Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El papa León XIV en La Laguna: la mañana en la que Aguere tocó el cielo

Más de 20.000 personas acuden al encuentro del pontífice en un casco histórico primero sitiado y después sorprendentemente abierto

Multitudinaria acogida al papa León XIV en su paseo por La Laguna.

Domingo Ramos

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
La Laguna

Y el vehículo papal empezó a avanzar por la calle Viana. Ni rápido ni lento. Cadencioso. Sin ningún tipo de cubierta. A su derecha, varios miles de personas. En las azoteas y balcones, más espectadores. Eran las 11:38 horas de una mañana soleada y de cielo limpio. El papa León XIV de pie, saludando, sonriente. Todo con ese halo casi cinematográfico que la Iglesia es experta en crear. Historia en directo. Pero no una historia pequeña y efímera, sino de esa otra que aparecerá en los libros. Era como si la Aguere episcopal, la de las procesiones, la que vive la tradición como un asunto de Estado, hubiese tocado el techo (o el cielo, mejor dicho) que sus vecinos más castizos siempre soñaron. ¡¿Qué más se puede pedir que la visita de un papa?!

«Extraordinario», «un lujo», «un privilegio» o «un auténtico orgullo» fueron algunas de las reacciones a bote pronto, todavía con la emoción en el cuerpo, que verbalizó este viernes un grupo de espectadores que siguió el desfile desde una vivienda de la calle Anchieta. No se esperaban ver al obispo de Roma tan cerca ni tampoco que se parase justo delante del inmueble en el que se encontraban. Ocurrió durante el recorrido del pontífice desde la plaza del Cristo hacia el número 28 de la calle San Agustín, la Casa Salazar, sede del Obispado de Tenerife.

Madrugones

La jornada había comenzado mucho antes. Madrugones, retoques de limpieza en las calles y preparativos de seguridad desde muy temprano. Prueba de ello es que los alrededor de 80 agentes desplegados por la Policía Local de La Laguna fueron convocados a las 5:00 horas para recibir las últimas indicaciones en la Jefatura de la calle Consistorio. «El punto más potente es la seguridad vial dentro del casco», explicó el subcomisario-jefe, Jesús González, sobre las funciones que asumiría el cuerpo. Fue a las 6:00 horas, en el momento en que se cortó el tráfico y se estableció el perímetro de seguridad, cuando el centro quedó sitiado.

Historias de toda clase entre quienes trataban de encontrar una buena ubicación para presenciar la primera visita de un papa a Canarias. Había gente con sillas de playa que intentaba llegar a la mismísima plaza del Cristo sin ningún tipo de acreditación y quienes confiaban en que accederían por el mero hecho de plantarse en las zonas en las que estaba cortado el tránsito. Y, en realidad, no iban del todo desencaminados... Uno de ellos era Santiago Rodríguez, que se desplazó desde el municipio norteño de La Orotava. «De aquí no me muevo», resolvió. «Salí a las cuatro de la mañana de mi casa; esto pasa una vez y había que venir», sostuvo este tinerfeño de 58 años en el cruce de Bencomo con Tabares de Cala.

Perímetro de seguridad

Aquel era uno de los puntos en que furgones del Cuerpo Nacional de Policía establecían unos límites que no se iban a poder franquear (o eso era lo que se suponía). Se trataba del perímetro de seguridad, la zona crítica. Imposible avanzar más allá de tramos de Nava y Grimón –la popular calle del Agua– ni de Bencomo. Tampoco se podía bajar de Juan de Vera hacia San Agustín, ni de Tabares de Cala hacia Anchieta, ni de Tabares de Cala hacia Cabrera Pinto. Cerrojazo a la ciudad. Y, a todas estas, el Papa ni había despegado de Gran Canaria.

La previsión era que a la calle Viana accediesen únicamente personas con discapacidades o problemas de movilidad. Estas entrarían a través del check point de Nava y Grimón, el mismo por el que también pasarían a la zona acotada los espectadores del acto con migrantes de la plaza del Cristo. Entre los primeros en tomar posiciones, un grupo de monjas que se situaron en las proximidades del convento de Las Claras antes de las 8:00. Le echaron valor... porque a esa hora, y aunque no hacía frío como tal, sí que el fresco de la noche todavía flotaba en la atmósfera lagunera. «No podéis estar deambulando por aquí», llegaron a decir los agentes a algún vecino en aplicación de unas medidas de seguridad que parecían de lo más estrictas. Otros entraban al perímetro a cuentagotas. A tal punto llegó la cosa que hubo residentes que no pudieron dejar pasar a familiares y amigos que habían invitado a sus casas.

Suenan las campanas

León XIV despegó de Gran Canaria a las 8:58 horas y, en apenas 18 minutos, a las 9:16, el avión de la aerolínea Iberia que lo trasladó hasta el Aeropuerto de Tenerife Norte-Ciudad de La Laguna ya había tomado tierra. Sonaron las campanas en señal de júbilo. En la puerta delantera de la aeronave, por la que descendió el Papa, se habilitó una alfombra de enormes dimensiones. Le esperaban allí, entre otros, el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo (CC), y el alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez (PSOE). El primero le besó la mano y el segundo se la estrechó.

Y seguían accediendo poco a poco personas al perímetro de seguridad del casco: unos lo hacían debidamente acreditados y otros pasaban a las viviendas con un criterio tan cambiante que desconcertaba. Y, de pronto, y cuando ya el Papa se encontraba en Las Raíces, la marabunta. Vía libre para que accediese a las calles Viana y San Agustín quien quisiera ante una mezcla de estupefacción y disgusto de los vecinos que habían mandado a invitados de vuelta a sus casas.

Camino de Las Peras

León XIV entró a la ciudad por la Vía de Ronda, el camino de Las Peras, Concepción Salazar y La Rúa. Baño de masas en la plaza del Cristo en el encuentro con migrantes. Le seguiría el paseo por el centro, el momento cumbre. Esta crónica se titula La mañana en la que Aguere tocó el cielo como también podría llevar por título Una mañana en una azotea. La amabilidad de una familia lagunera permitió a este periódico seguir el recorrido del pontífice desde un mirador privilegiado. Más allá de religiones y creencias, la imagen fue histórica.

Hacía más de una hora que el sol pegaba con intensidad. Los espectadores se protegían con gorras, sombreros, abanicos y todo lo que tuviesen a mano. Mejor eso que un fatigón. Y sí, también las religiosas madrugadoras aguantaban estoicamente. Cuatro filas de personas aguardaban el saludo de León XIV. Perfiles para todos los gustos, desde el que acudió movido por la fe hasta el que lo hizo por novelería, desde el que acompañaba a algún familiar al que buscaba una buena story para Instagram. Difícil imaginar otro personaje capaz de atraer a un público tan heterogéneo.

«Un privilegio»

El pontífice fue avanzando en el golfcar que le habilitaron en el Real Club de Golf de Tenerife, en Tacoronte. Era un carricoche mínimo que le permitía estar a apenas metro y medio del público. «Ha sido un lujo y un privilegio poderlo ver a tan poca distancia; no me lo esperaba ni tan cerca ni que fuera a pararse», expresó Marián Abreu, que seguía desde allí el desfile. Jonatán Díaz coincidía en el término: «Hemos tenido el privilegio de ser parte del camino de Su Santidad». «Como lagunero ha sido un auténtico orgullo haber podido participar en directo en el acogimiento al Santo Padre, un día histórico para La Laguna. No esperaba poderlo disfrutar tan cerca, como me han permitido estos amigos laguneros», manifestó Francisco Aledo. El propietario de la vivienda, un lagunero discreto y poco amigo de convertirse en el centro de atención, lo resumió todo en una palabra: «Extraordinario».

Música en vivo en la plaza del Cristo por la visita del papa León XIV

Arturo Jiménez

El Papa hizo parada en el Obispado. Subió al balcón y, cuando nadie lo esperaba, se dirigió a quienes estaban en el exterior. En total, y según las cifras aportadas por el Ayuntamiento de La Laguna, en el recorrido se dieron cita más de 20.000 personas. Salió después a la calle. Un grupo de niños le entregó unas flores y caminó unos metros hacia el público. Una de las anécdotas de la mañana la dejó el momento en que se iba a subir al vehículo que lo llevaría a la capital, este se movió y pareció que lo iba a dejar en tierra. León XIV se quedó con cara de ¿y esto qué es? La comitiva, ya motorizada, continuó por San Agustín y giró a la derecha en Juan de Vera. La Laguna le había pasado el testigo a Santa Cruz. El público se fue disolviendo. La ciudad volvía a sus cosas más cotidianas.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents