, especialmente desde septiembre hasta abril», subraya Lobo, quien no duda en considerarla como «la playa perfecta para todo tipo de surfistas, por ser de aguas someras, con poca profundidad, y quizá por esa razón la lava se está depositando tan rápidamente sobre ella».

Lobo, que guarda unos recuerdos imborrables de este lugar, reconoce que debido sobre todo a la masificación «las zonas para la práctica del surf se están perdiendo, ya sea por causas naturales o por la intervención humana». Con todo, confía en que vez la naturaleza termine de modelar la costa a su antojo, «pueda romper alguna ola», acaso similar a la que recorre el islote de Lobos, la más larga de Canarias. Así, mete la mano en el agua y la esperanza lo mantiene.

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