Volar, mirar y escribir: la vida entre la aviación y los libros del lagunero José María García Maury
El piloto acumula horas de vuelo y experiencias en las compañías aéreas Air Atlantic, Futura y Binter. Su vida también gira en torno al casco histórico de La Laguna. En 2023 se lanzó a la publicación de libros con su autobiografía, a la que ahora sigue un nuevo trabajo editorial.

José María García Maury, en el parque de La Vega, en La Laguna. / María Pisaca
«Traffic, traffic», se escuchó en la cabina del avión. El piloto lagunero José María García Maury cubría aquella noche de hace unos 25 años la ruta entre Tenerife Sur y Santiago de Compostela para la extinta compañía de vuelos chárter Futura. Se encontraba ya en fase de aproximación cuando el Sistema de Alerta de Tráfico y Evasión de Colisión (TCAS, por sus siglas en inglés) comenzó a emitir avisos. Primero apareció un rombo vacío de bordes blancos: tráfico a distancia. Después, el mismo símbolo relleno. Nada extraordinario en zonas de alta densidad aérea. La inquietud surgió cuando se lo notificó a la torre de control y esta le respondió que no le constaba ninguna otra aeronave allí. Pero el sistema insistía y pasó al nivel siguiente: un círculo amarillo acompañado de la alerta sonora. «Ahí te está avisando de que ya está muy cerca o de que existen ciertos riesgos», explica García Maury.
La advertencia posterior es la última posible y exige la maniobra de evasión. Un cuadrado rojo. A un avión le ordena «climb» y al otro, «descend». Subir o bajar. «Salimos de nube, se veían todas las luces del suelo y unas luces blancas delante», recuerda. Fue justo en ese instante cuando saltó el aviso. «Todo sucedió en un momento», afirma. El TCAS ordenó «climb» al aparato que pilotaba. Pero no le dio tiempo ni fue necesario ejecutar la maniobra porque las luces desaparecieron repentinamente. ¿Qué fue lo que ocurrió? «No tengo ni idea», sintetiza sentado en un banco del parque de La Vega, en La Laguna, un martes cualquiera de enero.
La Laguna y la aviación
José María García Maury (La Laguna, 1965) relata una de las experiencias más intensas de su carrera profesional y repasa su trayectoria vital coincidiendo con la publicación de su segundo libro. García Maury tiene su historia. Ha vivido los ambientes más castizos del casco histórico lagunero y la aviación le ha permitido conocer mundo. La música, las conferencias que imparte y la fotografía eran sus aficiones culturales más destacadas hasta que hace unos años irrumpió con fuerza la escritura. Se lanzó al mundo editorial con una autobiografía, ‘Más allá de mi piel’, en la que pareció guardarse poco. Su nuevo trabajo se titula ‘Las dos gotas: un viaje hacia la totalidad’, de corte metafórico y reflexivo. Y anuncia más.
«Estudié en el Colegio Luther King, en el Instituto Cabrera Pinto y Filología Inglesa en la Universidad de La Laguna, y después estuve dando clases de inglés», enumera al referirse a la etapa previa a la aviación. Fue con 29 años cuando comenzó a volar. Su primera compañía fue Air Atlantic. «Hacíamos muchos vuelos nocturnos de carga y vuelos ambulancia, e íbamos a El Aaiún, Nuakchot, Nuadibú…», rememora. «Recuerdo que hicimos un vuelo de Gran Canaria a Isla de Sal, en Cabo Verde, y vuelta, para llevar una pieza de un motor de un barco que estaba averiado», ejemplifica.
Air Atlantic y Futura
José María voló dos años con Air Atlantic. Futura, en la que permaneció una década, hasta su cierre en 2008, fue su siguiente experiencia profesional. «Era una compañía extraordinaria. Se la conoció como la Iberia del chárter, porque fue la líder del sector europeo durante varios años», expresa. «Hacíamos vuelos a toda Europa, y llegué a ir a Tel Aviv. Hablo incluso de cruzar el Círculo Polar Ártico. Lo más al norte que llegué fue a Rovaniemi, en Finlandia. Volábamos mucho a los países nórdicos, haciendo vuelos hasta de siete horas directos desde Tenerife Sur», relata.
Responde afirmativamente cuando se le pregunta si lo mejor que le ha dejado la profesión aeronáutica es conocer mundo. «He estado en muchos lugares y con Futura tenía la oportunidad de patearlos. No era solo llegar al aeropuerto y ya está, sino convivir en esos sitios», añade. Guarda en la memoria rutas atravesando Centroeuropa en las que sobrevolaba los Alpes nevados. Sus lugares favoritos tras años de viajes son Islandia y sus géiseres, Menorca y su «encanto», y Dublín y la «naturalidad de su gente».
«Amo mi profesión»
Lo que ahora observa desde la ventanilla del avión son las Islas Canarias, el Archipiélago de Madeira y algunos países africanos. Trabaja desde 2016 en la compañía Binter y se declara afortunado por hacer lo que hace. «Yo siempre he sentido muchísima gratitud y alegría por dedicarme a esto», asegura. «Puedo decir, y lo digo sin ningún rubor, que soy feliz, que amo mi profesión y que disfruto cada día yendo a volar. Y, cuanto más vuelo, más me gusta», manifiesta.
«Volar, mirar y escribir». Así resume José María su vida. En ella también han tenido protagonismo las calles laguneras y sus tradiciones. Su familia se movía en el ámbito de la intrahistoria local y él acabó presidiendo la Esclavitud del Cristo de La Laguna y la Cofradía de la Misericordia. Es un mundo al que hoy mira con cierta distancia. «Me he alejado muchísimo de eso, pero no por enfado. Me parece gente estupenda. Lo que ocurre es que mis inquietudes personales van por otros derroteros. Mi vida resuena ahora de una manera completamente diferente», explica.
Lecturas de infancia
Dos regalos que recibió en aquella infancia de calles húmedas y entornos conservadores marcaron sus gustos futuros. Un equipaje del Atlético de Madrid lo convirtió en colchonero para siempre, mientras que las novelas ‘Sandokán’ y ‘El Corsario Negro’, de Emilio Salgari, fueron el germen de su afición lectora. «Esos libros me abrieron enormemente la imaginación y la fantasía», sostiene. «Era muy buen lector y sigo siéndolo. En otra época no lo percibía así, pero hoy puedo decir que siento todo lo que hay detrás de cada palabra y de cada página que llega a mis manos, independientemente de la materia», apunta.
Según señala, siempre tuvo inquietud por escribir y es un ejercicio con el que disfrutaba desde hace al menos 20 años. «Me gustaba hilar palabras y pensamientos, darles belleza», expone. «El primer libro, que fue mi autobiografía, surgió como una oportunidad inesperada», comenta. Lo editó Europa Ediciones. Ahora, tras meses de trabajo, ha visto la luz ‘Las dos gotas: un viaje hacia la totalidad’, disponible en Lemus, Agapea y por internet.
Su nuevo libro
¿Cómo le explicaría la obra a un lagunero que lo abordase en la calle de La Carrera y le preguntara por el libro? «Le diría que trata de cuando la vida te desmonta los planes, te deja un poco en pelotas y, aun así, descubres que no te estás cayendo, que hay algo sosteniéndote», plantea. «No es un libro de autoayuda; no tiene tintes religiosos; no hay dogmas, teorías ni instrucciones. Es más bien una conversación honesta contigo mismo. Lo lees y piensas: ‘No soy el único que se ha sentido así’», afirma. «Es un libro para cuando la vida te pone a prueba y te das cuenta de que incluso ahí sigues en pie», completa el autor.
«Ahora mismo mi proyecto principal es seguir viviendo y observando», indica José María García Maury sobre sus planes. «No tengo prisa por producir. Eso nunca me ha movido ni me interesa. Lo que quiero es entender, investigar, escuchar, equivocarme, sorprenderme… y después escribir», reflexiona. «No persigo metas fijas, persigo estar despierto; lo demás acaba llegando solo», mantiene.
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