La Palma despertó ayer con un nuevo bofetón, el enésimo, del volcán de Cumbre Vieja que ya cumple 23 días escupiendo lava casi sin cesar. Los primeros rayos del sol dieron paso a un paisaje desolador con un doble frente de lava, ambas derivadas de la fractura ocurrida la madrugada del pasado sábado en el norte del cráter, que entre el mediodía del sábado y las dos de la tarde de ayer avanzó dos kilómetros y medio, sepultando tras de sí gran parte del polígono industrial de Los Llanos de Aridane, y los barrios de El Callejón de La Gata y las pocas casas que habían quedado en pie en Todoque, que ayer cumplía dos semanas desde que sus vecinos veían cómo su iglesia era engullida por el material volcánica. Una de las dos colada se desvió entre las montaña de Todoque y La Laguna con dirección al mar, aunque, al cierre de esta edición, se había ralentizado notablemente y se situaba a medio kilómetro del acantilado. La previsión es que durante las próximas horas continúe su camino hasta dar con el agua generando así la segunda de las fajanas, esta vez a la altura de Los Celemines Viejos y a unos 600 metros al norte del delta de la playa del Guirre.

La virulencia de las explosiones que hicieron temblar los edificios del Valle de Aridane, acompañadas de un río de piedras incandescente que se bifurcaba en varios ramales, barruntaban una madrugada complicada. En el barrio de La Laguna, algunos vecinos se mantenían en vela sobre las aceras de la carretera para seguir la evolución de un volcán que, en mayor o menor medida, ha trastocado su rutina diaria. Sobre las tres de la madrugada, un hombre de mediana edad sentado en la zona de carga de una furgoneta pick-up recibía la noticia de que la lava se encontraba en las puertas del Punto Limpio de Los Llanos de Aridane, arrasando tras de sí con gran parte del Polígono Industrial de El Callejón de La Gata. El barrio que recibe este mismo nombre había corrido la misma suerte: la colada que desde hace más de diez días había dado una larga tregua a una treinta de viviendas se había reactivado y sepultaba prácticamente todas las casas construidas a ambos márgenes de la carretera comarcal. Esta misma lengua, a esa hora, engullía la farmacia de Todoque y caminaba con dirección al mar. «Ahí está mi casa», señalaba apesadumbrado este vecino. «Si es que no puedo hacer nada, si fuera un incendio podría intentar apagarlo con una manguera, pero contra esto no podemos hacer nada», añadía para hacer ver que este fenómeno de la naturaleza es imparable.

Vecinos de La Laguna deciden abandonar sus casas por la presencia de olor a azufre

A lo lejos, sobre la cumbre, el volcán escupía sin descanso material magmático que con sus hileras pintaban el cielo de naranja a lo largo de los más de cuatro kilómetros de longitud de la nueva colada norte. El desastre que estaba generando tras de sí no sería visible hasta el amanecer, cuando con la luz natural La Palma comprobó de primeras que Todoque había sido borrado del mapa. Si la anterior colada se llevó hace dos semanas prácticamente la mitad del barrio, la formada durante los dos últimos días terminó de enterrar el barrio. Asimismo, vieron cómo la otra colada situada más al norte también había destruido gran parte de la zona industrial y con ello amenazaba nuevas zonas habitadas como Los Campitos.

El rápido avance del volcán también abría una nueva vía de escape de la colada, que se introdujo por la vaguada situada entre las montañas de Todoque y La Laguna. A mediodía, enormes rocas caminaban sin oposición a un ritmo de más de 50 metros por hora con dirección al mar, llevándose por delante decenas de plantaciones de plataneras y algunas viviendas en Cabrejas. La previsión apuntaba a que durante la tarde se iba a producir una nueva fajana con su llegada al mar. En cambio, la lava paró bruscamente su avance y al cierre de esta edición se encontraba a unos 500 metros del acantilado, en la zona de Los Celemines Viejos.

Un fuerte olor a azufre llegó con esta lengua a las viviendas más próximas del barrio de La Laguna. Ya durante la mañana, decenas de personas de la zona cargaban en camiones muebles, ropa y demás enseres como medida preventiva. «¿Tú que crees que va a pasar?», preguntaba un señor a todo aquel que pasaba a su lado mientras ayudaba a su hermano a rebosar de ropa el pequeño Seat Marbella con el que ya habían hecho tres viajes desde el Camino La Aldea. Ante la posible presencia de gases –la lava camina en estos momentos a un kilómetro de distancia de este pago–, ambos decidieron abandonar la casa.

La erupción en La Palma, la más monitorizada de la historia vulcanológica en España Agencia ATLAS | Foto: EFE

José María Brito, de este mismo camino, prefería esperar a ver cómo avanzaba el volcán. El alcalde de El Paso, Sergio Rodríguez, le recomendaba que al menos tuviera algo de ropa ya empaquetada ante una posible evacuación. «De momento me voy a quedar», le señala, al mismo tiempo que le apuntaba que lo tenía «todo preparado» por si tenía que abandonar su casa terrera situada en las faldas de la cara norte de la montaña de La Laguna. Brito apuntaba que también tenía una casa en El Paso donde poder pasar los días que sean si finalmente es desalojada de su domicilio.

Tanto Brito como Rafael Díaz, uno de sus vecinos, recordaban la noche que había pasado, «una de las peores desde que empezó el volcán», indicaba ella. «No creo que fuera la peor, fue una noche más», decía por su parte Díaz, quien detallaba que las explosiones hacían «vibrar los cimientos, las puertas, los cristales, vibraba todo» pese a que la boca principal de lava se sitúa a unos 4 kilómetros de distancia en línea recta de su casa. Lo mismo ocurría en Los Llanos y El Paso, los dos principales núcleos de población del Valle de Aridane, donde los vecinos durmieron con el rugido incesante del volcán que, por momentos, se confundían con movimientos sísmicos por su potencia. No obstante, durante los dos últimos días se han registrado 214 terremotos en la zona afectada por la reactivación volcánica de Cumbre Vieja, de los que 19 han sido sentidos por la población, según informó ayer el Instituto Geográfico Nacional (IGN).

El material volcánico avanza más de dos kilómetros en 26 horas y se sitúa a 500 metros del agua

Dos nuevos frentes

El avance de los dos nuevos frentes también ha ampliado la superficie afectada hasta las 525 hectáreas, 28 más que el pasado sábado, y la anchura máxima de la colada del volcán de Cumbre Vieja alcanzó en la jornada de ayer los 1.520 metros, como indicaron Miguel Ángel Morcuende, director técnico del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca), y María José Blanco, directora del IGN en Canarias. En cuanto a los datos de edificaciones afectadas, estos no fueron actualizado y se mantienen en 1.281, de las que 1.186 han sido destruidas.