Ceniza, polvo, dióxido de azufre, monóxido de carbono, dióxido de carbono, flúor, arsénico… Un volcán en erupción como el de Cumbre Vieja, en La Palma, no es solo un fenómeno embaucador y destructivo, también acarrea daños serios para la salud de la población. Los intensos rugidos que emanan del volcán están acompañados de una nube de gran tamaño, que ya alcanza los 3.000 metros de altura, donde está depositando todos los gases que emanan de estas reacciones químicas. De todos ellos, el que más preocupa es el azufre, pues cada día emite entre 6.140 y 11.500 tonelada y, al haber alcanzado esta altura, está llegando a la «circulación general de la atmósfera», como señala el delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Canarias. De esta manera, el dióxido de azufre a partir de ahora viajará por Canarias, parte de África (Marruecos y Túnez) y todo el mediterráneo, incluidas las comunidades de Andalucía, Murcia, Valencia y Cataluña y hasta Francia, Italia, Argelia y Libia a una altura de 5 kilómetros.

El riesgo que esta deposición de gases puede tener a posteriori para la población, sin embargo, es muy baja. Cabe recordar que «la atmósfera usualmente contiene emisiones de dióxido de azufre de forma antropogénica». Suárez insiste en que existen muy bajas probabilidades de que, debido a esta inyección de gases, se produzca una lluvia ácida. Y es que se deben dar una serie de condiciones concretas para que ocurra este fatal desenlace. Por una parte, las nubes que transportan la lluvia deberían estar a la misma altura que los gases, cosa que no está ocurriendo al menos en este momento. «En Canarias el estratocúmulo que nos está dejando ciertos chubascos en algunas zonas está por debajo de la capa de gases», indica Suárez. Por otro lado, para que esto suceda, es esencial que la concentración de azufre sea muy alta, tanto como para cambiar el ph del agua. «Si no se produce la reacción química o lo hace en muy bajas concentraciones no ocurrirá», insiste el delegado autonómico. Si dado el momento esto ocurriera, todavía tendría que llover fuerte para que se pudiera ver la peor cara de este fenómeno: los daños a ecosistemas enteros.

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La ceniza del volcán de La Palma cubre las calles

Aún viendo de cerca las cenizas o los gases que emanan del volcán son decenas de curiosos los que están intentando acercarse lo máximo posible al cono volcánico para verlo de cerca. Otras personas, en un último esfuerzo por salvar sus enseres, sustento económico y recuerdos de una vida, se topan con la amenaza de una colada de lava a pocos metros de distancia. Pero sea por una razón o por otra, la realidad es que la exposición es igual de nociva para las vías respiratorias y sus consecuencias pueden ir desde un pequeño dolor de garganta hasta tener que acudir a urgencias por ser incapaz de respirar con normalidad.

Como explica Carlos Cabrera, neumólogo del Hospital Doctor Negrín, una sola y corta exposición puede tener efectos inmediatos. «Estos compuestos son todos irritantes de las vías respiratorias», señala el especialista, que insiste en que las consecuencias pueden ir desde sufrir un leve dolor de garganta o picor en los ojos, hasta sufrir una pseudoasma, con ruidos respiratorios y problemas para respirar. Este tipo de cuadros clínicos suelen ser agudos –es decir, no se mantienen demasiado en el tiempo– y, por el momento, según los datos proporcionados por la Consejería de Sanidad, las consultas por este motivo no se han incrementado en La Palma, aunque sí por cuadros de ansiedad.

La inhalación continuada a estos gases, sin embargo, sí puede acarrear problemas de salud crónicos, especialmente en personas con problemas cardiovasculares de base –quienes pueden desarrollar crisis asmáticas y EPOC–, pero también en aquellas personas sanas. «Estas sustancias son irritantes indirectos que provocan una inflamación en el árbol bronquial, estrechando las vías aéreas», relata Cabrera.

El neumólogo insiste en que estos riesgos se reducen tanto con la menor exposición como si se utiliza la protección adecuada. En este sentido, según la Red Internacional de Peligros para la Salud Volcánica (IVHHN, por sus siglas en inglés), lo más adecuado para reducir la exposición a las cenizas y a los gases, en caso de tener que acercarse a los puntos calientes del volcán, es utilizar mascarilla. La protección respiratoria más efectiva para adultos es usar una mascarilla FFP2 bien ajustada. Recordando, además, que pasado un tiempo, la protección que confieren es mucho menor o incluso nula. Otro tipo de mascarillas, como las quirúrgicas o las higiénicas, pueden no adaptarse bien a la cara y, por tanto, no cumplir su función.

Riesgos de la ceniza y los gases emitidos por un volcán para la salud. E. D.