Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Sor María Cleofé López: una vida de clausura en el convento de Santa Catalina

La priora nació en Moya, se formó desde los quince años para ser monja y ha permanecido en este monasterio de La Laguna 63 de sus 82 años

Sor María Cleofé López, en el convento de Santa Catalina.

Sor María Cleofé López, en el convento de Santa Catalina. / María Pisaca

La Laguna

La actividad comienza en el convento de Santa Catalina de Siena a las seis y media de la mañana. A esa hora suena el despertador. Las siete religiosas de la orden dominica que allí residen en régimen de clausura deben estar 30 minutos después en el coro para realizar el primer rezo de la jornada. Vendrán después otras oraciones y tareas que se repiten cada día. Esa es la vida que ha llevado durante 63 de sus 82 años sor María Cleofé López, la priora de este monasterio de La Laguna.

López nació en el municipio grancanario de Moya, «de donde son los bizcochos y los suspiros», apostilla. Su padre era maestro de obra y de su madre destaca sus profundas convicciones religiosas, que «no se acostaba nunca sin rezar el rosario» y que la llevaba «pequeñita» a la iglesia. Así rememora aquellos días de infancia por las calles del casco moyense –«que no ha cambiado nada», afirma– y por unos barrios que considera irreconocibles tras el paso del tiempo.

Ella heredó una fe que la llevó a formarse desde los quince años para ser monja. Fue a los 18 cuando viajó a Madrid para completar su preparación. Finalizada aquella etapa, estuvo a punto de recalar en Sudamérica. «La madre general quería mandarme para Venezuela», relata. Pero el destino la trajo hasta La Laguna. Y en Aguere se quedó. Corría 1963, y precisamente 63 años son los que ha permanecido intramuros.

Miles de personas

Hasta este monasterio acudirán este domingo miles de personas. Cada 15 de febrero, así como el domingo siguiente, se abre el sarcófago en el que se conserva el cuerpo incorrupto de Sor María de Jesús, la monja conocida popularmente como la Siervita y a la que se le atribuyen milagros. Su figura es imán de fe y también marca el pulso en el convento. «Dejó siempre en vida una estela de santidad y, después de su muerte, esto ha seguido y llegado hasta nuestros días», indica sor María Cleofé.

El 15 de febrero, aniversario del fallecimiento de la Siervita, es una fecha señalada y de ajetreo para esta comunidad de monjas. El resto del año transcurre a otro ritmo y ajeno al bullicio de la ciudad. Bastan los primeros pasos en el convento para comprobarlo. Es también un viaje a otro tiempo. ‘Locutorio’, ‘Torno’, ‘Museo’ y ‘Recuerdos’, se lee en cuatro carteles que dan acceso a otras tantas estancias desde el patio más próximo a la calle Deán Palahí. La piedra, la madera, el frío y el musgo marcan el espacio.

Sor María Cleofé explica que a la primera oración de la mañana le siguen las denominadas ‘laudes’ y ‘tercia’, la eucaristía y el desayuno. Después, cada hermana atiende su tarea. «Está todo muy organizado; cada una tiene su parcela, cada una sabe lo que tiene que hacer», asevera la priora. La comunidad del convento de Santa Catalina elaboró durante años dulces, bordados y trabajos artesanales. En cambio, este domingo se centran en pequeños objetos devocionales como escapularios y pulseras.

Siete monjas

El cambio de actividad responde a que cada vez son menos. Y es que ni el auge de la espiritualidad que parece estarse produciendo en los últimos años ha contribuido a la llegada de nuevas religiosas. Las apenas siete que hoy forman la comunidad contrastan con la treintena que llegaron a ser cuando ingresó allí sor María Cleofé. «Hay una escasez tremenda», lamenta. Actualmente son dos africanas, una peruana y varias canarias. Alguna joven está en el denominado ‘período de experiencia’. «Hay mucho tiempo de prueba», detalla.

Llegado el mediodía, más oraciones. Tocan entonces las llamadas ‘sexta’ y ‘nona’. Almuerzan, descansan una hora y retoman el trabajo. «Lo importante de nuestra actividad es rezar, y no solamente por nosotras, sino por todos los que no pueden o no tienen tiempo», afirma. «Salimos lo necesario: al médico, al supermercado, a hacer gestiones...», describe sobre las características del régimen de clausura en el que viven. Sorprende sor María Cleofé cuando se refiere al contacto que a sus 82 años mantiene con la tecnología. Usa WhatsApp (aunque admite que le cuesta leer los mensajes demasiado extensos), internet e, incluso, la aplicación de diseño Canva.

¿Y cómo ve la fe ahora mismo? «De la fe muchas veces no cogemos sino lo que nos gusta, lo que nos viene bien; pero olvidamos la misericordia, la compasión o el perdón», reflexiona la priora. «Creemos en Dios, pero hay que amar al próximo», considera. Y prosigue: «Creer en Dios no es muy difícil porque puede ser de boquilla, pero la fe sin obra no sirve para nada; no hay que dejar a un hermano necesitado de una palabra, de una acogida, de un plato de comida».

No se queja de la vida de monasterio en la que ha permanecido durante casi 70 años entre los periodos formativos y en el convento de Santa Catalina. Al contrario, afirma que ha sido feliz. «Dificultades hay en todos los sitios. Mientras vamos de camino nos encontramos piedras, pero hay que seguir adelante hasta llegar a la fuente», expresa.

Visitas y promesas a Sor María de Jesús desde las 6:00 horas

El convento de Santa Catalina de Siena vivirá este domingo una jornada cargada de sentimiento y devoción con motivo del 295 aniversario del fallecimiento de Sor María de Jesús, la monja conocida como la Siervita y cuyo cuerpo incorrupto se conserva en un sarcófago de este monasterio lagunero. Miles de personas se acercarán a este recinto para venerar a la religiosa.

Las visitas a la Siervita se podrán realizar tanto este domingo como el 22 de febrero. La apertura de este domingo está prevista entre las 6:00 y las 20:30 horas (con la salvedad de que de 7:00 a 8:00 habrá una celebración eucarística), mientras que el 22 será de 7:00 a 20:30 horas, informa el Obispado en su página web. La misa de las 7:00 horas estará presidida por el obispo de Tenerife, Eloy Alberto Santiago. Por su parte, la tradicional ofrenda floral de los ayuntamientos de La Laguna y El Sauzal tendrá lugar a las 17:00.

El alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, subraya «el gran significado que tiene este acto para el municipio». Y añade: «Todos los años atrae desde primera hora de la mañana a numerosos fieles llegados de distintos puntos de la Isla y de otros rincones del mundo, que desean ser los primeros en visitar el cuerpo incorrupto de Sor María de Jesús y rendirle un respetuoso culto».

Sor María de Jesús, a la que se le atribuyen milagros, nació en el municipio de El Sauzal, en 1643, y se trasladó muy pronto a La Laguna, tras el fallecimiento de sus padres, donde ingresó en el convento de Santa Catalina de Siena. Allí permaneció y desarrolló una destacada labor religiosa hasta su fallecimiento, en 1731, a los 88 años.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents