La presión de los alquileres altos y las franquicias asfixian al comercio local de La Laguna
Los cierres de tiendas tradicionales se suceden en el casco por el encarecimiento de los locales, la competencia de multinacionales y los nuevos hábitos de consumo

Peba y Corto Maltese, en la calle de La Carrera. / Arturo Jiménez
A un lado, Corto Maltese, una tienda de moda femenina con casi dos décadas de trayectoria; al otro, Peba, una librería-papelería que se había ganado un lugar en el casco histórico. Ambas desarrollaban su actividad en la céntrica calle de La Carrera, en La Laguna, y hoy tienen la reja bajada. No son una excepción. En las vías principales de la ciudad se contabilizan una veintena de negocios en las mismas circunstancias. El fenómeno se ha acelerado en los últimos meses y ha hecho saltar las alarmas. Comerciantes, Ayuntamiento y otros actores analizan que de fondo no hay un motivo único, sino que se cruzan la competencia de las franquicias y grandes superficies, la pujanza del comercio online, el precio de los alquileres, la falta de relevo generacional en algunas empresas, los problemas para aparcar....
El propietario de Corto Maltese, Alejandro Paños, tiene con este asunto la sensibilidad de quien lo ha vivido en carne propia. Recientemente realizó una publicación en Facebook en la que recopiló locales comerciales cerrados o en proceso de cierre. Según la relación de establecimientos y fotografías que elaboró, solo en la calle Herradores han bajado la persiana negocios tan diversos como El Aderno, Benetton, Joyería Florencio Manuel, Mui Mia, Deportes Base, Almacenes Herreros, Ferretería López... Fabulosa es el último que se ha sumado a la lista.
Las tiendas del párrafo anterior mantienen en común que su cierre no ha sido seguido por una apertura. El listado se incrementa notablemente si se incorporan los casos de sucesión de negocios. Bien conoce esos detalles el presidente de la Asociación de Vecinos Casco Histórico, Pablo Reyes. Camina calle de La Carrera arriba y va relatando historias de locales en reforma, espacios vacíos o tiendas que cambiaron de mano varias veces sin llegar a consolidarse. «Se está viendo que vamos hacia un casco histórico de restauración y en el que cada vez viven menos vecinos», lamenta.
Franquicias
Reyes considera que el elemento principal es la expansión de las franquicias. «¿Que es verdad que dan trabajo? Yo no digo que no, pero también es cierto que destruyen al pequeño comercio», expresa. La presión de las grandes superficies, la competencia del comercio oriental «que vende de todo», el auge de la vertiente online y el encarecimiento de los alquileres son otros elementos que pone sobre la mesa. «¿Quién puede pagar un local caro en el centro? Las grandes franquicias», sostiene este maestro jubilado.
Se está viendo que vamos hacia un casco histórico de restauración y en el que cada vez viven menos vecinos
Hay numerosos elementos que se escapan de las competencias del Ayuntamiento de La Laguna, pero, incluso así, el asunto no resulta del todo cómodo para el grupo de gobierno (PSOE-CC). Se han encadenado muchos cierres en poco tiempo y el problema rompe con el relato de La Laguna como ciudad próspera y feliz. La Concejalía de Comercio evita las declaraciones y los datos más concretos, y se queda en un comunicado. «El comercio, como cualquier sector económico, atraviesa un proceso de transformación que no es exclusivo de nuestro municipio, sino que responde a cambios estructurales en los hábitos de consumo en todo el mundo», argumenta.
En el análisis del consistorio también aparece el crecimiento del comercio electrónico y la proliferación de plataformas de bajo coste, que «han modificado significativamente los estilos de compra del consumidor, generando nuevos escenarios competitivos para el comercio tradicional». A ello se suman otros factores relevantes como «el incremento de costes fijos –suministros, cuotas y gastos estructurales– y la actualización de rentas en locales que durante años mantuvieron alquileres antiguos». Y añade sobre ese último aspecto: «En algunos casos, la revisión de estos contratos ha supuesto un aumento considerable que dificulta la continuidad de determinados negocios».
Jubilaciones
Lo que le ocurrió a Alejandro Paños y Corto Maltese fue distinto. En su caso se vio abocado al cierre porque su local de la calle de La Carrera era alquilado y se encontraba en un edificio que fue puesto a la venta. Hoy sigue en otro establecimiento en Herradores. En cambio, otros comerciantes prefieren quedarse en el off the record por el sufrimiento que han llevado aparejados los cierres o por detalles empresariales que existen detrás. «Muchos comercios históricos se enfrentan a la jubilación de sus titulares sin que exista continuidad familiar o empresarial, lo que provoca cierres que no siempre responden a falta de actividad, sino a decisiones personales o vitales», plantea el Ayuntamiento.
Álvaro Santana Acuña es lagunero, historiador y sociólogo, y trabaja como profesor en los cursos de verano de la Universidad de Harvard y como docente de Sociología en el Whitman College, en Estados Unidos. Lleva años analizando la ciudad desde la distancia. Sobre este asunto, lo principal que destaca es que La Laguna «va camino de tener un centro histórico vaciado de comercio local». Y remarca: «La apertura y el cierre de comercios, como la vida de las personas, forma parte de un ciclo natural. Llegan unos y se van otros. Pero lo que sucede en el centro histórico de la Laguna no es un ciclo natural».
La apertura y cierre de comercios es un ciclo natural; lo que sucede en el centro de La Laguna, no
Santana apunta que desde que el centro fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999, en los primeros quince años, el número de franquicias se multiplicó por cinco y el pequeño comercio local de cercanía estaba «en franco retroceso». Además, opina que la ciudad antigua se convirtió entonces en una de las zonas de Canarias con mayor masificación de locales de restauración. «Estas tendencias no han hecho sino incrementarse en los últimos años, en especial después de la pandemia», completa. «Comercios locales de toda la vida, que durante décadas nunca habían tenido problemas para sobrevivir, son progresivamente expulsados del centro histórico por la sencilla pero inevitable razón de que no pueden pagar alquileres exorbitantes, solo al alcance de franquicias multinacionales y de restaurantes y tascas», mantiene.
Precios de los alquileres
Habla Santana de comercio local. Otro término válido para los negocios afectados es pequeño comercio. En cambio, comercio tradicional, en el sentido de antiguo, no se ajusta del todo al perfil de los negocios que han cerrado recientemente, a excepción de Casa Peter. Antes sí lo hicieron otros con mucha solera como Víveres Martín, Almacenes Herrero, Borrella o Gámez. Los que ahora se han despedido son establecimientos más contemporáneos. Algunos de ellos se han visto afectados por el precio de los alquileres, otro factor clave. El incremento de los arrendamientos tiene también un efecto en otra dirección: motiva cierres cuando el empresario es pequeño y también propietario del local. Hay comerciantes que optan por cerrar, alquilar y vivir con menos quebraderos de cabeza.
En diciembre de 2024, el Ayuntamiento de La Laguna aprobó un acuerdo plenario para tratar de ponerles coto a las franquicias. Aquel texto contemplaba realizar un «estudio jurídico detallado» con el objetivo de «evaluar el marco normativo aplicable y asegurar que las tasas propuestas se encuentren debidamente encuadradas conforme a la normativa vigente», así como que desde la Oficina de Gestión de la Ciudad Histórica se estudiase «la posibilidad de incluir en la tramitación de la revisión del Plan Especial de Protección del casco la implementación de medidas orientadas al control de la proliferación del comercio franquiciado». La medida parecía de difícil encaje legal y, de hecho, poco más se ha sabido desde entonces.
A elementos a tan gran escala e imparables como la irrupción del comercio electrónico se unen otros más locales. Desde uno de los establecimientos que han cerrado en los últimos tiempos señalan que el casco se ha ido convirtiendo cada vez más en un lugar de paso y en el que, adicionalmente, hay serias dificultades de aparcamiento.
Lectura positiva
El presidente de la Asociación Empresarial La Laguna Zona Comercial, Iván Pérez, tiene una perspectiva incluso más positiva que la del Ayuntamiento lagunero. «A lo mejor se han incrementado un poco los cierres porque la generación del baby boom se va a empezar a jubilar y muchos de ellos no quieren traspasar su negocio porque es como un hijo que han creado; pero creemos que la salud del comercio de La Laguna está garantizada y enseguida en los locales que han quedado libres se montará algo nuevo», manifiesta Pérez.
La salud del comercio está garantizada y en los locales libres pronto se montará algo nuevo
La Concejalía de Comercio, si bien admite los cierres, indica que han comenzado nuevas iniciativas empresariales. «Se están generando nuevas aperturas y proyectos emprendedores que apuestan por conceptos innovadores, especializados y adaptados a las nuevas demandas del mercado», asevera. También se refiere a otro factor fundamental. «Por mucho apoyo institucional que exista, si no hay consumo real en el pequeño comercio, no habrá supervivencia», sostiene. «La defensa del comercio local no puede quedarse únicamente en el discurso; requiere un compromiso activo por parte de la ciudadanía en sus decisiones de compra», expresa el consistorio.
¿Y se puede hacer algo más? Pablo Reyes y Álvaro Santana creen que hay margen normativo. «La clave para revertir este cambio pasa por suprimir el dañino y desfasado Plan Especial de Protección de 2005, pues lo que hace es facilitar la implantación de franquicias y de otro tipo de comercios que compiten en desigualdad de condiciones contra el comercio local», afirma el profesor universitario. Apuesta Santana por un plan especial de protección redactado con participación ciudadana y un «patronato autónomo y apolítico» de gestión del centro histórico que permita diseñar «un modelo más humano y vecinal de ciudad».

Fabulosa deja Aguere y pone rumbo a Santa Cruz
Todo era felicidad el día de la apertura. Meryem Assemlal vio en la calle Herradores, en pleno casco histórico de La Laguna, una oportunidad. Creyó que Fabulosa, el negocio que había iniciado en Santa Úrsula, correría la misma o mejor suerte en Aguere. Sin embargo, un año después, el balance es muy diferente al esperado. Tal es así que ha optado por bajar la persiana. Se marcha disgustada con la experiencia vivida y con una nueva apuesta empresarial en el horizonte: Santa Cruz.
Assemlal nació en Marruecos en una familia de comerciantes, se trasladó en 2006 a Tenerife, trabajó en varias tiendas y en 2018 puso en marcha en el Norte un establecimiento especializado en moda y complementos para bodas, comuniones y otros eventos. «En una feria, Fani [Estefanía Díaz Arias], la concejala de Comercio, me animó y me dijo que un negocio como el mío hacía falta en La Laguna», relata. Y se acabó lanzando a la aventura. El elevado coste del alquiler –2.600 euros al mes– y la obligación de adelantar el equivalente a seis mensualidades (mes en curso, gestoría y cuatro de fianza) marcaron los inicios. A pesar de los intentos por mantener el local abierto, las ventas nunca despegaron. «En un mes en La Laguna hacía lo que en un día en Santa Úrsula; las cifras no cuadraban y las pérdidas fueron importantes», indica. Según explica, a lo anterior se sumó que gran parte de las personas que recorren actualmente las calles laguneras son gente que está de paso, turistas y estudiantes universitarios con una limitada capacidad de consumo.
La empresaria también se queja de restricciones administrativas sobre el escaparate, el horario y la imagen del local. «Pagaba 2.600 euros y no tenía derecho ni a poner mi horario; me hicieron cambiar la carpintería varias veces y al final me exigían una reja antigua», añade. Además, y más allá de su caso personal, Meryem Assemlal considera que el pequeño comercio está desprotegido frente a las grandes plataformas online. «No quiero despedir a nadie; por eso cierro aquí y vuelvo a emprender allí», expresa sobre su nueva aventura empresarial en la capital. Pese al mal cuerpo con el que ha concluido su etapa lagunera, se muestra confiada en poder seguir en la Isla. «No quiero irme de este país. Mis hijos han nacido aquí y quiero luchar por mi negocio y por las familias que dependen de él», afirma.
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